Raymundo Riva Palacio.

MuertosPeriodistas

1ER. TIEMPO: El cálculo totalmente errado. A mediados de diciembre hubo una reunión en Los Pinos con los directores de Comunicación Social del gobierno. Uno de los anfitriones fue Rodrigo Gallart, responsable de opinión pública en la Presidencia, quien ante la preocupación de algunos comunicadores sobre la reacción que podría haber como resultado del gasolinazo al arrancar el año, respondió que no se preocuparan, que estaban claros que habría una molestia durante unos días, pero que en una semana se disiparía. La instrucción fue que descansaran sus vacaciones, Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo. En el epílogo del 2016, la molestia ciudadana ya se había convertido en indignación. El gasolinazo, minimizado por el joven con lentes de lechuza, era una catástrofe social. Todavía hoy, cinco meses después, sigue siendo uno de los temas de mayor conversación de los mexicanos, según las encuestas, y la ola de malestar que sepultó las posibilidades del secretario de Hacienda, José Antonio Meade, de aspirar a la candidatura presidencial. No fue el único que pagó por la mala lectura de los que se supone son expertos en Los Pinos. El gasolinazo le quitó 15 puntos porcentuales en las preferencias electorales al candidato del PRI a la gubernatura del estado de México, Alfredo del Mazo, y su partido perdió 20% de identificación partidista. El daño, de acuerdo con estrategas de Del Mazo, fue brutal para el candidato. Pero esa ha sido la historia fatídica del sexenio, donde el principal afectado por el mal análisis y peores recomendaciones de decisión ha sido el presidente Enrique Peña Nieto, quien registró esta semana una leve mejoría en la aprobación de su gestión. Sin embargo, no hay nada qué celebrar. Ocho de cada 10 mexicanos desaprueban su gestión, que es una cifra constante desde hace dos años y medio. El enojo contra Peña Nieto también afecta a Del Mazo, quien en una semana y media juega la gubernatura con la candidata de Morena, Delfina Gómez, en una contienda cerrada, empatada hasta hoy en las encuestas, pero con 19% de los mexiquenses que no quieren responder las preguntas. Toda una biografía política contra una maestra, hija de albañil. Aparato político contra malestar. Sobre esas líneas se definirá el poder en Toluca.

2O. TIEMPO: En México, los periodistas no tienen quién los defienda. Las presiones externas son inéditas, inusitadas. La mala memoria y la ausencia de contexto no ubican en su dimensión real que 186 corresponsales extranjeros en México, hayan exigido al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto seguridad para los periodistas mexicanos, desafiando incluso al poder que podría reclamarles el porqué se entrometen en asuntos de política interna. Por mucho menos en el pasado, corresponsales extranjeros se han metido en problemas con Los Pinos y la Secretaría de Gobernación. Ahora no. El diario The Washington Post publicó un editorial institucional donde pedía al presidente mexicano que frenara las agresiones y los asesinatos a los periodistas. Nunca antes se habían dado estas expresiones de reclamo a un gobierno mexicano por el alto número de víctimas en el gremio periodístico. La reacción de los periodistas no es lo único que ha venido del exterior como llamada de atención al gobierno. La embajadora de Estados Unidos en México, Roberta Jacobson, ha expresado la preocupación de su gobierno por el asesinato constante de periodistas, y el secretario de Estado, Rex Tillerson, aprovechó unos minutos de la conferencia de prensa junto a los secretarios de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, tras un encuentro para discutir comercio y seguridad, para condenar el crimen del fundador de Ríodoce, el semanario de Sinaloa, Javier Valdez Cárdenas. El presidente Peña Nieto respondió con retórica y la Secretaría de Gobernación con planes para prevenir la violencia, después de 20 periodistas muertos en lo que va del sexenio. No es suficiente. La propaganda, tan proclives a hacerla, no resolverá el problema de la violencia con los periodistas y es lo que están observando en el mundo. La violencia contra la prensa y los periodistas se ha socializado internacionalmente y las cancillerías del mundo están recibiendo informes de sus embajadas en México. Al gobierno le parece un tema vinculado meramente a la seguridad, porque esa es la respuesta que está dando. Es mucho más que eso. Se trata de las libertades, de la democracia, de los valores humanos. Aquí eso puede ser sólo palabrería, pero en el mundo son cosas que se toman muy en serio y se actúa política y diplomáticamente cuando hay excesos.

 
3ER. TIEMPO: La polarización se encuentra en la sala de la casa. ¿Qué pensarán los políticos? ¿Qué pueden hacer lo que se les ocurra sin que haya consecuencias? ¿Qué pueden forjar pactos y luego romperlos? Las campañas para gobernador en el estado de México son un ejemplo. Había un acuerdo tácito entre el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto y el líder del PAN, Ricardo Anaya, para que juntos, cada quien con sus candidatos, frenaran a Morena de Andrés Manuel López Obrador. Pero todavía no arrancaba la campaña cuando decidieron en el gobierno inyectar un antídoto a la candidata panista, Josefina Vázquez Mota, que aparecía muy bien colocada en las encuestas preelectorales. Entonces, apareció en la prensa que el gobierno le había dado 900 millones de pesos a su ONG para apoyo a los migrantes mexicanos en Estados Unidos, con lo que la descalificaron como opositora independiente. Anaya respondió. Cambió de dirección sus misiles y no ha dejado de lanzarlos contra el PRI y su candidato Alfredo del Mazo, recordando la corrupción y el mal gobierno del presidente Peña Nieto, la rampante inseguridad y el mediocre crecimiento. El gobierno también torpedeó la posibilidad de una alianza del PAN con el PRD, y cuando el PRD aceptó no ir junto con los panistas a cambio del apoyo federal en las elecciones del próximo año en la Ciudad de México, buscó que el conductor más popular y creíble en la televisión, Javier Alatorre, fuera su candidato. Las encuestas que mandó hacer el PRD para medirlo, fueron asombrosas. No había nadie que pudiera arrebatarle la victoria. Entonces, el presidente y el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, trabajaron para presionarlo y que no aceptara ser candidato, lo que finalmente sucedió. Todo lo que Peña Nieto deseaba desde un principio, la unión de fuerzas para frenar a Morena, lo saboteó el propio gobierno federal. Con sus acciones se enfrentó y se enemistó con sus aliados tácticos y los eliminó como potenciales competidores en el estado de México. Con ello favoreció a la candidata de Morena, Delfina Gómez, y convirtió una elección entre cuatro, a una entre dos, con una polarización política creciente y acompañada del malestar ciudadano. Ningún escenario mejor se podía encontrar… quien compita contra Peña Nieto y el PRI. Buena estrategia desarrollaron, sin duda, pero para sus adversarios.

Compartir