Hannia Novell

“Se asiste al ocaso; se siente que otro sol va a nacer” José López Portillo, en el marco de su V Informe de Gobierno
Estamos a 15 meses de que Enrique Peña Nieto deje la Presidencia de la República. El Quinto Informe de Gobierno ha marcado históricamente el ocaso de los mandatos presidenciales. Es el último en el cual el Presidente de la República en turno se muestra con poder absoluto.

A partir de ese momento comienza el declive, pues el canibalismo estará en pleno apogeo. Las luchas intestinas por la sucesión terminarán devorándolo. La clase política ya no pensará en otra cosa que en el destape y las miradas se volcarán sobre el ungido.

Peña Nieto está consciente de esto. En el mensaje que expresó el sábado pasado en Palacio Nacional, habló —sin mencionarlo explícitamente— de todo eso.

“Hace años que México no se encontraba en una encrucijada tan decisiva y determinante como la actual. La disyuntiva es muy clara: seguir construyendo para hacer de México una de las potencias mundiales del siglo XXI o ceder a un modelo del pasado que ya ha fracasado. El futuro es incierto, pero sabemos a dónde queremos llegar. El pasado es conocido, y por eso sabemos qué queremos o qué debemos evitar”, manifestó.

Está claro que el mexiquense ve a Andrés Manuel López Obrador como el enemigo a vencer. Cuando habla de ese pasado que México debe evitar no se refiere a los sexenios de los panistas Vicente Fox o de Felipe Calderón, sino a los de sus correligionarios que encabezaron un modelo económico estatista: los de Luis Echeverría y de José López Portillo, que a la postre sumaron al país en profundas crisis.

Más allá de los peligros que vislumbra el primer mandatario para los meses por venir, también debemos detenernos en el presente. “La transformación que hemos emprendido seguirá adelante, porque México no se detiene (…) Los ciudadanos nos exigen continuar en la ruta de la renovación y el cambio, y estamos comprometidos a hacerlo”.

Pero, ¿esa es la ruta que queremos los mexicanos? En la más reciente encuesta de Buendía & Laredo, 69% de los entrevistados respondieron que el país va por un mal o muy mal camino contra sólo un porcentaje de 18 que opinó lo contrario.

A su vez, la encuestadora De las Heras–Demotecnia en su Evaluación del gobierno federal, instituciones y demandas más importantes de los mexicanos, calificó el trabajo del primer mandatario con apenas 4.8, con un rango de desaprobación de 62 por ciento.

A la pregunta: Si usted pudiera hablar con el presidente Enrique Peña Nieto para darle su opinión sobre cómo está gobernando, 46% contestó: muy mal, por este camino no vamos a ningún lado; 24 por ciento dijo: más o menos bien, no se ha visto gran cosa y 20% comentó: medio mal, con muchos errores.

Enrique Peña Nieto quiso pasar a la historia como el mandatario de las reformas estructurales: 11 aprobadas en los primeros 20 meses de su administración, pero a finales de septiembre de 2014 se le atravesó la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa. Luego vinieron otros escándalos.

La Casa Blanca, la matanza de Tlatlaya, la fuga-recaptura de Joaquín El Chapo Guzmán y más recientemente, el intento por imponer a Raúl Cervantes como #FiscalCarnal. Será la historia quien juzgue a Peña Nieto. Por lo pronto, desde ahora seremos testigos de su ocaso. En cuestión de semanas, los reflectores estarán sobre el candidato del PRI y los otros aspirantes a Los Pinos. Estamos ya en el principio del fin.

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