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Ana Saldaña

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Hace tiempo que tenía ganas de visitar el nuevo restaurante de la Chef Josefina Santacruz: Páprika. Llevo años disfrutando de su comida. En los noventas frecuentaba su pequeño restaurante ubicado dentro de un centro comercial de Palmas llamo Mai Pei. Ahí, en esa época, se comía la mejor comida asiática. También fui clienta asidua de la Trufa en la zona de San Angel Inn. Todavía recuerdo su deliciosa sopa de cebolla auténticamente francesa con queso Gruyere. Años después me reencontraría con su comida en Pámpano de Nueva York y después en el de México como parte del equipo de Richard Sandoval.
 

 
Josefina una chef experimentada que ha trabajado en las mejores cocinas. Muchas veces siento que un gran número de cocineros trabajan para poseer grandes reconocimientos y figurar en listas internacionales. Sin embargo es evidente al entrar a Paprika que Josefina va a contracorriente. En este lugar de lo que se trata es de mostrar una cocina sencilla, con sabores auténticos de barrio, sin pretensiones. Al llegar, no hay valet parking, sino uno tiene que buscar en donde dejar el auto. Las mesas están decoradas sin manteles, con vajillas sencillas. Para tomar vino, hay vasos tipo bistró. No hay una carta de vinos sofisticada, pero si lo suficientemente amplia para dar gusto a todos con precios razonables. Las paredes son de ladrillo descubierto, brindándole una sensación totalmente rústica al lugar. Pero eso si, cuando llegan los platillos, es evidente la técnica y el conocimiento de los sabores de los platillos.
 

 

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La carta se divide en varias secciones, pero la idea, es pedir pequeños platos al centro, para compartir entre los comensales. El menú recorre distintas preparaciones de la ruta de las especias. Al probar los distintos platillos, en cada bocado, viajé a Beirut, Siria, la India, con platillos desde los dips, como el moutabal preparado con puré de berenjenas mezcladas con salsa tahine, o la muhammara elaborada con pimientos y nueces, así como granada. También probé unas lentejas con curry, betabeles con canela y queso de cabra, calamares con limón muy al estilo Tai, albóndigas en una salsa de jitomate, así como sfija, carne de res y cordero molida sobre pan árabe y pollo marroquí con limón curtido. Todo estaba espectacular y además lo que me encantó, fue ver que las preparaciones sabían como lo que uno comería si visitaría su lugar de origen. No podía dejar de sopear todo, con su pan casero árabe, esponjoso y calientito.
 

 

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Si hubiese una sola cosa en el menú que no sentí que le hacía honor al platillo original, sería la bastilla. Es uno de mis platillos marroquíes favoritos y consiste de un círculo pasta filo horneada rellena de carne de paloma y nueces, que al salir del horno es espolvoreada con azúcar glass y canela. Recordar la combinación dulce-salada con la ligereza y tronido de la pasta filo, me hace salivar cada vez que pienso en ella. Aquí, en lugar de pasta filo, utilizan una pasta tipo dumpling frita y aunque lo demás era bastante auténtico, sentí que le faltaba algo. Al comentarle a Josefina, quien ese día estaba en el lugar, me dio toda la razón y me comentó que habían tenido que tropicalizar el platillo, dado que le espacio no era el adecuado para prepararla en su versión original. Ojalá y se animara a hacerla en su versión original, pues estoy segura que le quedaría espectacular.
 

 

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Así, pasé una tarde deliciosa. El servicio era amable y atento. La comida fluía a un muy buen ritmo. Para terminar, llegaron 3 postres diferentes, uno de chocolate, un crumble y un helado que me recordó a un buen té chai. Fueron la manera ideal de cerrar el banquete que habíamos comido, acompañados de un té digestivo elaborado con jengibre fresco.
 

 
Salí con una sonrisa y quedé invitada a regresar pronto. Son pocos los lugares en los que uno puede probar muchas cosas y además cerrar los ojos y a través de los sabores viajar a tierras lejanas. Que te puedes olvidar de todo, relajar y disfrutar de la charla con tus seres queridos. Lo mejor, es que a pesar de que comí hasta llenarme, la cuenta fue muy razonable. Esa tarde me sentí en casa, rodeada de amabilidad y deleitada con comida honesta elaborada con el corazón.

 

5

 

Espero que tengas un buen día y recuerda, ¡hay que buscar el sabor de la vida!

 

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Páprika
Marsella 61
Col. Juárez
Tel. 55330303

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