Irene Muñoz

La Marca de la Ciudad de México, CDMX, iba muy bien. En el 2018, a tan sólo cuatro años de su nacimiento, logró posicionarse como la número 19 del mundo en el Barómetro de Marcas Ciudad. Hoy, a un año de distancia, lo inimaginable: cayó al lugar 50 en el ranking. Sí, leyó bien, descendió 31 posiciones.

El estudio que se realiza a 75 ciudades globales por la agencia Saffron —líder en análisis de posicionamiento de ciudades— se fundamenta en los servicios que tienen las ciudades, sus recursos y el resultado de las estrategias de comunicación que implementan para atraer así como retener negocios, inversiones y turismo, por medio de sus servicios, y arropados por sus Marcas Ciudad. 

La caída de la Marca CDMX ha sido terrible, pero es congruente con la falta de preparación en el tema de los responsables de su posicionamiento turístico. 

La incompetencia y soberbia, por querer sobresalir a costa de lo que fuera menos por capacidad y méritos, hizo que meses antes de que entrara el nuevo gobierno de la Ciudad, el ahora titular de la Secretaría de Turismo, Carlos Mackinlay en una entrevista ofrecida a Noticias de la Industria Turística declarara: “Conservar la imagen de CDMX como está hasta ahora, significa darle continuidad a un gobierno que ya no está en funciones. Es de lo más natural que cada administración cambie su imagen institucional, el problema con esta marca es que en un principio era para representar un destino turístico y ahora lo ves en sitios oficiales”. 

El ahora secretario confundía la Marca Turística CDMX con el imagotipo institucional —que era una especie de ángel amarillo con líneas de colores cruzadas— no diferenciaba el posicionamiento de una marca, y creía que lo que veía, era la identidad del gobierno en turno; lo peor, sobreponía la política sobre la identidad del destino al establecer que, seguir con la marca, significaba continuidad de un gobierno. Un cúmulo de ignorancia que metió incluso a la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, en problemas al realizar un concurso para la marca que fue señalado por plagio y que, para salir del tema, argumentaron sería el imagotipo gubernamental. 

No estudió, antes de tomar el cargo, a las marcas más exitosas del mundo, como “I Love New York”, creación del gobierno como campaña de mercadotecnia en los 70’s para promover al turismo en esa ciudad en un momento de depresión económica. Esa marca es hoy el símbolo de la cultura popular estadounidense. Han pasado muchos gobiernos, pero todos entendieron su relevancia y la protegieron. 

En un momento, la jefa de Gobierno dijo que le daría continuidad a la marca. No cumplió con su palabra. La campaña en contra de la marca no cesó y el veneno en su corazón iba haciendo efecto al grado que, en espacios turísticos como lo es el hotel Four Seasons, retiraron la bandera con CDMX para subir la X verde que no dice ni proyecta nada.

CDMX ha tratado de sobrevivir, pero la instancia que debía protegerla, el Fondo Mixto de Promoción Turística, tampoco hizo nada por ella ni por el posicionamiento de la ciudad. 

Destinaron los recursos de la promoción turística nacional e internacional para financiar ocurrencias locales. Además, usan la plataforma del cargo para hablar de todos los temas, menos del turismo. 

Estas dos figuras encargadas de la generación de turismo para la CDMX no tienen idea del tema. No entienden de posicionamiento, desarrollo, industrias creativas, mercadotecnia ni comunicación del destino. Están ahí por casualidad y oportunismo, destruyendo a su paso a la industria que, vale decir, eso sí lo hacen muy bien y ganan el primer lugar, en incompetencia. 

imunoz@ejecentral.com.mx

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