Hannia Novell

La crisis provocada por la ola de feminicidios ha provocado desconcierto en el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Los reflejos naturales del mandatario mexicano se están desgastando. Lejos de reconocer que México es uno de los países donde las mujeres están más expuestas y vulnerables a la violencia, inseguridad, desigualdad económica y falta de acceso al sistema de salud, López Obrador ha mostrado una indignante indiferencia al soslayar las protestas. Y no sólo eso: en descalificarlas.

“Se cayó en decadencia, un proceso de degradación progresivo que tuvo que ver con el modelo neoliberal”, respondió cuando fue cuestionado sobre el caso de la pequeña Fátima, de apenas siete años, reportada como desaparecida el 11 de este mes por su madre y cuyo cuerpo fue hallado con signos de tortura cinco días después.

Diez mujeres son asesinadas a diario en territorio mexicano, de acuerdo con la ONU. De 2015 a la fecha, suman cuatro mil feminicidios a nivel nacional, según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). Las mujeres son las principales víctimas de delitos sexuales: en 2017, la tasa de este delito fue de dos mil 733 por cada 100 mil mujeres, cifra mayor a la tasa de mil 764 registrada en 2016 por el Inegi.

La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública de 2018 revela que, de 2013 a 2018, la sensación de inseguridad entre las mujeres pasó de 74.7 a 82.1%, lo mismo en lugares públicos, como en privados.

Por si fuera poco, la violencia que ejercen parejas, esposos, exnovios o exmaridos contra las mujeres en México supera el 64%: la violencia machista incluye jalones, empujones, golpes, patadas, intentos de asfixia o estrangulamiento, agresiones con armas de fuego y abusos sexuales, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2016.

La violencia machista es insostenible. Hasta los organismos internacionales han dado cuenta de la alarmante situación: las Naciones Unidas, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y el Instituto Georgetown, que en su Índice de Mujeres Paz y Seguridad 2019-2020, ubica a México en la posición 103 de 167, por debajo de Venezuela y Nicaragua.

Mientras la sangre corre, los hogares se llenan de luto y las protestas crecen, en el gobierno de la 4T prevalece la confusión, las contradicciones y la polémica banal. La convocatoria a #UnDíaSinNosotras no tiene colores ni siglas partidistas. 

Sin embargo, Irma Eréndira Sandoval, secretaria de la Función Pública, ya les puso un mote a quienes promueven esta iniciativa: fakeministas; mientras que Beatriz Gutiérrez se animó a promoverlo desde la red de Instagram y se arrepintió minutos después.

Olga Sánchez Cordero anunció “a título personal” que ella es empática con la lucha de las mujeres y que las trabajadoras de la Secretaría de Gobernación están en total libertad de faltar al trabajo, sin represalias ni descuentos en nómina. No obstante, ella despachará normalmente desde sus oficinas.

Como nunca, el gobierno federal y el Congreso de la Unión tienen una integración paritaria. En el Instituto Nacional de la Mujeres está Nadine Gasman; en la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, Candelaria Ávalos, y Diana Álvarez en la subsecretaria de Participación Ciudadana de Segob. 

Y todas nos preguntamos: ¿dónde está esa paridad de género reflejada en políticas públicas para las mujeres? 

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