Irene Muñoz

La industria restaurantera en México creía que su mayor crisis la habían vivido en 2009, durante el brote de influenza en la que tuvieron que suspender actividades por 16 días. 

Para hacer llevadera esa crisis, el gobierno federal de ese entonces, aplicó una serie de medidas que permitieran sobreviviera la industria. Se redujo el 20% en cuotas patronales al IMSS, la reducción de su pago mensual del ISR y el pago en exceso que hubiesen realizado en el IETU, que en lugar de realizarlo hasta la presentación de la declaración anual, lo podían aplicar en ese momento.

También para restaurantes, el gobierno federal les compensó con el 25% de la pérdida de ingresos asociada a las exenciones por tres meses. Durante esa crisis, seis mil 500 restaurantes cerraron. 

El entonces Jefe de Gobierno del Distrito Federal también generó incentivos para la industria. Creó el Programa Emergente de Apoyo a Trabajadores de la Industria de Restaurantes, en la que entregaba 50 pesos diarios a cada empleado registrado, se realizó la devolución del Impuesto Sobre Nómina a pequeñas empresas, se condonó el pago de agua y predial, así como también el 100% de las multas y previsiones.

La crisis de 2009 representó una pérdida de 9% del Producto Interno Bruto en el sector. Hoy, estamos frente a un catastrófico escenario digno del nivel de la pandemia.

Para que tenga un panorama de lo que representa la industria restaurantera en nuestro país, le comento que en 2017 generaron 204 mil 840 millones de pesos, que representó casi 2% del PIB total del sector servicios. Emplearon en 2018 a un millón 579 mil 909 personas a nivel nacional, y generaron 672 mil 453 unidades económicas en el mismo año, informó el Censo Económico de 2018. 

Por otra parte, el Sistema de Cuentas Nacional de México, informó en 2019 que el PIB restaurantero aportó en Quintana Roo, 65 mil 013 millones de pesos, que representó el 15.8%; en Ciudad de México 52 mil 401 millones de pesos, que correspondió al 12.8% y en Jalisco 33 mil 997 millones de pesos que representó el 8.3%, sólo por mencionar a los tres con mayor relevancia en país. 

Como usted puede apreciar, el daño en el que está inmersa la industria es mayor.

Lo anterior, además de la existencia de una sobre regulación en la industria, que se ha convertido más en una extorsión de los gobiernos de las alcaldías y estados para dejar que los restauranteros operen, así como el excesivo pago de derechos y el ambulantaje que se permite en la materia.

La peor crisis se vive ahora. Si tomamos en consideración que en tan sólo 14 días de contingencia se ha perdido el mismo 9% de la generación del PIB, puede usted, al extrapolar las pérdidas de 14 días, como terminará el sector con, cuando menos, el doble del paro de actividades.  

Miles de restaurantes se perderán al igual que cientos de miles de empleos que ellos generan ya que, al día de hoy, no existe un compromiso de los gobiernos locales y federal para ayudar a la industria a sobrevivir y lograr salir de la terapia intermedia en la que se encuentran hoy.

El paso a la sala de terapia intensiva está a días, no existen incentivos fiscales que sean una medicina que les permita sobrevivir y salir de ella. La pandemia ha atacado y, al igual que en la sanitaria, al día de hoy no cuenta con absolutamente ninguna vacuna. 

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