Irene Muñoz

Desde el 5 de diciembre de 1997, la Ciudad de México, antes Distrito Federal, dejó de tener Regente y pasó a elegir a sus propios gobernantes, siendo Cuauhtémoc Cárdenas el primer Jefe de Gobierno. A partir de ahí, el segundo cargo más importante del país no era una oficina administrativa del gobierno federal, sino que tenía voz y elecciones propias.

También desde ese entonces, los electos a conducir a la Ciudad de México, pertenecían a un partido opuesto al Presidente del país; esto le generó dignificación y evolución a la ciudad, así como una estabilidad política con una agenda clara que permitía existieran equilibrios.

Esta personalidad para el centro del país, fue compleja al principio. La ciudadanía no estaba acostumbrada a vivir con una estructura similar a la de un estado; sin embargo, permitió que sus gobernantes, conforme pasaba el tiempo, convirtieran gracias a la evolución y reconocimiento de derechos, obligaciones y responsabilidades, a esta gran ciudad en lo que hasta hace poco conocíamos.

Los lemas de los distintos gobernantes electos enmarcaban perfectamente el actuar de cada uno, y era una guía sobre lo que se buscaba consolidar. “Juntos recuperemos la ciudad” fue la tarea de Cárdenas, la “Ciudad de la Esperanza” prometía a López Obrador, “Ciudad de Vanguardia” buscaba fortalecer Marcelo Ebrard, y Miguel Ángel Mancera generaba “Decidiendo juntos” dirigido al progreso social. 

Por 21 años los gobiernos de izquierda generaban acciones y programas innovadores, incluyentes y con desarrollo social y económico sostenible que marcaban incluso la agenda federal en muchas ocasiones al contar con buenos resultados en ellos.

Por muchos años no había fotografías entre los Jefes de Gobierno y los Presidentes de México, la línea de pensamiento y actuar tenía posiciones distintas, aunque trabajaran juntos en varias ocasiones. Por ello, la Ciudad de México sin importar que es la que concentra a los poderes políticos y la capital del país, no contaba con los apoyos económicos que muchos estados afines al gobierno tenían; pero esto no mermaba el trabajo y lucha de los Jefes de Gobierno; sacaban la casta, retaban, buscaban el bienestar social.

Un punto de unión que existió en todos esos años sin importar la personalidad del Jefe de Gobierno, fue el apoyo a la libertad de expresión y manifestación. No importaba vulnerar la libertad de tránsito que muchos habitantes de la ciudad exigían, siempre y cuando las personas del estado que fueran, partido, grupo o causa, pudieran manifestarse en esta ciudad. Así se realizaban en promedio aproximado tres mil 500 manifestaciones al año, y muchas, llegaban al Zócalo.

Ahora, las cosas han cambiado.

“Ciudad innovadora y de derechos” fue la frase con la que Claudia Sheinbaum presentó en la toma de protesta del 5 de diciembre de 2018, su programa de gobierno. Ahí, se comprometió con la Igualdad y Derechos, sustentabilidad, seguridad y cero agresión, movilidad, la búsqueda como Capital Cultural de América, así como se comprometió con la innovación y transparencia. 

Pero este gobierno no es como los anteriores; por primera vez su titular pertenece al mismo partido que el Presidente. Por ello, aunque tenga la intención, su compromiso y lealtad incondicional con el vecino, ha hecho que la ciudad deje de lado sus principios y regrese a la Regencia que teníamos antes de 1997.

Ahora, la libertad de expresión y manifestación dejó de existir. Las marchas que quieren llegar al zócalo son cercadas o desviadas, reprimidas e incluso hacen el llamado al linchamiento público, de la misma forma que le ha enseñado su vecino, logrando que con ello se despida a las personas que se manifestaban. 

Olvidaron los ideales con los que luchamos en 1987, cuando buscábamos el reconocimiento de nuestros derechos como estudiantes, soñábamos con un gobierno a la altura de la ciudadanía y gobernantes comprometidos con nosotros. Ahora, están en el poder, pero el poder los ha absorbido, perdieron personalidad, ideales, y podemos decir que hasta el nombre. 

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