Irene Muñoz

Cuando hablamos del turismo nos remitimos casi automáticamente a la información y análisis del transporte aéreo, hoteles, restaurantes y agencias de viajes, pero casi nunca nos referimos al transporte turístico terrestre, cuya relevancia es absoluta en nuestro país. Para las autoridades federales, estatales y locales, ellos no existen.

Este tipo de transporte turístico está conformado por alrededor de 590 pequeñas, medianas y grandes empresas, que cuentan con casi siete mil personas empleadas. Con base en información generada por Market Data México, en 2019 sus ingresos ascendían a casi dos mil millones de pesos anuales. 

Sus unidades fueron detenidas por la pandemia de Covid-19 desde marzo de 2020 al 100 por ciento. 

En agosto pudieron reactivar algunas de ellas, pero sólo alcanzaron la cifra de 5% de su capacidad, sin importar que contaron con la instalación de protocolos de higienización y prevención del virus, así como en algunos casos modificaron sus unidades integrando mamparas de protección.  

Esta industria correspondiente al sector turístico fue completamente abandonada por las autoridades. Para ellos y sus empleados no se generaron apoyos económicos, no crearon créditos, no hubo prórroga de pago de impuestos ni tampoco se generaron apoyos fiscales. Es más, en la recuperación que han presentado, ni siquiera los mencionan. 

Estas empresas juegan un papel fundamental en la competitividad turística de México y están al borde de la quiebra. Ante ello están analizando cambiar de lado e irse hacia la informalidad para que con ello se puedan sostener sus empleos y no pagar impuestos ni seguros, como lo han permitido las autoridades a esa parte informal del sector. 

Por si fuera poco, en el caso de las ciudades, hay servicios que no han permitido reinicien su operación como son Capitalbus y Turibus que, a pesar de contar con un servicio al aire libre, han obtenido como respuesta un rotundo no de las autoridades para su operación. Llama la atención esa postura en el caso de la Ciudad de México, sobre todo si recordamos las terribles imágenes de personas metidas como sardinas y colgando en las puertas de los autobuses que la autoridad destinó como transporte público ante la falta de operación del Metro. Seguramente ellos tenían menos porcentaje de contagio que al viajar en un transporte de rutas turísticas.

El grito de auxilio no ha sido escuchado. Han escrito a las autoridades de Turismo de todos los niveles para solicitar se generen condiciones para promover puntos que permitan sostener el empleo, unidades y rutas, sin embargo la respuesta ha sido nula. 

México es un país que atiende la pandemia, si se puede decir que la atiende, con muchos claroscuros. Ha evidenciado la falta de sensibilidad, conocimiento y capacidad de los gobiernos para atender a la población y sectores productivos, no hay piso parejo para todas las industrias y pareciera con su falta de actuar que quieren fundir lo poco que queda de la cadena de servicios turísticos. 

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