Irene Muñoz

El rediseño del espacio aéreo implementado por los Servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano (SENEAM), ha estado en el ojo del huracán desde que vio la luz el pasado 25 de marzo. Por una parte, tenemos a grupos vecinales organizados de la zona sur de la Ciudad de México, así como las candidaturas de diputados y alcaldes de Huixquilucan, que se quejan por el paso recurrente de aeronaves y la contaminación auditiva que generan. Por otra, el interés de personas que dentro de la industria han sido desplazadas y aprovechan la conversación para lograr tener voz sin importar el daño a la seguridad que generan. Lo que queda claro es que lo que menos les interesa es la seguridad.

La forma en la que estaba estructurado el espacio aéreo constaba de un menor diámetro para perfilar a las aeronaves hacia el aterrizaje en el Aeropuerto de la Ciudad de México que, como comentamos en el texto anterior, obligaba a llevar a cabo maniobras que activaban en los aviones las alertas de desplome cuando pasaban por el World Trade Center, y tenía un circuito en los cielos dando vueltas para esperar el turno de aterrizaje.

Por otra parte, la ruta establecida afectaba sobre todo a la zona de Satélite, y las alcaldías Venustiano Carranza en sus colonias Jardín Balbuena, Moctezuma, Pensador Mexicano; la alcaldía Gustavo A. Madero con colonias como Aragón, tenía a la mayoría de aeronaves transitando sobre ellas en todo momento durante años. Estas colonias tomaron como parte de su infraestructura las actividades aeronáuticas, y a diferencia de las que hoy lo tienen como bandera, fueron colonias que nunca fueron defendidas por las organizaciones vecinales para tratar de modificar la ruta del espacio aéreo ni del lugar, ni mucho menos de las organizaciones del sur de la ciudad.

Lo anterior nos lleva a una reflexión que comparto y me preocupa. ¿Acaso en la CDMX hay ciudadanos de primera y de segunda? Pareciera que sí. La presión social que generan las personas que habitan en el sur de la ciudad pareciera ser por su nivel socioeconómico. Tienen acceso a personas en el gobierno, medios de comunicación y redes sociales que les permiten organizarse y generar presión para que el ruido no los moleste. Prueba de esto es una usuaria en twitter que me contactó, Alma @vcl1969, que me decía que en San Ángel, “zona residencial” checara “cuánto cuesta el metro cuadrado”. Como si el valor de la tierra tuviera correlación con la seguridad en el aire. Yo vivo en San Ángel, y discrepo de mis vecinos.

En el espacio del sector, José Alfredo Covarrubias, secretario General del Sindicato Nacional de Controladores de Tránsito Aéreo (Sinacta), apareció en medios de comunicación declarando que por el mal esquema del rediseño hubo un incidente que ocasionaría el choque de dos aviones por estar en la misma altitud. Esto fue desmentido de inmediato no sólo por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes sino también por las aerolíneas Viva Aerobus, Volaris y Aeroméxico, que señalaron no tener reporte alguno sobre un riesgo en las operaciones e incluso indican que “los nuevos procedimientos aplicados en el espacio aéreo mexicano tienen beneficios de seguridad y eficiencia de las operaciones”.

La Cámara Nacional de Aerotransportes (Canaero) que está conformada por aerolíneas nacionales e internacionales, empresas cargueras y taxis aéreos entre otros, también fijó postura al respecto al informar que no hay registro alguno sobre el hecho ni situaciones que hayan puesto en riesgo las operaciones aéreas. El secretario de Sinacta logró lo impensable, la unión de la industria aeroportuaria.

La autoridad ha sido responsable por la desinformación sin duda alguna, al no realizar talleres especializados para medios, como usualmente se hacen, para capacitarlos sobre la relevancia del tema, así como por no presentar a la ciudadanía la información, pero esto no justifica que se mueva un diseño del espacio aéreo que eleva la seguridad de todos, por molestar el oído de algunos habitantes de la CDMX ya que lo más importante debe ser eso, la seguridad. 

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