Irene Muñoz

Infraestructuras de encuentros y servicios, llenas de luz, brillo y ruido por las charlas de las personas que alberga, se han convertido desde el 1 de abril por la contingencia sanitaria, en grandes estructuras fantasmas, silenciosas y obscuras. Denotan que su corazón está casi sin vida. Ellos, los hoteles, viven un estado crítico. Aún no cuentan con vacuna, están solos.

No se trata solamente de un cierre temporal —como ocurre con varias industrias que están siendo devastadas—, sino tener los recursos para sostener las nóminas de miles de personas que en ellos laboran, y sin apoyo gubernamental alguno.

Para que tenga un panorama de la magnitud del problema, le comparto: Un hotel pequeño, cinco estrellas con 300 habitaciones, sin ser de una cadena hotelera, tiene en promedio 450 colaboradores. Simulando un salario de 10 mil pesos, su nómina mensual es de 4.5 millones de pesos.

Lo mismo ocurre en un local de dos estrellas y 60 habitaciones, con ocho empleados con salario de ocho mil pesos, su nómina asciende a 64 mil pesos, sin contar el pago del Impuesto sobre la Nómina, cuotas al IMSS, Infonavit, y servicios.

Como entenderá, al estar cerrados y sin ingreso alguno, e incluso regresando importes por cancelaciones, lo más probable es que quiebren.

Ante esta situación enviaron por medio del Consejo Nacional Empresarial Turístico una solicitud a las autoridades con ocho medidas para aplicarse en la crisis, y seis más para implementarse una vez superada la emergencia, le menciono algunas:

Prórroga de seis meses en declaraciones anuales; prórroga en pagos provisionales de IVA e ISR; prórroga en contribuciones al IMSS e Infonavit; no incremento en agua, luz y combustible por 24 meses; promover que instituciones de banca de desarrollo y banca comercial faciliten prórrogas y restructuraciones de adeudos, y otorguen líneas de crédito a tasas competitivas; acelerar devolución de impuestos; subsidio del IVA a tasa cero por seis meses; y dirigir el Impuesto al Hospedaje exclusivamente para promoción turística, entre otros. 

Las peticiones, no son alejadas a las implementadas por el gobierno federal y locales en la contingencia que duró tan sólo 14 días por el AH1N1.

En 2009, se exentó a hoteleros el Impuesto sobre Nómina y el pago del Impuesto al Hospedaje; se compensó con 25% la pérdida de ingresos asociada a exenciones por tres meses; descontaron 20% en cuotas al IMSS; redujeron el pago del ISR, y reembolsaron el pago en exceso que hubiesen realizado en IETU; la Asociación de Bancos junto con Nafin y la CNBV instrumentó esquemas de pago de créditos sin clasificarlos como cartera vencida; para Pymes, Nafin otorgó montos para liquidez con nuevos créditos; Bancomext recalendarizó pagos sobre cartera existente, y otorgó garantías hasta por 75% en créditos para capital de trabajo; y se creó un fondo para la promoción turística.

Como puede observar, las peticiones son menores a las del 2009 a pesar de que, la actual contingencia, no tiene periodicidad clara.

Los gobiernos de los países implementan medidas superiores a estas, para personas y empresas de todos tamaños. Con ello evitan la declaración de quiebra de empresas. Están conscientes que, de no hacerlo, se generaría una pérdida masiva de empleos y con ello se les incrementa la pobreza. El mundo lo tiene claro y lo entiende. México, no.

El tiempo se termina, el virus es letal física y financieramente para nuestro país. La contingencia sanitaria inició tarde; y la financiera, debe implementarse de inmediato; de lo contrario, los respiradores no serán suficientes para salvar a millones de personas de caer en una peor desgracia. 

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