Raymundo Riva Palacio.

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ER. TIEMPO: El inicio y la entronización. El 15 de junio del año pasado, Francisco Aguirre Gómez dejó en las manos de su hijo Juan Aguirre Abdó, la dirección general de Grupo Radio Centro con la cual mantuvo firme el control de la dinastía familiar en esa empresa legendaria que empezó 73 años antes, cuando su padre, Francisco Aguirre Jiménez fundó Cadena Radio Continental en la frecuencia 1030 AM y que se convirtió en la Organización Radio Centro en 1952. Aguirre Jiménez entró en la radio durante el gobierno de Miguel Alemán, cuando comenzó a desarrollarse la industria de la radio y televisión, que aprovechó para ir acumulando concesiones, como Radio Centro y Radio Éxitos, que iniciaron transmisiones en 1952. Bajo el cobijo del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, Aguirre Jiménez fundó en 1965 la Organización Impulsora de Radio, y en 1966 añadió las populares estaciones de Radio Variedades y La Z, que hoy en día continúa siendo la de mayor rating en el cuadrante. El grupo fue altamente exitoso, con innovaciones, como transmitir una hora diaria con música de Los Beatles, con lo cual Aguirre Gómez presumía haber creado “la beatlemanía en México”. Cuando murió Aguirre Jiménez en 1979, su esposa María Esther asumió la presidencia del Consejo de Administración —que tuvo hasta 2008, cuando falleció— a quien reemplazó Pancho, como es comúnmente conocido su hijo, y la dirección de Grupo Radio Centro quedó con su hermano Carlos. Pancho Aguirre había sido el operador político de la familia durante años, mostrando una audaz zalamería con el presidente en turno. En un viaje a Washington, invitado por el presidente Carlos Salinas, junto con un grupo de empresarios, no perdía momento para hacerse espacio entre sutiles empellones para quedar siempre en la primera línea cuando lo iban a saludar o platicaban con él durante el viaje. Años después, en una fiesta de cumpleaños de Alejandra Sota, vocera presidencial, persiguió por todo el jardín al expresidente Felipe Calderón hasta que logró llegar a él para solamente saludarlo y susurrar cosas melosas al oído. De trato amable, pero de alguna manera distante, Pancho Aguirre fue acumulando poder y ambición, hacia afuera y hacia adentro de la familia, a la que, sin escrúpulos, quitó de su camino y de la empresa que era familiar, para entronarse al frente de ese grupo, uno de los principales, por décadas, del país.

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DO. TIEMPO: La ambición de Pancho. El recorrido de años de Francisco Aguirre Gómez por la empresa que fundó su padre fue exitosa, mientras se mantuvo dentro del ámbito en donde surgió: la radio. Pero cada vez que Pancho se salió de esa zona de comodidad —por la larga experiencia familiar— se metió en problemas. Con el respaldo del presidente Gustavo Díaz Ordaz, el patriarca de la familia, Francisco Aguirre Jiménez, obtuvo la concesión de televisión abierta después de que en 1955 le entregaran tres, los canales 2, 4 y 5, a lo que para entonces se llamaba Telesistema Mexicano, convertida mucho después en Televisa, y de que en 1965 el jefe del Grupo Monterrey, Bernardo Garza Sada, logró una más para lo que fue Televisión Independiente de México, que operó el Canal 8 hasta 1973, cuando se fusionó con la empresa de Emilio Azcárraga Milmo. La concesión se le entregó a la Corporación Mexicana de Radio y Televisión en 1967, que apareció como el Canal 13. Como era tan natural como respirar en aquellos años, la primera transmisión del llamado Canal 8, fue el Informe Presidencial del 1 de septiembre de 1968. Estaba Díaz Ordaz en medio del conflicto estudiantil, y el canal lo apoyaba, pero la gracia no duraría mucho tiempo. Tres años después el empresario poblano Alejo Peralta adquirió el 49% de la compañía, y al año siguiente le vendió sus acciones al gobierno del presidente Luis Echeverría. Cinco años después de haber iniciado la experiencia en televisión, el gobierno compró 41% de las acciones que estaban aún en la familia. Aguirre ha dicho que no hubo tal compra, sino que Echeverría se las arrebató. Es posible, porque se vivían tiempos de enfrentamiento con el sector privado, y esto lo dejaba televisivamente con un flanco débil ante la opinión pública. Echeverría fundó lo que sería Imevisión, en 1972, con los canales 7, 13 y 22 en la Ciudad de México, y Pancho Aguirre se quedó con la idea fija de tener un canal de televisión. Pero antes se deshizo de su familia en la empresa. A finales de 2013, mediante una reestructuración de la sociedad de familiares, le quitó la dirección del grupo a su hermano Carlos y lo sacó del Consejo de Administración, junto con sus hermanos María Esther, José Manuel y Felipe. Les pagó 500 millones de pesos y se quedó como propietario de la empresa. En mala hora para un grupo legendario.

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ER.TIEMPO: La debacle de Pancho. Durante varios años Francisco Aguirre Gómez estuvo soñando con tener un canal de televisión. Buscó socios mexicanos y extranjeros para pujar por una concesión. No se habían abierto concesiones en cuatro décadas hasta noviembre de 2014, cuando el Instituto Federal de Telecomunicaciones abrió dos para operar cada una 123 zonas de cobertura, lo que las harían cadenas nacionales. Radio Centro y el Grupo Imagen se quedaron con ellas. El problema para Pancho Aguirre fue que incumplió el pago de tres mil millones de pesos como contraprestación y, ante la imposibilidad de pagar el precio exorbitante que había ofrecido por la concesión, desistió de quedarse con ella y fue obligado a pagar una multa de 415 millones de pesos. Tuvo que endeudarse y vender propiedades para pagar, apostando, como suele decir él, que el cambio de gobierno lo ayudaría. Como toda la vida, la publicidad oficial era su esperanza, para lo que se deshizo de Carlos Loret, crítico acérrimo del presidente Andrés Manuel López Obrador, y reclutó voces afines al nuevo régimen para complacerlo. Radio Centro se pintó de moreno, como antes de azul, blanco y tricolor. Aguirre, sumiso y oportunista con presidentes, pensó que López Obrador sería igual. Su chasco fue que la genuflexión no hacía efecto en un presidente que piensa que no necesita a ningún medio para alcanzar sus propósitos. No hubo la publicidad que esperaba y los programas oficialistas que metió en sus frecuencias tampoco generaron ingresos. El flujo comenzó a faltar y empezaron los recortes de programas y personal. Y el colmo fue que los problemas internos entre conductores y colaboradores hicieron que sus noticieros fueran más famosos por los pleitos que por sus contenidos. Financieramente en picada, la semana pasada vendieron la joya de la corona a MVS: la estación 97.7 FM, que transmite música en inglés y que cuenta con el mayor rating del grupo. MVS pagó 450 millones de pesos por la estación (poco más de 18 millones de dólares) en una negociación con dos meses de duración que inició por iniciativa de Aguirre. El dinero será para pagar a los bonistas, que le habían prestado para quedarse con la televisión, y a quienes ya les incumplió en tres ocasiones, generando más multas y problemas. El dinero se le agotó para cumplir con compromisos de ese volumen y Pancho Aguirre debe estar despertando un sueño dentro de una pesadilla donde el horizonte es que se declare muy pronto en quiebra. 

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