Hannia Novell

El tan temido anuncio de que Estados Unidos dejaría el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), nunca llegó.

Había motivos para el pesimismo. Más allá de las bravuconadas características del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la 6ª Ronda de Renegociaciones del acuerdo comercial inició con un decreto que impone un arancel del 30% a la importación de paneles solares y del 20% a las lavadoras residenciales, medidas que serán impugnadas ante la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Pese a esta decisión del mandatario estadounidense y pese a todos los augurios, la 6ª Ronda concluyó este lunes 29 de enero con avances: se cerró el capítulo de Anticorrupción y el Anexo sobre Tecnologías de la Información y Comunicación.

Asimismo, se registraron avances en los capítulos de Medidas Sanitarias y Fitosanitarias; Telecomunicaciones y Obstáculos Técnicos al Comercio, así como en los anexos de productos farmacéuticos, químicos y cosméticos.

No obstante, el peligro de ruptura sigue latente. El representante comercial de la Casa Blanca, Robert Lighthizer, reconoció que al término de esta ronda se produjeron “algunos avances”, pero reprochó que el ritmo de las conversaciones es “sumamente lento”.

Así que México debe estar preparado para cualquier exabrupto. De hecho, ya se hace el trabajo. El pasado 23 de enero, en Tokio, Japón, los negociadores de los 11 países participantes del Acuerdo Amplio y Progresista de Asociación Transpacífico, conocido como TPP11, lograron un texto final del pacto comercial.

Originalmente el acuerdo incluía a Estados Unidos, pero en enero de 2017 el presidente Trump firmó una orden ejecutiva para sacar al país de ese pacto y cumpir así con una de sus promesas de campaña, con lo que estos 11 países enviaron al magnate una señal importante: la globalización sigue adelante con o sin Estados Unidos.

El texto final del acuerdo será sometido a los congresos de las naciones firmantes (México, Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Japón, Malasia, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam), para su ratificación y firma en marzo próximo.

Paralelamente, del 8 al 17 de enero pasados se llevó a cabo la Octava Ronda de Negociaciones para la Modernización del Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea (TLCUEM). En esas conversaciones se lograron avances en temas como acceso a mercados, reglas de origen, propiedad intelectual, contratación pública, subsidios, comercio de servicios, inversión y mejoras en el proceso de solución de diferencias comerciales.

Para avanzar en los temas pendientes, se realizarán reuniones técnicas en la semana del 5 de febrero en Bruselas, Bélgica. Esto significa que México le apuesta a la diversificación de sus mercados. Y hace bien.

La 7ª Ronda de Negociaciones del TLCAN se realizará en la Ciudad de México, del 26 de febrero al 6 de marzo. Ahí se discutirán los temas más espinosos: los mecanismos para la resolución de controversias; la “cláusula de caducidad” o “cláusula sunset” para que el Tratado expire cada cinco años y se tenga que renegociar de cero; el contenido estadounidense en el sector automotor, y la estacionalidad para la exportación de productos hortícolas.

Hay temas que para México resultan intransitables y que no debe aceptar. Tiene que jugar el juego de su contrincante, no aceptar amenazas y pagar a Trump con la misma carta: abandonar el acuerdo antes de una mala negociación que afecte los intereses de las empresas y las industrias nacionales. México tiene futuro con o sin TLCAN y así debe hacerlo valer en la recta final de la modernización.​

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