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Ana Saldaña

Ana Saldaña | @anasaldana

Este fin de semana, regresé a un lugar que hace tiempo no visitaba, el Murakami Sake Bar. La última vez que lo había visitado compartí la barra con un par de hombres de negocios japoneses que tomaban tequila caliente acompañado de limones y clavos de olor. Esta vez, junto a mi en la barra, estaba sentado un hombre solitario también japonés que tomaba lentamente una botella de Sochu, una bebida alcohólica de Japón comúnmente destilada de cebada, camote o arroz que es un poco más fuerte que el vino y el sake. También en las mesas contiguas habían japoneses, lo cual siempre es un buen indicativo de que el lugar sirven auténtica gastronomía japonesa.

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FOTO | Ana Saldaña

Es importante decir que aquí no es un lugar para quien busca un restaurante moderno y con el último diseño. Murakami cuenta con una personalidad muy única y sin pretensiones. No tiene grandes decoraciones, más allá de un pez globo disecado y la fotografía enmarcada de un chef que con su sonrisa ilumina la barra. La barra de madera, contrario a las típicas barras japonesas en Japón que se encuentran totalmente lijadas, se ve cansada y rallada. Además, uno no puede dejar de observar que lo más probable es que antes de convertirse en restaurante japonés fue una taquería, al ver la talavera azul típica de uno de estos establecimientos. El lugar es obscuro y detrás de la barra se ven unas hornillas de gas y unos sartenes de hierro que a leguas se ven más que curados.

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FOTO | Ana Saldaña

Sin embargo, en el momento que uno prueba un bocado de las delicias que preparan en Murakami te olvidas de todo y disfrutas del sabor de sus alimentos. Al llegar le pedí al Chef del lugar el Omakase, que en Japón es lo equivalente a ponerse en la manos del chef y éste está obligado a servirte lo mejor del día. Para empezar me sirvieron un tofu frío sazonado con cebolla, cebollín y jengibre acompañado de una salsa espesa verde. Después un sashimi grueso mixto con atún, toro, hamachi, y calamar con hueva de salmón. Además, este platillo contaba con una gran porción de almeja generosa cortada en tiras con un intenso sabor a mar que estaba espectacular. Después probé un atún servido con cebolla, cebollín y una salsa espesa de miso. También llegaron a la mesa unos delicados y dulces filetes de pescado preparados en témpura, unas piezas con hueva de salmón fresquísima y para terminar un vigorizante caldo con los fideos gruesos japoneses conocidos como udon y una mezcla de témpura de mariscos, incluyendo más almeja generosa que estaba espectacular. También menos interesante fue un poco de edame, que la verdad me podría haber ahorrado, pero en general la comida estuvo deliciosa y se veía el cuidado con el que seleccionaban los ingredientes, así como el manejo de varias técnicas de cocción.

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FOTO | Ana Saldaña

Así, entre sake y los distintos platillos japoneses bien ejecutados, pasé una tarde deliciosa dentro de Murakami. Sin duda, hay que recordar que lo que verdaderamente importa al final cuando uno come fuera, más allá de las apariencias, está la verdadera esencia de lo que debería ser importante en un restaurante: su buena comida. Y bueno, aquí en este lugar sin duda saben como prepararla.

Espero que tengas un fabuloso día y recuerda, ¡hay que buscar el sabor de la vida!

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FOTO | Ana Saldaña

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Murakami Sake Bar

Torcuato Tasso 324,

Polanco

Tel. 5203-13-71

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