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Tomás de la Rosa

Con toda una vida como vendedor de vehículos nuevos, Carlos Reyes es una de las miles de personas que atraviesan por una de las peores crisis en la historia mexicana de ese sector.

La casa nueva que tenía en mente se esfumó y ya vendió su departamento para asegurar los gastos de la educación de sus cuatro hijos y la manutención de la casa. 

De prevalecer el desplome de ventas, dice, tendrá que dejar de pagar las tarjetas de crédito que son hasta ahora la manera de paliar su grave situación económica.

A pesar de que México es la decimoquinta mayor economía del mundo, la número 11 por población, en la venta de vehículos nuevos per cápita está en la posición 53. Lo más drástico es que las ventas llevan 26 meses en un tobogán: desde de junio de 2017, en el gobierno de Enrique Peña Nieto, a la fecha las ventas vienen en caída libre.

“Ahorita estoy sobreviviendo gracias al jineteo de las tarjetas de crédito. Ya vendí mi departamento, con eso aseguré la educación de los niños. No sé qué hacer. Alguien, no sé, la industria, debe hacer un llamado de auxilio al presidente. Urgen medidas para reactivar las ventas”, comentó Carlos Reyes, un asesor de ventas de vehículos Nissan, con casi tres décadas en el mercado.

Padre de cuatro hijos, Reyes detalló en forma nostálgica que antes de la crisis en el mercado interno automotriz, sus plan era vender su departamento y echando mano del ahorro familiar y del crédito Infonavit de su esposa, comprar una casa nueva, más amplia acorde al tamaño de su familia, y de sus mascotas, un perro y gato.

“Ahora con la situación no podré. El dinero del departamento ya se está usando para el gasto del día a día. Ese dinero ahora es para sobrevivir y para la educación de los niños, ya que es la mejor herencia que les puedo dejar”, narra Carlos, de 49 años de edad.

Con gastos de cinco mil pesos mensuales en colegiaturas de los niños, más dos mil 500 pesos de gasto al mes en la educación universitaria de una de sus hijas, más los gastos de la casa y gasolina, la situación es grave. 

“En julio vendí nada más un vehículo. Tenía  años, pero años, que no me pasaba eso de vender sólo un auto. Agosto si bien me va, lo cerraré con cuatro vehículos. Aunque debería estar vendiendo al menos ocho unidades al mes para hacer frente a mis gastos. En las buenas épocas vendía hasta 12 vehículos al mes”, detalló.

Carlos es uno del más de medio millón (516 mil) personas empleadas hasta 2017 en la industria encargada de la venta de vehículos nuevos en México, según datos del reporte Diálogo con la Industria Automotriz 2018-2024, elaborado por la  Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA), que agrupa a los fabricantes de vehículos instalados en México; la Asociación Nacional de Productores de Autobuses, Camiones y Tractocamiones (Anpact); la Industria Nacional de Autopartes (INA) y la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores (AMDA) que en conjunto generan 1.9 millones de empleos directos.

DUDAS. Las causas de la crisis en el sector automotriz están relacionadas con el clima de incertidumbre económica que atraviesa el país, pues el índice de confianza del consumidor cayó 6.3% en junio.

La crisis del sector

A parte de la debilidad del mercado interno y la desaceleración de la economía, la entrada masiva de vehículos usados al país son el detonante de la crisis del sector, la cual es la más profunda en al menos los últimos 30 años. La actual está presente desde junio de 2017 con prácticamente 26 meses de contracción en las ventas. 

En 1993, la industria registró 12 meses de contracción en la comercialización de unidades nuevas; en 1995 iniciaron 14 meses a la baja; a partir de febrero de 2007 se ligaron 12 descensos y en agosto de 2008 marcó el inicio otras 19 bajas consecutivas.

“Son 26 meses que confirma que el mercado automotor interno se encuentra en crisis y esto tiene fuertes consecuencias en el empleo del sector y lo más preocupante es que continúa la perspectiva negativa para el cierre de 2019 y lo que sería el arranque de 2020”, señaló en entrevista el director general adjunto de la AMDA, Guillermo Rosales Zárate.

El factor que mayor impacto tiene, dijo el ejecutivo, es la importación masiva de vehículos usados de Estados Unidos. Por ejemplo, desde 2006 se han importado más de ocho millones de vehículos, a los cuales habría que sumar los que entraron al país de forma ilegal, de los cuales no hay estadísticas.

Para dimensionar el fenómeno, la importación de unidades usadas, según los datos de la AMDA, por cada dos vehículos nuevos que se venden, en promedio entró uno usado al país.

Esto lleva a que la venta de vehículos nuevos por habitante en México sea una de las bajas del mundo. En 2008, se vendieron 11 unidades por cada mil habitantes, cifra por debajo de lo registrado en Puerto Rico, Chile, Uruguay, Argentina y Brasil. Por cada unidad nueva que se vende en México, en Estados Unidos se compran casi cinco unidades, según información de la Organización Internacional de Constructores de Automóviles y del Banco Mundial.

«En julio vendí nada más un vehículo. Tenía  años que no me pasaba eso. Debería estar vendiendo al menos ocho unidades al mes para hacer frente a mis gastos. En las buenas épocas vendía hasta 12 vehículos al mes”. Carlos Reyes, asesor de ventas de vehículos en Nissan.

El bajo nivel de ventas llevó a que la edad promedio del parque vehicular en el país sea de 15 años, más del doble de los siete años registrados en Estados Unidos. Aunque, Rosales detalló que en México un nivel óptimo por cuestiones ambientales y económicos (gasto en combustible) sería de 10 años.

Esa competencia desleal de los usados importados, daña el valor de reventa de los vehículos comercializados en el país, lo que también impacta en la renovación de los coches.

Por lo anterior, las organizaciones que conforman la industria están en constantes reuniones con algunas áreas del gobierno federal para mostrar el impacto que tendrá si deciden regularizar esas unidades. Rosales señaló que sí “captan el mensaje y saben de la importancia de la industria automotriz. Esperamos que no vayan a cometer un error en la decisión de regularizar los vehículos irregulares”, enfatizó el vocero de la AMDA. Además, dijo que, de regularizar, se analizaría impugnar la decisión en los tribunales, ya que hasta el momento la crisis del sector ya generó el despido de entre  mil 200 y dos mil 100 vendedores.

“Sería un golpe muy fuerte que podría tumbar las ventas un 30% adicional. Esto está en las manos del gobierno para que se impida”.

Infracción. La importación de vehículos usados provenientes de EU ha golpeado la industria automotriz local. Foto cuartoscuro

Ese desplome adicional sería para el periodo 2020-2021, lo cual rompería el nivel de más un millón de unidades vendidas que se tiene desde 2013. El escenario actual, de legalizar, las ventas en 2021 rondaría en el nivel de 910 mil unidades, como en 2008 cuando se comercializaron poco más de 908 mil unidades.

Medidas urgentes

Para reactivar el sector, AMDA sugiere  que además el gobierno federal debe impulsar medidas que incentiven el crédito a las Pymes. Que se actualice por inflación el monto de deducibilidad fiscal de los 175 mil pesos de 2008 a 300 mil pesos; que los asalariados puedan deducir los intereses de un crédito automotriz. Además que se exima de impuestos —incluido el IVA— a los vehículos eléctricos e híbridos en todo el país.

Como la AMDA, Carlos Reyes también requiere de medidas inmediatas. Dice que la seguridad social es urgente por el cuantioso gasto que representa el gasto en salud.

“Gracias a Dios, en la familia no nos hemos enfermado más allá de una simple gripe. Si es algo más grave, pues a ver cómo le haces, porque no tenemos sueldo, no tenemos seguro social, no hay aguinaldo no hay prima vacacional”, puntualizó Reyes.

Dice que por la crisis, ya no hay vacaciones familiares, en el pasado quedó ir a comer a restaurantes los fines de semana con la familia; su esposa ya vendió su auto y ahora él viaja en Metro y pesero. Así, de los 500 pesos a la semana de gasolina, ahora sólo gasta 20 pesos diarios.

Y quizá, como él, podrían estar viviendo lo mismo miles de vendedores. “Si esto sigue así, tendré que dejar de pagar las tarjetas de crédito. Créeme que no quiero, no quiero dejar de pagar pero no tendré otra opción”, concluyó Reyes. 

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