Hannia Novell

Andrés Manuel López Obrador, quien arrasó en las elecciones del pasado 1 de julio y rompió la hegemonía del PRI y el PAN para convertirse en el presidente electo más votado en México, todavía no asume el poder, pero tiene prisa en hacerlo.

Las dos semanas que siguieron a la jornada electoral han sido de una actividad frenética en pos del cambio radical prometido. “Que nadie se asuste, vamos a lograr esta transformación que no por ser pacífica y ordenada, será superficial o por encimita. Va a hacer una revolución de conciencias, profunda y radical”.

En aras de arrancar de raíz “el régimen corrupto, de injusticias y de privilegios”, se comprometió con lo que él mismo definió como la Cuarta Transformación de México. En la pasada entrega detallamos algunos elementos de esa revolución, que completamos a continuación.

Austeridad gubernamental. Trabajar de lunes a sábado cuando menos ocho horas diarias y percibir un salario máximo mensual de 41 mil pesos mensuales; no contar con más de cinco asesores ni guardaespaldas; sólo los secretarios de Estado tendrán asistentes particulares; además de que no se autorizarán viajes al extranjero, salvo en casos excepcionales y absolutamente necesarios. Esas son algunas medidas que el tabasqueño instruyó a sus futuros secretarios de Estado y altos funcionarios de la administración pública federal.

No habrá adquisiciones de vehículos nuevos para funcionarios, no se comprarán sistemas de cómputo en el primer año de gobierno; y se prohíbe la remodelación de oficinas. Se suprimirán bonos para funcionarios; gastos de viáticos se limitarán a lo indispensable, y desaparecerá toda partida para gastos médicos privados y el Seguro de Separación Individualizada. También se reducirá en 70% el personal de confianza.

Programas sociales. Bajo la premisa de “becarios sí, sicarios no”, el tabasqueño anunció que implementará un sistema de apoyos económicos a estudiantes y desempleados. Para que no abandonen sus estudios, prometió la entrega de dos mil 400 pesos mensuales a 300 mil alumnos con escasos recursos en educación superior.

En su primera reunión con el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) afinó la puesta en marcha de la figura del “aprendiz” que beneficiaría a 2.3 millones de jóvenes estudiantes que se podrán vincular al sector laboral y que recibirán tres mil 600 pesos mensuales.

Para los adultos mayores, se comprometió a aumentar la pensión mensual que iría de mil 160 pesos a mil 200 pesos. Actualmente la reciben 5.5 millones de personas, pero el compromiso es entregarla a 14 millones adultos mayores de 65 años en el país.

Revocación de la Reforma Educativa. En este rubro, AMLO anunció que habrá una nueva política educativa que se diseñará con la participación de maestros, padres de familia y especialistas. De entrada, se eliminarán las “medidas punitivas” que han convertido a la evaluación en un mecanismo para garantizar o no la permanencia de los profesores en sus plazas.

Además, se fortalecerán a las escuelas normales y a la Universidad Pedagógica Nacional y se ampliará la oferta educativa con la construcción de más planteles de educación media superior y superior. En zonas marginadas, se dotará de alimentos a los niños de educación básica.

Combate a la corrupción. Se convocará a la población a construir un “consenso ético” para dar paso a una Constitución Moral, donde se rescatarán los valores fundamentales que debemos tener como sociedad. “No sólo buscaremos el bienestar material, sino también el bienestar del alma. Repetiremos una y mil veces que sólo siendo buenos, podemos ser felices”.

Las metas son ambiciosas. ¿Seis años son suficientes? ¿Alcanzará el presupuesto? ¿Qué resistencias enfrentarán estas reformas? ¿Pasará AMLO a la historia tal como lo hicieron Juárez, Madero o Hidalgo? Tendremos los siguientes seis años para documentarlo.

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