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David Colmenares
Ayer fueron las elecciones autonómicas en España y en resultados preliminares, El País, señalaba como encabezado principal, que “el PP se desploma y cede el poder territorial a la izquierda: populares y socialistas pierden casi trece puntos y 3.3 millones de votos, respecto a los comicios de 2011”:  “ los dos grandes partidos han sufrido un retroceso en apoyo ciudadano, ante el empuje de los partidos emergentes. El PP logra mantenerse como primera fuerza, pero se ha dejado casi 2.55 millones de votos respecto a 2011. Los socialistas por su parte, mantienen la segunda posición, pero pierden 775 mil votos respecto a las anteriores elecciones autonómicas y municipales”. Otros encabezados del mismo periódico, ayer (19 horas de México)decían lo siguiente; “La izquierda conquista la alcaldía de Madrid tras 24 años del PP; Comunidad Valenciana: debacle del PP y subida de Compromis; Un mapa autonómico, sin mayorías claras…”, así por el estilo.
Resultados consecuentes con las políticas económicas aplicadas en ese País, los útimos años , así como por la contradicción entre las promesas de campaña del actual Presidente y las decisiones que tomó los primeros años de su Administración -que dura por cierto sólo cuatro años-. Es útil observar lo que pasa en España, por las lecciones que nos puede dar para el futuro, respecto a las promesas y las acciones de Gobierno.
Los españoles han atravesado por una crisis social derivada de la privatización de los costos de la misma en perjuicio de las clases medias y las de menores ingresos, así como en contraparte, la privatización de los beneficios, como el caso del rescate de sus bancos, corresponsables en gran medida de la misma.
Recuerdo que el actual Gobierno de ese País, aplicó medidas contrarias a lo que planteó en su campaña para llegar al poder, desde donde instrumentó políticas con un alto costo social.
El problema era el reparto de los costos y la distribución de los beneficios, que en un juego de suma cero, se ha observado. El discurso oficial destacaba que los sacrificios, derivados de una política de austeridad mal distribuida, eran necesarios y transitorios, pero la recuperación preelectoral ha sido insuficiente, además de que no se destaca el saldo global de los tiempos desde el inicio del actual Gobierno.
La cronología de su impacto la hemos leído en la propia prensa española. la tasa de desempleo abierto que llegó al 25 por ciento, la reducción del gasto en educación y salud, el trato discriminatorio a los migrantes, la política de desahucios por parte de los bancos, que incluso provocó suicidios, gente mayor ante la angustia de perder su patrimonio y su casa, prefirió morir, etcétera. Hay por ahí un buen libro, escrito por periodistas españoles, que se titula “La Austeridad Mata”, que vale la pena revisar.
Ya con la perspectiva de un nuevo proceso electoral, el discurso cambio, pero debe verse esto de manera integral y por lo menos en el horizonte del gobierno en turno.   Como entre, como salgo.
Habría que cual era el desempleo al inicio del Gobierno y cuales los datos de la fuerza de trabajo, como evolucionó la tasa de desempleo y como creció la población en edad de trabajar. Esto sería más correcto.
En el caso de la política económica, hay muchas maneras de matar las pulgas, pero lo cierto es que la austeridad extrema, la política económica ideologizada o comprometida con el poder económico, no sólo “mata” como se señala en el libro que mencioné, también cambia resultados electorales.

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