Irene Muñoz

Este peculiar personaje creado por el actor Mario Moreno en el año de 1961, ha sido parte de una asociación a la identidad mexicana en nuestro país y en el exterior. El éxito que tenía esta caracterización, además de su vestuario y gabardina, era la forma en la que manejaba el léxico, la sintaxis y lingüística ante situaciones específicas. El decir sin decir nada para confundir a las personas, así como decir algo para segundos después cambiar lo dicho por lo opuesto, sobre todo cuando el personaje estaba en una coyuntura, eran un deleite para el espectador pero que eso se replique en las personas que nos gobiernan, no es gracioso.

Desde el nacimiento de la Covid 19, las personas, gobiernos y países, han tenido que cambiar su cotidianidad para adaptarse a las nuevas formas de vida. Desarrollaron políticas públicas sanitarias para proteger a su población y a visitantes extranjeros. Conforme ha ido avanzando la pandemia y se ha modificado el virus, han llevado a cabo ajustes para lograr controlar y erradicar al virus en sus países.

Llevar a cabo estas acciones también generan certeza en los visitantes del exterior. No es igual viajar a un país que no tiene control alguno de ingreso, ni medidas de contención sanitaria serias, que ir a uno que te demuestra hacen lo posible para cuidar a sus habitantes y paseantes. Esa es la diferencia entre un país que toma en serio el tema, a viajar a uno ocurrente que como Cantinflas evade la responsabilidad, genera mensajes confusos y en contrasentido, creyendo que su población y turistas lo toman en serio. Sólo evidencian su falta de gobernanza.

México, uno de los primeros 10 países reconocidos por la Organización Mundial del Turismo, ha demostrado su falta de interés y la pérdida de brújula en el tratamiento de la pandemia. Tenemos a un Presidente que acude a reuniones y da conferencias de prensa sin cubrebocas ni sana distancia, y tiene que ser un reportero el que lo cuestione públicamente  para entonces hacerse una prueba y confirmar su positividad.

Una jefa de gobierno de la Ciudad de México que pide a la población no se hagan pruebas para confirmar si son portadores o no del virus. Pareciera es un truco para bajar el número de contagios en la capital del país, igual que como cuando llegas a denunciar un delito y te invitan a no hacerlo. Esto baja los índices y registros. 

Aunque ha pasado tiempo con este modus vivendi mexicano, urge que se generen medidas como en otros países que obliguen a la gente a cuidarse. Solicitar comprobantes de vacunación para ingresar al país, hoteles, restaurantes, bancos, centros comerciales y establecimientos como hacen en Francia y Perú por ejemplo, es una buena solución para no cerrar la economía y a la vez cuidar a las personas.

Sabemos que las economías no podemos cerrarlas, el país ya no lo soportaría, pero sí podemos apoyar con acciones gubernamentales federales, estatales y locales, que ayuden a erradicar al terrible bicho. Es tiempo de dejar el “como digo una cosa, digo otra” en el pasado.

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