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Jonathan Nácar

De los 64 mil jaguares que hay en el mundo, México conserva menos del 5% de la población, con menos de cuatro mil ejemplares, todos ellos bajo conservación y en peligro de extinción. Las menos de treinta vaquitas marinas que sobreviven en el Golfo de California podrían ser las últimas antes de que se declare su extinción de la vida silvestre, como ya ocurrió, en agosto de 2017, con el lobo gris mexicano.

Estos animales tienen algo en común. Forman parte de las 34 especies de anfibios, reptiles, aves y mamíferos considerados como “prioritarios” en el Programa de Conservación de Especies en Riesgo (Procer) por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio). Se trata de especies “sombrilla”, claves en la conservación y equilibrio de los hábitats y ecosistemas en los que intentan sobrevivir ante las amenazas que los mantienen en la lista negra de animales en riesgo de extinción.

No existe un diagnóstico actualizado sobre la situación real de la diversidad biológica del país, por lo que el número de variedades en peligro podría ser mucho mayor, porque la última lista de “especies en riesgo” que elaboró la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) data de 2010, y aunque la propia NOM-059, donde se incluye dicha lista, establece que ese inventario de especies o poblaciones en peligro debe ser actualizado “de ser necesario, cada tres años o antes”, esto no ha ocurrido.

“Estas especies se consideran prioritarias porque, por un lado, están en un grave riesgo de extinción y porque se les considera sombrilla, lo cual se refiere a que al garantizar la protección y supervivencia de estas se impacta en la conservación de otras especies colaterales, tanto de fauna como flora. Impacta en todo el ecosistema”, señaló Ricardo Itzcóatl Maldonado, médico veterinario zootecnista de la UNAM.

En el marco del Día Mundial de los Animales, que se conmemora cada 4 de octubre, el también titular del Hospital Veterinario de Especialidades en Fauna Silvestre y Etología Clínica apunta que se trata de una mezcla de factores los que están deteriorando las poblaciones de estos animales, entre los cuales menciona: la fragmentación y pérdida del hábitat, que mucho se debe al desarrollo humano, pues ante la necesidad de mayores superficies para sembrar y tener alimentos y lugares para que la gente tengan donde vivir, estos ecosistemas se van deteriorando o perdiendo.

Otros aspectos, enumeró el especialista, se debe a la sobreexplotación de especies que puede ser animal o vegetal, por ejemplo, el caso de la industria maderera; la introducción de especies invasoras empieza que impactan a las nativas porque se alimentan de los mismos recursos provocando que se encarezcan o traen consigo enfermedades; y la contaminación derivadas de las actividades humanas que terminan acumulándose y en combinación con esos factores resulta en lo que hoy conocemos como cambio climático, apuntó.

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Conocer para conservar…
“Los esfuerzos más importantes tendrían que ser educativos, se necesita hacer conciencia en la población del cuidado del ecosistema. Hay especies que por el impacto que han tenido en sus ecosistemas o poblaciones es muy probable que no se puedan rescatar, está el caso de la vaquita marina que es muy probable que los esfuerzos por conservarla no logren salvarla de la extinción”, lamentó Maldonado.

En ese caso en particular, el académico señaló que las medidas de protección de una especie en particular, en este caso en referencia a la vaquita marina, deben ir acompañadas de un sentido de justicia social debido a que si la pesca de especies como el pez totoaba u otras está afectando a la vaquita y se impone una veda esta debe ser acompañada de alternativas para la población que vive de esa actividad.

“Se debe dar una alternativa, (porque) mucha de esta gente subsiste de esa pesca, y entonces al poner veda como esfuerzo de conservación ¿cuál es la alternativa productiva que le estoy dando a esta gente para que me digan, claro dejaremos de pescar, pero tenemos una alternativa para trabajar?, se necesita acompañar la conservación de la naturaleza con justicia social. Y eso es muy complejo”.

Ricardo Itzcóatl, advirtió que uno de los factores que más están contribuyendo negativamente en la preservación de estas especies es la falta de conocimiento que se tiene de las prioridades y los esfuerzos diferenciados de la misma condición al no apreciarlo como una estrategia global de preservación no solo de una especie sino de todo un ecosistema.

“Los esfuerzos más importantes tendrían que ser educativos, se necesita hacer conciencia en la población del cuidado del ecosistema. Hay especies que por el impacto que han tenido en sus ecosistemas o poblaciones es muy probable que no se puedan rescatar, está el caso de la vaquita marina que es muy probable que los esfuerzos por conservarla no logren salvarla de la extinción”.

Por otro lado, lamentó, “hay esfuerzos que están destinados a cerrar los proyectos de investigación con otros mamíferos marinos, por ejemplo, delfines, donde hay esfuerzos para cerrar delfinarios donde se hacen investigación que podría ser la base para rescatar a la vaquita marina, por ejemplo”.

Entonces cierran los esfuerzos de investigación y los de conservación de hábitat son insuficientes y a lo mejor la respuesta está en la última propuesta que se hizo entorno a la vaquita: “capturar a todas las vaquitas para tenerlas en cautiverio y empezar a reproducirlas en cautiverio, que al final se trata de un esfuerzo de investigación en reproducción en delfines que podrían ayudar a ambas especies”.

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