Hannia Novell

Lo confieso: no soy pambolera. No niego que me emocione ver los partidos de un Mundial y seguir a la Selección Nacional, pero hasta ahí. Quizá por ello no asumí a cabalidad lo que hace unos días me comentó el integrante de un equipo de campaña.

Pedía una entrevista pues, desde su punto de vista, dos días después del tercer debate presidencial —previsto para el martes 12 de junio— se inaugurará el Mundial de Futbol de Rusia 2018 y a partir de ese momento, me decía, ya todo será historia.

Los mexicanos, como buena parte del mundo, estarán concentrados en la justa deportiva. Lo que no se logre en las próximas dos semanas, apuntó, difícilmente tendrá un impacto en el electorado. ¿Será?

Lo primero que se debe establecer es que ambos eventos (elecciones presidenciales y Mundial) coinciden cada 12 años. Así ocurrió en 2006 y en 1994.

Este año, el Tri está ubicado en el Grupo F y jugará en tres ocasiones durante junio: el 17 contra Alemania, el 23 contra Corea del Sur, y el 27 contra Suecia. El domingo 1 de julio, día de los comicios, no tendrá actividad.

De hecho, en el remoto caso de que el equipo avanzara al ansiado “quinto partido”, éste podría disputarse el lunes 2 de julio, si pasa como segundo del grupo; y el martes 3 de julio, si avanza como primero. Eso me dicen los expertos y les creo.

Pero, ¿qué ha pasado en los mundiales anteriores? En 2006, disputaban la Presidencia de la República, Felipe Calderón Hinojosa por el PAN; Andrés Manuel López Obrador por la coalición PRD-PT-Convergencia; Roberto Madrazo de la alianza PRI-PVEM; Patricia Mercado por el Partido Social Demócrata (PSD) y Roberto Campa por Nueva Alianza.

Calderón Hinojosa supo subirse a la ola mundialista. En sus mítines repartió balones, camisetas, calendarios y demás souvernirs que mezclaban los emblemas de su campaña y los de la representación nacional.

El panista grabó spots con futbolistas y organizó sus eventos en función de los tres partidos de la primera fase del campeonato. A diferencia de López Obrador, quien no tomó en cuenta la Copa Mundial de Futbol. ¿Esto lo afectó? Difícil saberlo, pero si hiciéramos un símil diríamos que perdió en penales y por la mínima diferencia.

Doce años antes, en el aciago 1994, el año de la insurrección zapatista, del asesinato de José Francisco Ruiz Massiue y del magnicidio de Luis Donaldo Colosio, el Tri enfrentó a Bulgaria en el Estadio de Los Gigantes, en Nueva Jersey.

Era un 5 de julio y mientras se transmitía el partido, los aficionados pudieron leer, junto a los marcadores electrónicos, dos mantas: “Cárdenas por México” y “Zedillo, bienestar para tu familia”. A la entrada del estadio se repartieron volantes con la leyenda: “No al fraude electoral en México”.

En el auditorio Plutarco Elías Calles de la sede nacional priista, Ernesto Zedillo vio el partido acompañado de Manuel Negrete, Miguel Herrera, Ricardo Peláez, Enrique Rodón y Roberto Andrade. No hubo quinto partido y un mes después, el 21 de agosto, Zedillo Ponce de León ganaría la elección.

En pocos días sabremos si alguno de los candidatos se monta en la fiesta mundialista. Por lo pronto, el partido que los mexicanos jugaremos el primer domingo de julio se antoja complicado: el árbitro electoral ya fue descalificado, no le sacó la “tarjeta roja” a El Bronco y durante el tiempo reglamentario fue incapaz de sancionar los penales.

Lo cierto es que, hasta hoy, nadie en su sano juicio puede prever si habrá “goliza” o si el resultado se definirá en una muerte súbita.

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