Raymundo Riva Palacio.

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ER. TIEMPO: La pandemia estaba anunciada. En 2015, Bill Gates pronunció un discurso que ha sido retomado masivamente en estas semanas de lucha global contra el coronavirus. Se refería a la experiencia en contener el ébola en África Occidental. “Esta vez tuvimos suerte”, dijo Gates al recordar su contención. La próxima, si no estamos preparados, podría costar millones de vidas y tener un profundo impacto económico, decía Gates, porque podría “esparcirse a través del aire, contagiando personas que sólo sentirían los primeros síntomas con retraso y que podrían viajar en tren y en avión”. Seis años antes, en su informe State of the World 2025, la CIA apuntó: “Si una pandemia estalla será en una zona densamente poblada con proximidad entre humanos y animales, como existe en algunos mercados en China o el sureste asiático, donde la gente vive cerca del ganado”. Eso sucedió en diciembre. En un mercado de Wuhan, uno de los grandes centros científicos de China, nació oficialmente el Covid-19 y se fue extendiendo por las zonas más densamente pobladas del mundo y las más conectadas por la globalización, a diferencia de las regiones donde brotó el ébola, desvinculada de las metrópolis y alejadas de todo. Las llamadas de atención fueron lanzadas a tiempo y no les hicimos caso. Michel Duclos, un experto en geopolítica en el Institut Montaigne de París, las recuerda: “el Banco Mundial ha sonado las alarmas por años, la Organización Mundial de la Salud ha identificado las emergencias sanitarias internacionales, la COP-21, sobre el Acuerdo Climático de París y el propio G-20, creación surgida de la crisis financiera global de 2008, han hecho lo suyo. ¿Qué ha sucedido? Lo que observamos en la administración del día con día del Covid-19 está mucho más en línea con la realidad de la gobernanza mundial actualmente”, apunta Duclos. “La globalización del comercio ha continuado en años recientes, aunque a un ritmo menor, al tiempo que la fragmentación política y las tensiones han prevalecido sobre la política internacional”. Duclos llama a esta época la de “la competencia entre los grandes poderes”, dominada prácticamente por la rivalidad entre Estados Unidos y China, así como Rusia, que es un factor dominante. ¿Para dónde vamos? “Las instituciones internacionales han entrado a una fase de debilitamiento, debido en parte al retiro de Estados Unidos, y en parte al desacuerdo entre los principales poderes”, explica Duclos. La gobernanza está en crisis en Occidente, con Estados Unidos y Europa como ejemplo del caos en un reacomodo geoestratégico de fuerzas detonado, como dice la periodista científica Elizabeth Velázquez, por un enemigo nanométrico.

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DO. TIEMPO: La caída de otro imperio. La zona metropolitana de Nueva York sigue siendo el epicentro de la pandemia. Más de 10% de la población total de Estados Unidos está contagiada y suma más casos positivos de los que han tenido China, Italia y España juntos. La primera potencia del mundo, hasta el estallamiento del Covid-19, ha mostrado sus limitaciones. Donald Trump, que se autoproclamó un “presidente en tiempos de guerra”, no sólo la va perdiendo, sino se le va escapando entre las manos el poderío de la nación a la que le ofreció volver a ser una hegemonía. Trump, un populista y nacionalista, un acientífico y mentiroso, dijo que ahora esa nación sería diferente y poderosa como nunca lo había sido. Tras el azote de la pandemia en el noroeste de esa nación, Estados Unidos sí está resultando diferente, pero por razones distintas a las que decía Trump. Hegemónica no es desde antes de la pandemia, y la fuerza como el principal imperio, se está desvaneciendo. “El Covid-19 acelerará el cambio en poder e influencia de occidente a oriente”, escribió Stephen Walt, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Harvard, en la revista Foreign Policy, porque “la respuesta en Europa y Estados Unidos ha sido lenta y al azar, comparada con China, Corea del Sur y Singapur, empañando aún más el aura de la ‘marca’ occidental”. Michel Duclos, el experto en geopolítica del Institut Montaigne, coincide: “Hay un cambio en el centro de gravedad del balance del poder hacia China y Asia en general. La trayectoria de Estados Unidos, la estrella de nuestro viejo mundo, caída, podría ser profundamente alterada por la prueba que actualmente enfrentan muchos otros países”. La batalla entre las potencias Estados Unidos y China, que se esperaba duraría medio siglo para ver si los chinos se convertían en el nuevo imperio, ha sufrido un atajo por el coronavirus. China está exportando experiencia, equipos y medicamentos al mundo, que antes sólo hacía Estados Unidos, pero es prematuro concluir que cayó un imperio y nació otro. La pandemia no ha terminado. Trump seguirá dando la batalla para sobreponerse y mantener fuerte a Estados Unidos, aunque nada volverá a ser lo mismo. Incluso, que pierda la elección presidencial ante Joe Biden es cada vez más probable. Los estadounidenses quizás prefieran a quien les garantice seguir siendo poderosos en el mundo, que optar por Trump, entregado a los rusos y doblegado, hasta ahora, por los chinos.

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ER. TIEMPO: ¿Qué nacerá del Covid-19? La gran pregunta teórica que hoy existe en el mundo es cómo quedarán las cosas cuando la pandemia concluya y se neutralice la devastación económica que producirá. Los análisis se hacen a partir de lo que se ha visto. China le regaló dos meses al mundo para prepararse al poner en cuarentena a 170 millones de personas y alterar la vida a 700 millones. Sólo un régimen militar, profundamente autoritario podía haber sido capaz de ello. Pero demostró eficiencia sin importar las libertades que cercenaba. Europa y Estados Unidos tuvieron una diferente estrategia, cuidando las garantías de sus ciudadanos, pero el coronavirus los ha atacado con furia y tienen más víctimas que las que tuvo China. Tardíamente, pero optaron por lo mismo: reducir libertades a cambio de la vida. Cuatro mil millones de personas en el mundo, el 50% de la población, estimó el The New York Times, viven ahora bajo confinamiento con sus garantías individuales cercenadas. Es el choque abierto de modelos: el chino contra el de las democracias liberales. Y las perspectivas, vistas desde Occidente, son pesimistas. “Veremos un mayor repliegue de la hiperglobalización, al voltear los ciudadanos a gobiernos nacionalistas para que los protejan, y a estados y empresas buscando reducir futuras vulnerabilidades”, anticipa Stephen Walt, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Harvard. “La pandemia fortalecerá al Estado y reforzará el nacionalismo. Gobiernos de todo tipo adoptarán medidas de emergencia para administrar la crisis y muchos estarán poco dispuestos a entregar esos nuevos poderes cuanto acabe la crisis”. Es lo que un nuevo estudio del Institut Montaigne de París llama el “neoautoritarismo”, construyéndose ante nuestros ojos entre la competencia geopolítica y los modelos políticos confrontados. “En poco tiempo –resume Walt–, crearemos un mundo menos abierto, menos próspero y menos libre”. 

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