Hannia Novell

El tsunami de las elecciones de 2018 se convirtió, tres años después, en el naufragio de aquel partido que se proclamaba como único y poderoso.

El partido del Presidente del país perdió la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y se desplomó en la Ciudad de México. 

Ganó algunas gubernaturas, pero ya no tiene el apoyo inquebrantable de los 30 millones de votos que presumían con euforia. La nueva configuración política complica sobre manera el proyecto transformador de la autodenominada 4T.

Desde 1997, las elecciones intermedias son identificadas como una especie de referéndum sobre la gestión del Presidente en turno, en las que el partido oficialista pierde apoyo ciudadano y espacios políticos. Los comicios celebrados este domingo confirman la regla.

En las elecciones presidenciales del 2000, Vicente Fox alcanzó la Presidencia y logró la incorporación de 224 diputados federales; en los comicios de 2003, Acción Nacional sufrió un desgaste y terminó con 153 legisladores. 

En 2006, Felipe Calderón inició su sexenio con 209 diputados y en las intermedias de 2009, la oposición le arrebató 63 curules. El priista Enrique Peña Nieto empezó su gestión en 2012 con 214 legisladores, en los comicios de 2015 consiguió 203.

López Obrador inició su gobierno con el apoyo de 333 diputados de Morena, el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT), lo que les permitió avasallar a la oposición y realizar las reformas constitucionales para abrirle paso a la denominada Cuarta Transformación.

A partir del próximo 1º de septiembre, el Presidente tendría en San Lázaro el apoyo de 281 diputados federales. Para llegar a esa cantidad de votos y sacar adelante la agenda legislativa de la 4T, depende de los 48 legisladores que tendrá el PVEM y de los 41 del PT. Aún así, Morena y sus aliados no alcanzan la mayoría calificada. Es decir, no tienen los 333 votos indispensables para modificar la Constitución. 

Por lo tanto, para hacer reformas de gran calado, Morena está en la necesidad de negociar con las fuerzas de oposición. Así que esa voz que suena desde Palacio Nacional todas las mañanas ya no es única ni omnipotente, debe tender puentes de diálogo para avanzar en los cambios que necesita.

Con una correlación de fuerzas distinta en la Cámara de Diputados, Fox, Calderón y Peña Nieto tuvieron que negociar con sus opositores en el Congreso y debieron sacrificar a los dirigentes partidistas. Esa fue la razón de la salida de Germán Martínez quien, con honestidad y arrojo, renunció en 2015 a la dirigencia nacional del PAN asumiendo el costo de la derrota.

La dimisión de Mario Delgado debiera ser inminente. El líder nacional de Morena carga sobre su espalda la fractura del monopolio político del partido en el poder, la división de la militancia lopezobreradorista y la dolorosa pérdida de la Ciudad de México, como el bastión de la izquierda mexicana.

Aún es temprano para confirmar si el PRI, PAN y PRD serán capaces de convertir su alianza electoral en una alianza legislativa y utilizar el poder que el electorado les entregó en las urnas, para reactivar la economía, defender los derechos de las mujeres, recuperar las estancias infantiles, reabastecer medicinas y tratamientos en los hospitales públicos y rescatar la seguridad de los mexicanos, que hoy son presas de los criminales en amplias zonas del país. 

Morena perdió votantes este 6 de junio y eso evidentemente impacta también en las aspiraciones presidenciales de Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal. Los resultados de 2021 son el prólogo de 2024. 

Síguenos en @EjeOpinion

Compartir