Raymundo Riva Palacio.

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ER. TIEMPO: Paulette sigue causando controversia. Netflix comenzó la semana pasada la transmisión de otro hit en su plataforma de streaming llamado Historia de un crimen: la búsqueda, que se refiere al caso de Paulette Gebara Farah, de cuatro años, reportada como desaparecida el 22 de marzo de 2010 y hallada muerta, en la recámara de su casa, nueve días después. El caso se convirtió en un escándalo mediático por la prominencia de las personas involucradas, comenzando por las familias de los padres de la menor y sus relaciones políticas con el gobierno del estado, en ese entonces gobernado por Enrique Peña Nieto, por haberse cruzado con la Semana Santa —cuando las noticias escasean y los temas infantiles siempre atraen a grandes audiencias— y por la afirmación inicial del entonces procurador mexiquense, Alberto Bazbaz, que se había tratado de un asesinato, apuntando como principal sospechosa a la madre de Paulette, Lizeth Farah, y que fue corrigiendo conforme pasaban los días hasta filtrar el video de la necropsia que concluía que todo había sido un accidente. La menor apareció en la parte baja de su cama. La forma como se manejó provocó una incredulidad general, porque no se explicaba cómo nunca se dio cuenta ningún funcionario que inspeccionó la recámara —incluido Bazbaz, quien se sentó en su cama—, ni los perros que llevaron para encontrar los olores que les permitieran encontrar a Paulette con vida, ni las trabajadoras domésticas que hicieron la cama se dieron cuenta. En la serie de Netflix, “basada en una historia real”, Bazbaz afirma que el cuerpo fue “sembrado”. El arranque de la serie se colocó rápidamente en lo más visto en Netflix México, y provocó muchas críticas, básicamente por la forma trivial y tragicómica con la que se aborda el caso. En la vida real no hubo nada tragicómico, se mezclaron intereses políticos y económicos, choques entre los funcionarios de Peña Nieto y un descrédito acelerado de Bazbaz, quien durante dos semanas le entregó repetidamente su renuncia al gobernador, quien se negaba a aceptarla, hasta que finalmente, metido su gobierno en un escándalo político, se la aceptó. El mal manejo de la investigación y el choque entre dos grupos, como se manejó en columnas políticas informadas, de Bazbaz, recomendado a Peña Nieto por el entonces procurador federal, Eduardo Medina Mora, y el secretario general de Gobierno, Luis Miranda, dejó incubada la idea de que se encubrió un crimen, como Netflix concluye su serie, prejuiciado desde el título, lo que en realidad no fue.

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DO. TIEMPO: La necropsia de Paulette. Desde los primeros momentos de la investigación sobre la desaparición de Paulette Gebara Farah, el entonces procurador del Estado de México, Alberto Bazbaz, se vio totalmente rebasado y en contradicción. El protagonismo que tuvo no correspondía con la evidencia, por lo que tras afirmar que había sido un asesinato, corrigió después a una muerte accidental. A lo primero llegó por conjeturas sin pruebas; a lo segundo, por la necropsia de Paulette, que se hizo el 31 de marzo, el día que la encontraron muerta. Firmada por los peritos César Hernández Mier y Héctor Hugo Hernández Ortega, explica una parte de la muerte. El fallecimiento, dijeron, fue entre cinco y nueve días antes de haber encontrado el cadáver, por el color verde que tenía el cuerpo cuando lo encontraron, generado por una mancha verde abdominal de ácido sulfúrico, que muestra putrefacción. El cuerpo no mostraba rigidez, que se alcanza a las ocho horas de haber muerto, de acuerdo con los expertos, y se empieza a perder entre 24 y 30 horas después de fallecer. La llamada “lividez cadavérica”, que es cuando por el efecto de la gravedad se desplaza la sangre hacia la parte más baja, estaba en la zona derecha del cuerpo de Paulette, que concordaba con la manera como la encontraron. Un perito independiente dijo que salvo que el cuerpo se hubiera movido de donde se encontraba en las primeras 12 horas de su muerte, máximo tiempo para que se fijen las manchas verdes, se puede afirmar que, según la necropsia, murió donde la hallaron. En la necropsia no se explica el tema de los olores, que nadie notó durante las dos primeras reconstrucciones que se hicieron en la recámara. En la serie de Netflix, Alfredo Castillo, quien llevó a cabo la investigación y terminó relevando a Bazbaz, dijo que era porque buscaban a una persona viva. En efecto, esa fue la razón por la que los perros no la olieron: buscaban a una persona viva, no muerta; es decir, estaban entrenados para otra función y las autoridades no llevaron a los adecuados. La razón que tampoco la oliera nadie y debe, explicó un experto, es que Paulette estaba muy bien alimentada, sin bacterias —en la necropsia olía a avellana—, por lo que casi no apestaba cuando la encontraron, durante la tercera reconstrucción. Fue debido a que un perito, con muy buen olfato, detectó un leve olor a putrefacción y cuando movió la colcha de la cama en la parte baja, vio el pie de la menor. ¿Por qué no la descubrieron cuando hicieron la cama? En el video donde se aprecia el momento cuando la hacen, no sacan las sábanas y las vuelven a colocar, sino que jalaron sábanas y cobijas únicamente. 

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ER. TIEMPO: La cama de Paulette y los misterios sin resolver. Expertos forenses siempre han dicho que la cama de Paulette era la clave del caso. La cama era una trampa en si misma, al tener inexplicablemente una base 15 centímetros mayor que el colchón, y un barandal de 30. Su madre, Lizeth Farah, la estaba enseñando a salir de la cama por el lado de los pies. Por la “lividez cadavérica y la maceración de los dedos de la mano derecha de Paulette, se pudo conjeturar que la pequeña se comenzó a deslizar en la cama hacia abajo durante la madrugada, cinco horas después de haber cenado, como dice la necropsia. Al llegar a la base, cayó sobre su costado derecho, pues tenía problemas motrices con el izquierdo, y no tuvo fuerza para despojarse de la colcha. La maceración de los dedos indica que se los llevó a la boca, y que la presión de su cuerpo contra la base de la cama le pudo causar la asfixia. El perito que la encontró vio que Paulette estaba metida debajo del colchón junto a las sábanas. El entonces procurador Alberto Bazbaz imputó a Lizeth el homicidio de su hija a partir de las declaraciones de su esposo, Mauricio Gebara, de quien estaba separada, aunque después se retractó. La familia de Bazbaz estaba involucrada en el negocio inmobiliario, como la de Gebara, el padre de Paulette, y la prensa política decía que el secretario general de Gobierno, Luis Miranda, intervino en ello, porque era novio de la prima de la madre, Alma Saldaña Farah. Un año después, cuando se casó con ella, declaró que no era familiar de Lizeth, pero para entonces, era una verdad pública. La serie de Netflix va encaminada a exculpar a Bazbaz y señalar a Miranda de encubrimiento. Finalmente es una serie, no un documental histórico. No se espera que aporte revelaciones ciertas —no es su función— ni que vaya a profundidad. Por ejemplo, qué familiar privó por horas de su libertad al padre de Paulette y le mandó dar una paliza por la manipulación hecha en la muerte de su madre, que cambiaría la intencionalidad de la serie, pero que habría mostrado la incompetencia del gobierno de Peña Nieto y, al mismo tiempo, la arquitectura de sus conflictos de interés, además de  intereses económicos desde esos tiempos. 

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