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Jair Avalos | Corresponsal

En el poblado de Arbolillo, en Alvarado, las fosas están marcadas con cuatro varas y un hilo cáñamo que indica su perímetro. No hay indicio de cualquier trabajo de la policía científica o de ministeriales, como pueden y entienden llevan los restos encontrados por las madres de las personas desaparecidas en Veracruz hacia Xalapa para un registro fotográfico y su presentación en las oficinas centrales.

Durante tres años el colectivo solecito llevó las bitácoras de hallazgo en Colinas de Santa Fe. Los restos son clasificados por día y fosa, y en caso de que los restos aún tengan tejido, se le incluye en un catálogo para la identificación.

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Incertidumbre. Familiares solicitan acceso a la fosa de Arbolillo, en el municipio de Alvarado; buscan información sobre sus familiares. Personal de la Policía Ministerial y SSP acordonaron la zona.

El viaje a Arbolillo le pudo dar la dimensión a los colectivos de familiares de desaparecidos sobre el tamaño de la fosa a la orilla de la Laguna de Alvarado.

›Para llegar hasta el punto, hay que caminar poco más de dos kilómetros por un camino lleno de lodo. La Policía Ministerial ha tomado un viejo potrero como estacionamiento; aún se percibe el olor a estiércol de vaca al pie de las camionetas que usan para trasladarse.

El seis de septiembre pasado el titular de la Fiscalía General del Estado (FGE), Jorge Winckler Ortiz, presentó una fosa clandestina de la que se habían extraído 176 restos. El tema de las desapariciones forzadas fue retomado a nivel nacional y se inició una serie de declaraciones y cuestionamientos públicos para saber dónde estaba esa fosa.

“El fiscal no tiene por qué avisarle a un colectivo antes de que se hagan hallazgos”, fue la respuesta del gobernador Miguel Ángel Yunes a los grupos de madres de desaparecidos, particularmente al Colectivo Solecito, el grupo más visible que trabaja sobre este tema.

La llegada a Arbolillo y la confesión del Jefe de Servicios Periciales, Mario Javier Valencia, de que ahí “son los restos llevados a Xalapa”.

“No hay una fecha de conclusión, el jefe de Periciales dice que hay muchos cuerpos regados por este predios (…) dice que toda la Riviera del río hay cadáveres”, dice Rosalía Castro, madre del Solecito.

Cercanía. Los nuevos entierros se ubican a una hora de camino de la ciudad de Veracruz.

El Colectivo Solecito conoce el proceso de cómo tratar una fosa clandestina y los restos que se encuentran en ella. Dos años después de Colinas de Santa Fe, al norte del municipio de Veracruz, han concluido con la búsqueda de restos humanos.

Las sábanas del Solecito

Las madres viajaron desde la central de Autobuses de Veracruz hasta el predio señalado. En el camino van discutiendo los temas que tratarán en las próximas reuniones y actividades que realizarán. Solecito se autofinancia con la venta de alimentos, rifas y un bazar de ropa.

El proceso aprendido fue complejo al inicio. “A veces puedes estar en las exhumaciones, a veces no, porque hay restos con tejidos (…) es muy fuerte el impacto”.

Lo primero que hicieron en Santa Fe fue recorrer el terreno. Don Lupe, oriundo de Guerrero, identificó varios puntos con sus ayudantes, asesorados por la Policía Científica Federal y expertos voluntarios.

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Identificación. En agosto pasado, el gobierno estatal ubicó una nueva fosa clandestina.

El hombre inserta una varilla en el suelo y apoyado de su olfato, identifica si hay restos humanos. En en marzo de 2017, ejecentral platicó con don Lupe de Iguala, Guerrero; y los siete meses que habitó en el puerto de Veracruz se convirtieron en dos años como buscador de cuerpos.

Una vez encontrado un punto se comienza con la exhumación que es anotada en una bitácora. “Nuestra inconformidad es que no hay un testigo (en Arbolillo) o de Derechos Humanos nacional y no dejaron entrar”, refirió don Lupe.

Al concluir la exhumación se presenta “como una sabanita de quirófano. Se encontraron tantos huesos largos, tantos huesos cortos, tantos huesos por cernido… se encontró un pantalón de mezclilla color azul marino”. La bitácora ayuda a ubicar dónde, cómo y qué se encuentra en cada fosa y esa información ayuda a la identificación de lo que queda de los cuerpos.

“A tal hora se le entregó la fosa a la Policía Científica y a tal hora se le entregó al Fiscal”, explica Rosalía Castro, una de las promotoras del ingreso de familiares de desaparecidos a la fosa de Santa Fe.

Después del recorrido por la fosa de Arbolillo, las mujeres llegan para recuperarse de la caminata, comen y se hidratan para preparar el viaje de regreso.

A medida que el sol incrementa su fuerza, los policías buscan la sombra para mitigar un poco el calor y los uniformes oficiales, con 75% poliéster, 25% algodón, no ayudan demasiado. El cuestionamiento ya no es dónde está la fosa que presentó la Fiscalía, la duda es cómo están tratando los restos humanos.

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