Irene Muñoz

Así se refirió el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, cuando fue cuestionado sobre las vacaciones que tomó, en plena crisis por la pandemia y en días en los que se rompían récords por contagios y muertes por la enfermedad Covid-19, Hugo López-Gatell, el polémico zar de nuestro país responsable de la erradicación de la enfermedad de Covid-19.

Este “buen servidor público”, personaje cuya responsabilidad es la de mayor relevancia en el país, y al parecer él mismo no entiende el tamaño de su designación, ha estado generando incluso desde antes de que el virus se instalara en México, mensajes cruzados; y ha demostrado que existe una gran distancia entre el dicho y el hecho, respecto de las pobres y tardías medidas tomadas para prevenir el contagio, mismas que son violadas por él mismo. 

Pero este irresponsable y limitado “buen servidor público” ha demostrado su ineficiencia y falta de altura desde el principio.

En enero del 2020, cuando países del mundo empezaron a enfrentar la crisis por contagio y en México no se había presentado la enfermedad, López-Gatell la minimizó al señalar que “no hay que angustiarse de más”. Esta ligereza fue acompañada con su actuar, ya que se abstuvo de cumplir con su responsabilidad para generar una estrategia de prevención y blindaje enfocada en que el Sars-CoV-2 no entrara a México. 

A pesar de que tenía el tiempo a su favor en ese momento, no tuvo la capacidad para establecer un plan que evitara o controlara la internación de personas portadoras del virus.  No se blindaron fronteras ni revisaron internaciones aéreas ni tampoco previno adquirir insumos médicos para que el sector salud estuviera listo para la posible llegada de la Covid 19. La ineptitud de este servidor público fue mayúscula y claramente demostrada al hacer lo contrario y vender los insumos que existían en el país a China. Su letargo e ineficiencia, le ganaron.

Ocultó, por un mes más, que el virus ya se encontraba alojado en nuestro país. Dejó de forma irresponsable que continuaran llegando vuelos de Asia y Europa con altos niveles de contagio e incluso, por su falta de información de la realidad al Presidente, ofrecieron públicamente a México como un hub para los vuelos que Estados Unidos ya no permitía entraran a su territorio.

Este “buen servidor público” inició una larga y visceral pelea sobre el uso de cubrebocas. A pesar de lo establecido por la Organización Mundial de la Salud y la eficiencia del uso en países con contagio, negaba “científicamente su efectividad”, quitando con ello a las personas que habitan en el país la posibilidad de protegerse y reducir las muertes que habían por el coronavirus.

Creó un sistema de semaforización que a los meses tiró a la basura; se peleó con los gobernadores que preocupados, implementaron medidas superiores a las establecidas federalmente, para lograr un control de la enfermedad en sus estados. Él se limitaba, como lo hizo desde el principio, a minimizar el daño de la enfermedad.

La falta de capacidad y oficio de este “muy buen servidor público”, ha generado la pérdida de vida de más de 130 mil personas, y casi un millón quinientos mil contagios desde el primer caso presentado. Ha logrado con su ineficiencia la eliminación de 647 mil empleos formales en 2020 y la quiebra de pequeñas, medianas y grandes empresas.

La falta de oficio de López-Gatell ha sido internacional, la cadena estadounidense de noticias CNN, por ejemplo, reportó sus vacaciones y señaló a este “buen servidor público” como un “hipócrita”. 

Un caso similar ocurrió en Canadá, su ministro de Finanzas, Rod Phillips, se fue de vacaciones al Caribe, a pesar de que el gobierno llamaba a no realizar viajes que no fueran esenciales. A su regreso aceptó públicamente que fue “un error tonto” y renunció. 

Como podemos apreciar, no habría por qué importarnos si López-Gatell usa o no cubrebocas, si “quédate en casa” no es válido para él, si viaja en plena crisis eludiendo su responsabilidad para visitar a amigos y si no cumple con la sana distancia, ya que estas medidas salen de su boca, pero no están insertas en su consciente. 

Si este es el nivel del buen “servidor público” en México, creo que hay que preocuparnos porque la ineficiencia gubernamental está generando una falta de gobernanza que debe alertarnos a todos. 

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