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ejecentral

¡De nosotros es la calle porque somos libres para expresarnos!”… “¡Somos los representantes del México oprimido, el de los abusos y el que ya está cansado de que la oligarquía se aproveche de nosotros!” … “¡Somos el pueblo y los hijos de campesinos y hombres de la tierra!”… “¡Nosotros somos la patria…!”

A las dos de la tarde del miércoles 11 de febrero las calles de la ciudad de Oaxaca fueron bloqueadas de nueva cuenta, luego de tres días de sitiar a la capital del estado. Esta vez aun más enfurecidos: Antes era para mostrar fortaleza gremial y hasta intransigencia; esta vez enfurecidos por la “no resolución favorable” de las autoridades federales a sus demandas de “no” a la reforma constitucional educativa y… –decían-. 

El miércoles 11 los maestros de la Sección XXII de la CNTE cerraron calles y accesos carreteros. Atravesaron camiones y carros o sus propios cuerpos. No había solución. Estaban de nueva cuenta ahí, como hace unas semanas, como hace unos meses, como hace años. Siempre ahí. Inmaculada presencia infinita que todo lo ve y todo lo prohíbe: nadie es más que ellos; nadie es más que su presencia; nadie ahí decide como deciden ellos; el qué y cómo y cuándo les pertenece porque ellos son el infinito, el principio, el fin de las demandas gremiales… 

Bloquearon la avenida Niños Héroes para evitar la movilización de autobuses foráneos en una de las más importantes centrales de autobuses del sureste mexicano. Decidieron que nadie se movía, que nadie habría de salir ni llegar; que todos los que estaban ahí habrían de escucharlos porque para eso estaban ellos ahí: para ser escuchados, aunque la cara de los escuchas dijeran lo contrario. Y aunque sus mismos maestros –no más de cien- escucharan aburridos lo que les decían sus voceros en un discurso mil veces repetido. Mientras la ciudad estaba paralizada y sitiada… 

…Pero ellos estaban ahí  –decían a todo volumen- ejerciendo “su derecho a la libertad de expresión” y su derecho “al libre tránsito” porque “¡las calles son de todos nosotros!” … “¡las calles son nuestras porque ejercemos nuestro derecho a la libertad de expresión y a la de tránsito!”… 

…“¡Y ustedes que están ahí [nosotros] no se molesten, porque también son pueblo y son explotados, porque sus salarios no les alcanzan para nada [lo saben todo]; porque trabajan de sol a sol para recibir migajas [¡chin!]; y porque ustedes son expresión de la crisis de nuestro sistema político [¿así se llama nuestra expresión de susto?]- y porque ustedes son nosotros [todos somos ustedes… siiiiii]!”… 

Para su discurso se alternaban dos hombres y una mujer los tres de aproximadamente 40 años, morenos y evidentemente enfurecidos. Se decían maestros. Uno de sombrero, el más ferviente, el más indignado en contra de ‘un sistema opresor’ que es el gobierno –decía-, y estaban ahí porque “hace un momento la Secretaría de Gobernación no dio una solución apropiada a los maestros y, por lo mismo, repudiamos esa posición arbitraria y absurda…!” gritaba el hombre del sombrero… 

Cierto: están en su derecho a expresarse. A gritar. A exigir. A ser un gremio que defiende los intereses de sus agremiados. Si. Y siempre sí. 

Pero no, si el conflicto tiene que ver con intereses de cúpula, intereses políticos de negociación a obscuras y para mantener viejos privilegios ganados por brindar apoyos o retirar apoyos a políticos interesados en configurar fuerza política en base a presión y traición.

Así que en las arengas nada hay estructurado a favor de un proyecto de nación, de una visión de conjunto a favor de un gran proyecto nacional o de lucha por la transformación de un país de injusticias a favor de la justicia social. 

Al final la CNTE es una organización reaccionaria y conservadora. Lo es porque bloquea la posibilidad de cambio hacia un modelo nuevo de país –incluso de entidad–, en su política y a favor del desarrollo justo de su sociedad; es conservador porque quiere mantener esos privilegios ganados a golpe de calle, de bloqueos, de confrontación aun física y violenta… 

Un sindicalismo así hace daño a todos. Porque es un sindicalismo sin sentido y sin fortaleza social; sí con ambición de ser y seguir siendo la detente del desarrollo y de la democracia social. Nada hay ahí de justicia para todos e igualdad para todos. No. 

Ahí se escuchan negociaciones, dar  y quitar. Ganar aun más privilegios para sus dirigentes: De lo contrario el uso de la fuerza, aun en contra de la voluntad social que los repudia, porque hoy, la sociedad repudia a la CNTE-22, no en su organización, sino en su forma de confrontarla, de exigirle, de chantajear y de agraviarla. 

Un sindicalismo ausente de los grandes problemas nacionales es la sección 22 de la CNTE. Pero atento a esos problemas para demandar justicia en tono democrático y fortalecido. Un sindicalismo que mire a la sociedad mientras la sociedad les apoya: si no, no. 

Así que ese sindicalismo excluyente es el que toma las calles de la ciudad de Oaxaca, de sus carreteras, el que va al DF y cierra avenidas y calles y amenaza y reprime. Ese sindicalismo que usa la violencia pero rechaza la pulcritud sindical: si, así de contradictorio es.

 

Ellos, en su grandiosidad, en su inmenso poder otorgado por gobierno débiles a los que les han pisado la sombra, están ahí, porque son ‘los dueños de las calles’ … ‘los dueños del ir y venir social’… ‘los dueños de la libertad de otros’… los dueños de la libertad de expresión’… ‘ellos son el pueblo’ y ‘contra el pueblo nada’… dicen. 

Y mientras tanto, los prisioneros del miércoles 11 mascullaban maldiciones eternas para quienes les impiden circular, expresarse, gritar y reclamar y decir que no, que no se está de acuerdo con esa fuerza social que nadie les ha otorgado y que nadie, así, nunca les otorgará.

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