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Juan Carlos Rodríguez

Las fiestas patrias complicaron el manejo de la pandemia de Covid-19 en México. De acuerdo con el Índice de Riesgo de Apertura (RoOI), instrumento elaborado por la Escuela de Gobierno Blavatnik de la Universidad de Oxford, a partir del 16 de septiembre se incrementó en el país el peligro de relajar las medidas de contención de la crisis sanitaria y de reanudar las actividades económicas y sociales.

Desde el 1 de abril, fecha en que arrancó el RoOI, México mantuvo un nivel de riesgo de 0.5 (en una escala de 0.0 a 1.0, donde el primero indica riesgo nulo y el segundo riesgo máximo), registro que se mantuvo fijo, incluso después del 1 de junio, cuando terminó la Jornada Nacional de Sana Distancia y dio inicio la “nueva normalidad” con la aplicación del semáforo epidemiológico.

Sin embargo, el nivel de riesgo subió a 0.7 desde el 16 de septiembre, fecha que es considerada como el punto de arranque del rebrote de coronavirus en México, pues en ese momento se frenó la tendencia descendente en la transmisión del nuevo coronavirus y los estados comenzaron a mostrar incrementos de casos positivos

En el manejo de la pandemia de Covid-19 en México, los ciudadanos han hecho su parte al acatar las restricciones impuestas por las autoridades de salud; son las intervenciones gubernamentales las que elevan el peligro de reanudar las actividades económicas y sociales, de acuerdo con el Índice de Riesgo de Apertura (RoOI), herramienta elaborada por la Escuela de Gobierno Blavatnik de la Universidad de Oxford.

Elaborado para orientar a los gobiernos respecto al mejor momento para flexibilizar las medidas de contención de la pandemia —suspensión de clases, confinamiento en casa, cierre de negocios, prohibición de reuniones sociales, etc—, el RoOI toma en cuenta cuatro indicadores para medir el nivel de riesgo: control de contagios, el entendimiento de la comunidad, los casos importados y las pruebas y rastreo de casos.

En el caso de México, el rubro más disparado es el de control de contagios, donde se tiene un nivel de riesgo de 1.0, es decir el máximo, en una escala de 0.0 a 1.0, donde el primero en peligro nulo y el segundo es el riesgo más elevado.

En segundo lugar, con un puntaje de 0.8, está la realización pruebas y el rastreo de contactos de las personas contagiadas; a diferencia de lo que han hecho los países asiáticos, que realizan pruebas masivas y han logrado amortiguar la segunda ola de la pandemia, México tiene uno de los niveles más bajos de pruebas de laboratorio y ha optado por practicarlas sólo a aquellas personas con síntomas graves de la enfermedad o a quienes se acercan a las instituciones de salud.

En tercer lugar está el rubro de control de casos importados, con un puntaje de 0.6, lo que se deriva de la decisión de no restringir los accesos en aeropuertos desde el inicio de la emergencia ni poner en cuarentena a los visitantes. Finalmente, en cuarto lugar está la categoría de “entendimiento de la comunidad”, con un puntaje de 0.3, lo que denota cierta disciplina de la población para acatar las restricciones gubernamentales en cuanto a movilidad y distanciamiento social.  

Actualizado al 23 de octubre, el Índice de Riesgo de Apertura muestra que los países donde es más peligroso flexibilizar las medidas de contención son Argentina, Perú y España, con niveles de 1.0. Le siguen Brasil, Colombia, Chile, Estados Unidos, Irán y Francia, con rangos de entre 0.8 y 0.9 puntos. México tiene un puntaje de 0.7, situación similar a la que presentan, entre otros, Venezuela, Ecuador, Reino Unido, Alemania, Rusia, India y Japón. China, Vietnam y Nueva Zelanda son las naciones que presentan el nivel más bajo de riesgo, con puntajes de 0.2 y 0.3.  

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