Hannia Novell

El Senado de la República designará en las próximas horas a las magistradas y magistrados de Tribunales Electorales de 17 entidades federativas, a quienes les corresponderá calificar las elecciones de gubernaturas, presidencias municipales y congresos locales en 2024.

Con la reforma electoral de 2014, ya no son los Congresos locales los que hacen las designaciones, sino el Senado. El problema es que el poder y los intereses de los gobernadores fue sustituido por liderazgos nacionales, que están decididos a jugar sus fichas y avanzar en sus aspiraciones políticas, a costa del debilitamiento de las instituciones.

La lista de 19 aspirantes que buscan ocupar el único lugar vacante en el Tribunal Electoral de la Ciudad de México muestra la debilidad de un proceso de designación, que está muy lejos de ser transparente, justo y equitativo. Las comparecencias ante los integrantes de la Comisión de Justicia fue un verdadero desastre, porque apenas había dos o tres legisladores en la comparecencia de cada uno de los postulantes.

Con el pretexto de la pandemia, una pésima logística de reuniones virtuales realizadas el mismo día y al mismo tiempo, se frustró la posibilidad de que todos y cada uno de los miembros de la comisión legislativa conociera y evaluara a los comparecientes. Tal parece que las comparecencias fueron un mero formalismo y los dados ya están cargados.

Hay muchos personajes interesados en mover sus fichas y favorecer sus aspiraciones políticas. Uno de ellos es el presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo) del Senado, Ricardo Monreal Ávila, quien ha manifestado su decisión de participar en la sucesión presidencial en 2024, sea como candidato de Morena o contra Morena.

Mientras en público exige piso parejo y una contienda transparente sin favoritismos que apoyen a Claudia Sheinbaum, Monreal Ávila busca incidir en la decisión de sus pares para que voten a favor de quien le garantiza obediencia y sumisión. Para nadie es un secreto que Anabel Gordillo Argüello es la favorita de Monreal. 

Pero no es el único caso. Sandra Delgado Chapman es impulsada por el dirigente de Morena, Mario Delgado. Ella jugó un papel central en la representación de Morena ante el Instituto Nacional Electoral (INE), bajo el mando de Sergio Gutiérrez Luna, hoy presidente de la Cámara de Diputados.

Acción Nacional también le entró al juego. Martha Grez Ramírez tiene una relación directa con el PAN. Fue Jefa de Unidad Departamental de la alcaldía Benito Juárez, entre 2010 y 2013, por lo que trabajó durante las administraciones de Mario Palacios Acosta y Jorge Romero Herrera, quien actualmente es coordinador de la diputación federal panista y ya manifestó su interés en buscar la candidatura del blanquiazul para el Gobierno de la Ciudad de México.

La Ciudad de México es un bastión electoral importantísimo porque el número de votantes, es superior a los 7.5 millones y todos los actores políticos lo saben, de ahí su interés estratégico. Esa es la razón por la que las y los senadores deben privilegiar las trayectorias, la experiencia y capacidades de los aspirantes, sin tomar en cuenta el ruido de las recomendaciones interesadas.

La democracia va más allá de los votos. Es confianza, es transparencia, es efectividad. Si permitimos que las posiciones electorales, las que cuentan los votos y califican la legalidad de los procesos, sean rehenes de los intereses partidistas y aspiraciones políticas, entonces no hemos aprendido la lección. Hay que cuidar las instituciones. 

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