Pope Francis leaves after a meeting with large families in the Paul VI hall at the Vatican, Sunday, Dec. 28, 2014. (AP Photo/Alessandra Tarantino)

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Simón Vargas

Es fundamental que mediante nuestras pequeñas acciones demos inicio a esta titánica labor de reconstruir al país para hacerlo mejor.

«Del hombre son los propósitos del corazón, más del Señor es la respuesta de la lengua.» «Encomienda tus obras al Señor, y tus propósitos se afianzarán.» 

Proverbios 16:1,3

Hemos llegado al fin de este 2014, ha resultado ser un año muy interesante, con muchos matices con crisis y problemáticas trascendentales, porque tanto a nivel internacional, nacional, local e individual éste ha sido abundante en acontecimientos tanto positivos como negativos, sin embargo estos últimos resultaron tan dolorosos que han eclipsado en cierta medida a los primeros.

Al final de este año es momento de realizar un balance personal y colectivo, que nos ayude a pensar, planear, proyectar como podríamos hacer del próximo año, uno mucho más favorecedor para todos en general. Este ejercicio de reflexión personal debe realizarse con verdadera honestidad para reconocer nuestros posibles errores y faltas.

Lo anterior porque solamente así podríamos realmente comprender cómo ayudar a mejorar nuestro entorno familiar, laboral, nacional… Ya que así como exigimos cambios positivos en los gobiernos de todos los niveles y en las instituciones y organizaciones en las cuales nos desarrollamos, es fundamental que mediante nuestras pequeñas acciones demos inicio a esta titánica labor de reconstruir al país para hacerlo mejor.

En este sentido, podríamos tomar en cuenta el discurso del Papa Francisco en donde habló sobre los 15 males que aquejan a la Curia romana, “enfermedades” que bien podrían ser analizadas por cada uno de nosotros, quizás alguna o varias encajen en alguno de nuestros papeles en este vida, ya sea la privada o la pública, sin importar cuál sea nuestro género, profesión, religión, estrato social, etc.

En primer lugar el Pontífice señaló la enfermedad de sentirse “inmortal”, “inmune” o incluso “indispensable”, es necesario que nosotros mismos tengamos la capacidad de autocriticarnos y actualizarnos acorde a las circunstancias, este podría ser un mal que sufren algunos políticos y funcionarios que piensan que la actual crisis social en México, no puede generarles daño y esperan que su solución radique en el olvido colectivo.

Sobre la enfermedad de la excesiva operosidad, el Papa se refirió a aquellos que están inmersos en el trabajo, dejando de lado, inevitablemente, la mejor parte: Sentarse a los pies de Jesús. “Por eso, Jesús invitó a sus discípulos a ‘descansar’ porque descuidar el necesario reposo conduce al estrés y la agitación”. En plano laboral, agregó la de divinizar a los jefes, la padecen quienes honran a las personas y no a Dios, ya que viven a su servicio pensando sólo en los beneficios y no en lo que tienen que dar, en servicio al prójimo.

Con respecto a la pérdida de la sensibilidad humana indispensables para empatizar con el resto del mundo, su Santidad menciona la enfermedad del endurecimiento o fosilización mental y espiritual y la de la planificación excesiva y el funcionalismo; en ambas el individuo esta absorto en las cosas, sin sentir la frescura, la fantasía o la innovación como parte de él mismo.

Asimismo, hay enfermedades que fueron mencionadas por Jorge Mario Bergoglio en referencia al detrimento o ausencia del amor por el prójimo como por ejemplo; la indiferencia hacia los demás porque sólo se piensa en uno mismo; las habladurías, de la murmuración, del cotilleo de personas cobardes que no tienen el valor de hablar a la cara; y de la ganancia mundana, cuando la gente busca insaciablemente multiplicar su poder y para ello son capaces de calumniar, difamar y desacreditar a los demás.

Las siguientes podrían ser las más relevantes por su significado ideológico;  el Alzheimer espiritual, ya que representa el olvido de la “historia de la salvación” y su encuentro con el Señor; la esquizofrenia existencial, la padecen quienes viven una doble vida fruto del progresivo vacío espiritual “donde dejan a un lado todo lo que enseñan con severidad a los demás y empiezan a vivir una vida oculta y, a menudo, disoluta».

Y como consecuencia de las anteriores podrían presentarse las enfermedades de la rivalidad y la vanagloria y la de la acumulación, las cuales surgen cuando las personas buscan llenar sus vacíos existenciales por medio de las apariencias e insignias de honor y acumulando bienes materiales para encontrar la seguridad y autoestima que no poseen.

Como ya lo ha dejado claro con estas y varias acciones, las intenciones del Papa Francisco son las de llevar a cabo una transformación de la Iglesia a una más comunitaria, corresponsable y transparente. Tal vez a simple vista  podemos encontrar en algunos políticos, funcionarios o servidores públicos muchas de estas enfermedades, pero si somos dignos y realizamos una introspección también las encontraremos en nosotros mismos. Si en verdad queremos un cambio, seamos parte de ello.

Seamos el próximo año un ejemplo a seguir para quienes nos rodean, que mejor que un Año Nuevo para romper un ciclo negativo y comenzar este 2015 con mejores intenciones, pero empujadas por acciones. Les deseo a todos los lectores, a sus familias y a sus seres queridos, un estupendo Año Nuevo, lleno de bendiciones. Abrazo.

*Analista en temas de  Seguridad, Educación y Justicia

simon.9@prodigy.net.mx

@simonvargasa

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