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Marco Antonio Aguilar

Era una tarde de miércoles y el sol comenzaba a esconderse. Como todos los días, Margarita llegó a la parada de camiones que tomaba para ir a casa. Había salido de la preparatoria luego de su entrenamiento de basquetbol. Al subir al transporte, sintió que una mirada la recorrió, igual que ella lo hizo con el largo pasillo del vehículo. Al principio le pareció normal, luego una insistente mirada la incomodó.

El hombre de unos 25 años la miraba insistente. En la siguiente parada el camión se llenó.  El joven se puso de pie y se recorrió hasta donde ella estaba. Se puso detrás de Margarita y le susurró al oído: “Perdón, pero para que quepa más gente”, le expresó mientras sonreía coquetamente. Ella lo ignoró.

El transporte había avanzado unos metros, cuando sintió una mano sobre el pantalón deportivo que vestía Margarita; sin temor, la mano subió hasta sus nalgas. La joven de 25 años, de mediana estatura y tez clara sintió que su cara se puso tan roja como su cabello. Tenía miedo, pero el enojo era mayor. Decidió bajarse y caminar un poco para tomar otro camión.

Corrió rápido, casi como los latidos de su corazón en ese momento. Al subir al nuevo transporte notó que el chofer esperaba a otro pasajero: era el mismo hombre. La había seguido. Aunque el transporte estaba casi vacío, el sujeto se sentó junto a ella. “Casi no lo alcanzo”, le dijo en un tono amigable y con la misma sonrisa que le lanzó en el primer vehículo.

Margarita se levantó del asiento, fue a la puerta trasera y esperó llegar a su parada para bajar. Cuando el hombre se puso de pie, la joven temerosa decidió bajar y correr. Sin mirar atrás, sintiendo el peligro detrás de ella, corrió las cinco cuadras que le faltaban para llegar a casa. Al llegar, el temor se convirtió en llanto.

›En México,66.1% de las mujeres ha enfrentado violencia de cualquier tipo y de cualquier agresor, alguna vez en su vida, según las estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Margarita y las más de 30.7 millones de historias han enojado a más de uno. Josué Rodríguez, un joven de 21 años y estudiante de sistemas computacionales, fue uno de ellos. 

La violencia contra amigas y familiares, las mujeres de su ciudad y las que a diario reportan los noticieros, lo llevaron a proponer una solución.

Aura es una aplicación de transporte que, aunque por ahora solo está disponible en Ciudad Juárez, Chihuahua, se espera pueda expandirse a todo el país.  Es de uso exclusivo para mujeres, tanto conductoras como pasajeras. A tan sólo un mes de su lanzamiento, ya cuenta con más de siete mil usuarias y 200 conductoras.

“Nace a raíz de escuchar historias de acoso, de intentos de violaciones, de secuestro. Me causaba mucha impotencia y sentí la necesidad de hacer algo para, al menos, reducir un poco esto”, explicó el joven creador.

Como ésta, muchas aplicaciones, dispositivos electrónicos y campañas y estrategias digitales han sido creadas para prevenir la violencia de género, no sólo en México, sino alrededor de todo el mundo. Evitar un abuso sexual, una agresión física, un secuestro y feminicidios, podría estar al alcance de un clic. 

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