Irene Muñoz

México, un país con un gran atractivo y preferencia turística, logró generar a octubre de 2019 poco más de 20 mil millones de dólares, que si bien en promedio de crecimiento de los últimos años era una cifra a la baja, empezábamos a resentir los problemas de posicionamiento tras el recorte de recursos a la promoción, y se vivía de la cosecha de lo sembrado por años, que nos daba aire para subsistir. 

Los ojos internacionales ven con atención lo que pasa en México ante la llegada de la Covid-19, y es digno de un estudio de caso sobre la relevancia del mensaje institucional, y las consecuencias que generan esos mensajes. Y son los mensajes y la falta de coordinación oportuna en el sector salud para prevenir, controlar y erradicar al virus, así como de la ineficaz comunicación social del gobierno que han hecho que los mexicanos vivamos ahora las consecuencias.

Hace unos días, el embajador de Estados Unidos, Christopher Landau, publicó un video en Twitter en el que hizo un llamado a sus compatriotas para que no vinieran a México. Aunque reconoció todo lo que nuestro país ofrece para los turistas, fue muy claro con el mensaje al afirmar que “ahora no es el momento para visitarlo”.

Lo importante de este mensaje es que Estados Unidos es el país emisor con mayor relevancia que tiene México.  El año pasado, por ejemplo, recibimos cerca de 32 millones de turistas norteamericanos. Por ello, cada vez que sale una alerta de viaje contra algún destino en México por ese país, el sector turístico hace lo imposible por resolverlo a fin de no dejar de recibir la derrama económica que genera.

Por otra parte, los países tampoco quieren recibir a mexicanos en sus tierras. Los focos rojos por la falta del debido tratamiento de la Covid-19, hacen que no quieran a posibles personas infectadas llegando a contagiar a sus habitantes.

Un ejemplo claro de esto es Japón. Aunque existen restricciones globales por la implementación de cuarentenas para los mexicanos es distinto. Por el momento está prohibida la entrada a todos los turistas mexicanos que quisieran internarse en su país, para prevenir contagios de SARS-Cov-2, adicionalmente al cierre terrestre de la frontera con Estados Unidos para todo aquello que no se considere esencial.

Estos dos escenarios nos afectan profundamente, y tienen toda lógica por los mensajes que dan a la opinión pública cada día, desde el inicio de la pandemia, las autoridades federales mexicanas.

Dichos coloquiales fuera de contexto o de realidad, han permeado al exterior. Usa, pero no uses cubrebocas; no salgas de casa, pero sal sin miedo; no hemos controlado al virus y por otro lado, hemos logrado domar la pandemia. Han sido mensajes generados por las autoridades mexicanas, sumados a la falta de implementación de acciones que permitan controlar y erradicar al virus, generan todo menos confianza, en el país y en los mexicanos.

Pero esa desconfianza también es interna. Un caso claro es #LadyElites, una mexicana en León, Guanajuato, que al ser cuestionada en el banco por no utilizar cubrebocas y negarse a hacerlo, aseguro que el virus era una farsa, y que era una enfermedad de las élites, como afirmó hace tiempo el gobernador de Puebla, Miguel Barbosa, y recientemente abordó con matices el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell.

La relevancia del mensaje institucional es absoluta, pero no se toma en serio. Uno de los líderes globales de relaciones públicas, Harold Burson, decía que “la comunicación y el comportamiento van de la mano”. Esta descripción es sin duda la mejor, ya que se debe hacer y comulgar desde el gobierno pensando en lo macro y no en lo micro.

El posicionamiento del mensaje, la responsabilidad del mismo y las consecuencias de un mensaje cruzado, tienen al país sumido en la confusión y zozobra, y con una campaña de inseguridad creada por nosotros mismos.

Urge generar una comunicación estratégica y responsable. De lo contrario, el crecimiento de negativos ante la opinión pública nacional y global, será incalculable. Esta mala percepción ya es continua. La prensa extranjera, con informaciones semanales sobre las contradicciones en las declaraciones y posiciones del gobierno, muestran los síntomas de esta deficiencia.

Compartir