Hannia Novell

Las mujeres en Arabia Saudita nunca más volverán a estar en el asiento trasero. Tras una larga lucha de casi tres décadas, desde el primer minuto del domingo 24 de junio quedó sin efecto una prohibición única en el mundo para que las mujeres condujeran vehículos en ese país.

Emocionadas y orgullosas, las mujeres sauditas comenzaron a circular por Riad, la capital de un reino ultraconservador de 32 millones de habitantes. Se trata de una reforma histórica que provocó en ellas un sentimiento de libertad a pesar de que muchas discriminaciones persistan.

Por redes sociales circularon las historias en todo el planeta. Una de ellas, la de Samar Almogren, quien giró por primera vez la llave del contacto de su automóvil y describió la acción como “un momento inolvidable”, a pesar de que ya había circulado en el extranjero.

“Tengo escalofríos por todo el cuerpo. Llevar el volante después de haber pasado años en el asiento trasero. Ahora es mi responsabilidad y estoy más lista que nunca para asumirla”, afirmó.

La decisión que permitirá a las sauditas que ya no dependan de choferes privados o familiares hombres, fue promovida por el príncipe heredero Mohamed bin Salmán y forma parte de un plan de modernización del país petrolero, donde las mujeres siguen sujetas a un severo sistema patriarcal.

De hecho, las saudíes deben salir con velo y siguen sometidas a restricciones importantes: no pueden viajar, estudiar o trabajar sin permiso de sus maridos o los hombres de su familia.

Pero si esto suena absolutamente irracional en pleno siglo XXI, esto es nada frente a los peligros que enfrenta la población femenil en otros países del mundo.

Hace siete años, expertos de la Fundación Thomson Reuters realizaron una encuesta que reveló a los cinco países más peligrosos del mundo para las mujeres. La lista era encabezada por Afganistán, la República Democrática del Congo, Pakistán, India y Somalia.

En este 2018 se repitió la encuesta con la intención de saber si la situación había cambiado.

Para eso se midieron parámetros como la atención médica, el acceso a recursos económicos, la violencia sexual y no sexual, así como la trata de personas.

Y sí hubo cambios. India está a la cabeza de la lista seguida de Afganistán, Siria, Somalia, Arabia Saudita, Pakistán, la República Democrática del Congo, Yemen, Nigeria y, sorprendentemente, Estados Unidos, que cierra la lista.

Veamos los dos extremos. India, la nación más poblada del mundo es a su vez la más peligrosa en el riesgo de violencia sexual y hostigamiento contra las mujeres, y el país donde más peligro corren de ser víctimas de trata de personas y de ser sometidas a trabajo forzoso, esclavitud sexual y servidumbre doméstica.

En 2016 registró 38 mil 947 denuncias por violación, 20 mil de las cuales tuvieron como víctimas a menores. Un caso reciente que provocó gran indignación fue el de Ashifa Bano, una menor de ocho años que fue violada y asesinada por ocho hombres.

Estados Unidos es el único país occidental que figura en la lista. Durante el último año ha surgido en el país el movimiento #MeToo, que ha visibilizado el acoso sexual que sufren las mujeres y que ha inspirado a otras voces femeninas de todo el planeta a romper el silencio y denunciar los acosos que han sufrido.

Por lo pronto, en este mundo de contrastes, las mujeres en Arabia Saudita nunca más volverán a estar en el asiento trasero. Ahora serán conductoras de su vida, lo que debe celebrarse y servir de ejemplo para esas y otras naciones donde ser mujer parece ser 
un pecado.

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