Raymundo Riva Palacio.

1

ER. TIEMPO: Aquellos tiempos en Tabasco. La historia política de Andrés Manuel López Obrador tiene varios padrinos, todos priistas y miembros de dos generaciones que entraron en conflicto: la de Leandro Rovirosa Wade, gobernador de Tabasco y secretario de Agricultura en el gobierno de Luis Echeverría, y la de Enrique González Pedrero, gobernador de Tabasco y director del Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales del PRI, que armó el programa de gobierno de Carlos Salinas. Los conoció a principios de los 70, cuando llegó a la ciudad de México a estudiar en la UNAM, donde también conoció a Carlos Pellicer, el poeta tabasqueño que cuando llegó al Senado por el PRI, lo llevó a trabajar cerca de él. Pellicer fue su mentor, pero Rovirosa Wade lo regresó a Tabasco a dirigir el Instituto Nacional Indigenista, en 1977, por medio del cual se relacionó con el director del Instituto a nivel nacional, Ignacio Ovalle, quien había sido secretario particular de Echeverría, y fue nombrado para ese puesto por el presidente José López Portillo. López Obrador estuvo en ese cargo hasta 1982, porque a partir del siguiente, por invitación de González Pedrero, que había sucedido a Rovirosa Wade, presidió el PRI estatal. El gobernador González Pedrero lo invitó a ser Oficial Mayor de su gobierno en 1983, cargo en el que duró 24 horas porque renunció. López Obrador regresó a la Ciudad de México donde fue nombrado en el gobierno del presidente Miguel de la Madrid, director de Promoción Social del Instituto Nacional del Consumidor –que después se convertiría en la Profeco–, bajo la dirección de Salvador Pliego Montes, un priista michoacano. En ese primer arranque, López Obrador trabajó en tres gobiernos, dos reconocidos como estatistas, Echeverría y López Portillo, y uno más, el de De la Madrid, cuando se transitó de un modelo estatista agotado que despedazó la economía mexicana, hacia el neoliberalismo. Eso sucedió en 1985, cuando la propuesta del secretario de Programación, Salinas, se impuso a la del secretario de Hacienda, Jesús Silva Herzog, y México entró a un sistema económico que está extinguiéndose. López Obrador repudia el modelo neoliberal, que identifica del sexenio de Salinas al de Enrique Peña Nieto, omitiendo que inició tres años antes de la fecha en que lo marca, y modelo bajo el cual él mismo trabajó, al igual que varios de sus padrinos y amigos, sin denunciar nada en su momento.

2

DO. TIEMPO: Esos años neoliberales. Una vez, durante el gobierno de Miguel de la Madrid, el profesor emérito en la Universidad de Harvard, John Kenneth Galbraith, comentó el cambio de modelo económico mexicano: “Es curioso, Ronald Reagan dice muchas cosas sobre comercio y economía, y el único gobierno que le hace caso es el mexicano”. En ese gobierno participaban cercanos al hoy presidente Andrés Manuel López Obrador, quien se sumó en 1988 a la Corriente Crítica del PRI que habían formado, entre los más prominentes, Rodolfo González Guevara, Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, para buscar que la nominación del PRI a la Presidencia fuera incluyente. Ni el presidente Miguel de la Madrid ni su secretario de Gobernación de mano dura, Manuel Bartlett, abrieron espacios. La sucesión presidencial se haría como lo deseaba De la Madrid. Bartlett participó y fue el contendiente más duro de Carlos Salinas, quien contaba con un apoyo estratégico, que había colocado en el gabinete como secretario de Desarrollo Urbano y Ecología, Manuel Camacho. Salinas venció a Bartlett porque, tras tres sexenios de desastres económicos, petroleros y naturales vio que se necesitaba expertise económico, no político. Bartlett y Camacho operaron para que Salinas quedara como ganador en la elección presidencial de 1988, y este último, por instrucciones de su amigo, negoció con Cárdenas y Muñoz Ledo senadurías en la Ciudad de México y Michoacán a cambio de que aceptaran la derrota. Salinas arrancó la Presidencia con Bartlett como secretario de Educación, y Camacho como jefe del Departamento del Distrito Federal. Bartlett llevaba nueve años al servicio de los gobiernos neoliberales sin oponerse ideológica y políticamente a lo que lustros después denunciara, y Camacho caminó con Salinas pensando que sería su sucesor. Como jefe administrativo de la capital, Camacho, quien tenía a Marcelo Ebrard como secretario general de Gobierno, le entregó en comodato a Alejandro Junco un club de tenis en la delegación Benito Juárez. Ahí, Junco levantaría las instalaciones del periódico Reforma, y contaba con el respaldo de Camacho. Tras regresar a Tabasco, López Obrador inició marchas por la democracia hacia la capital federal, en donde se encontró con Camacho, quien negociaba con él los constantes bloqueos que realizaba en el Zócalo, mediante millones de pesos con lo que ese gobierno neoliberal financió un modus operandi que se quedaría como sistema de presión. Sí fueron depredadores aquellos gobiernos neoliberales, junto con quienes se sirvieron de ellos.

3

ER. TIEMPO: Un neoliberal embozado. El cambio de modelo significaba distribución equitativa del ingreso, luchar contra el desempleo, la independencia económica de Estados Unidos mientras se ampliaba el mercado interno, se fortalecía el sector público y se empujaba un Nuevo Orden Internacional. Pero esto no sucedió el domingo pasado, sino en 1971 y no lo proclamó Andrés Manuel López Obrador, sino Luis Echeverría. Echeverría llegó a la Presidencia con un crecimiento de 4.1%, el más bajo desde 1969, y tuvo caídas consecutivas junto con problemas para generar inversión privada, lo que lo llevó a incrementar el gasto público para cumplir con sus prioridades. Echeverría ya no tenía ingresos para soportar su gasto público, entró en una crisis inflacionaria y una fuga de capitales ante la desconfianza del sector privado con el que se había enfrentado durante su sexenio. Se complicó con el final del sistema Bretton Woods, que provocó una severa inestabilidad en los mercados que causó la dolorosa devaluación de 1976, donde el peso brincó de 12.50 a 21.50 por dólar. Al final de su sexenio tuvo que recurrir a un programa de estabilización impuesto por el Fondo Monetario Internacional. Tenía 14 puntos, entre los cuales destacaban reducir el déficit, limitar el endeudamiento externo, frenar el crecimiento en el sector público, apertura económica y estancamiento de los aumentos salariales. Esos son los programas draconianos del FMI que denuncia reiteradamente López Obrador. Sin embargo, tomando como espejo a Echeverría, en materia social e ideológica ha hecho mucho de lo que hizo él, pero en materia económica y financiera ha seguido los pasos del FMI sin siquiera tener que acatar un programa de estabilización. José López Portillo sucedió a Echeverría poco después, y se propuso acabar con la crisis en dos años, mediante el fortalecimiento del Estado, generando más empleos, crecer el 8% a la mitad del sexenio, reorientar la industria a la generación de bienes básicos, elevar el nivel de vida de los campesinos, ser autosuficientes en alimentos, reforzar empresas públicas, destinar más recursos para acabar con la pobreza y colocar al petróleo como el eje del desarrollo nacional. Al final de su sexenio, se volvió a colapsar el país. Es bueno recordar. Lo que vivimos hoy, ya lo vimos antes. 

Compartir