Hannia Novell

A 89 días de dejar el poder, el presidente Enrique Peña Nieto inició el doloroso proceso del adiós. Lo hizo con una serie de videos transmitidos en cadena nacional todas las mañanas de la última semana de agosto, así como en entrevistas para varios medios de comunicación, todo en el marco de su sexto y último Informe de Gobierno.

Más que un ejercicio de rendición de cuentas, su discurso pareció ser un mea culpa de los errores y omisiones cometidos en su administración. La lista resultó ser más larga de lo que el propio mandatario debió imaginar.

El mexiquense terminó por aceptar que el escándalo de #LaCasaBlanca afectó la credibilidad de su gobierno; además de que su respuesta fue inadecuada. “Impactó negativamente en el gobierno, en la credibilidad de la institución presidencial y en la credibilidad de mi administración”.

Peña Nieto dijo que no debió permitir que su esposa, Angélica Rivera, diera una explicación respecto al origen de la propiedad, pues era él a quien le correspondía responder a los señalamientos.

Sin embargo, refrendó que no actuó de manera incorrecta y aclaró que sí ofreció una disculpa pública, 18 meses después de la publicación del reportaje, fue por el daño que el escándalo hizo a la institución presidencial.

En el tema Ayotzinapa, salió en defensa de la llamada “verdad histórica”. Aseguró que existen evidencias claras y contundentes de que “muy lamentablemente” los 43 normalistas desaparecidos  fueron incinerados “por un grupo delincuencial”.

Recordó que la PGR atrajo el expediente que correspondía al ámbito local y que luego de una investigación “profunda y amplia” se llegó a la conclusión de que los estudiantes fueron incinerados en el basurero de Cocula. “En lo personal, y con el dolor que causa, estoy en la convicción de que lamentablemente pasó lo que la investigación arrojó”, manifestó.

Por otro lado, reconoció que incrementar el precio de la gasolina en 2017 fue una “decisión difícil, pero necesaria”, pensada en el futuro del país.

“Asumo plenamente la responsabilidad de haber liberado el precio de la gasolina (…) Hacíamos eso o había que hacer recortes en el gasto público a varios programas que benefician a millones de mexicanos, Prospera, inversión en educación, en salud”.

El lunes 3 de septiembre, desde Palacio Nacional, reconoció estar consciente que su administración no logró alcanzar el objetivo de recuperar la paz y la seguridad del país. Dijo que su gobierno tuvo éxito al combatir a ciertos grupos criminales, aunque eso provocó la aparición de células de menor tamaño que las policías estatales no pudieron enfrentar.

Por supuesto, también defendió sus logros. El principal: las 14 reformas estructurales que fueron aprobadas durante su administración gracias al Pacto por México, las cuales “han sentado bases bien importantes para que México siga creciendo”.

No obstante, la realidad parece ser más necia y según una encuesta de De las Heras Demotecnia, un 64 por ciento de los mexicanos opina que Peña Nieto fue un mal presidente; 71 considera que la pobreza en el país se agudizó; 73 tiene la percepción de que la economía del país decreció y el 81 cree que el combate a la inseguridad empeoró. Según ese sondeo, Peña Nieto termina con 26 por ciento de aprobación y lo que más recuerda la ciudadanía del último informe de gobierno es que le faltó mucho por hacer.

Para conocer el juicio de la historia, hace falta tiempo. Sin embargo, a seis años de distancia, Peña Nieto parece representar hoy la visión de los vencidos. Vamos a ver qué hacen los que siguen.

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