Irene Muñoz

La industria aérea se encuentra en crisis, y va que vuela a una crisis económica profunda. La reducción de frecuencias y falta de pasajeros, así como la restricción de viajes y cierre de fronteras, ha generado que la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), trate de sensibilizar a los gobiernos sobre la gravedad del tema. Hasta hoy, en América Latina y el Caribe no se ha conseguido.

Usted podría pensar que en este momento, la aviación no es relevante, ya que lo importante es eliminar al Covid-19 de los países, pero no es del todo correcto. Las cadenas globales de suministro a través de la carga aérea se encuentran en riesgo.

Las aerolíneas se están adecuando a su nueva realidad. Vuelos y equipos que eran de pasajeros, se han convertido en vuelos de carga para mantener los vínculos económicos vitales que permitan contar con las cadenas de suministro globales, pero “se están quedando rápidamente sin dinero”, y eso pone en peligro la operación, aseguró su director general y CEO, Alexandre Juniac. 

Dentro del manejo de crisis que están haciendo los países, inyectan recursos para el abasto de alimentos, medicinas y equipos, pero no voltean a ver a la industria que debe transportarlos. 

Si los países no apoyan financiera y fiscalmente de forma inmediata a las aerolíneas y transportistas aéreos, para compensar su reducción de ingresos, es posible tengan un mayor problema para contener la pandemia. Conforme cierren operaciones por falta de liquidez, se cierran también los canales de distribución de insumos, alimentos e incluso ayuda humanitaria. 

Además, deben entender los gobiernos latinoamericanos que estos apoyos sólo permitirían continuar con las operaciones básicas para este momento, y no son para la siguiente etapa que enfrentarán las aerolíneas por el aún inimaginable reordenamiento del turismo local y global. 

Este escenario lo estamos viviendo en México, un claro caso de lo que aquí explico, es lo ocurrido recientemente con Grupo Aeroméxico.

Durante las últimas semanas, la aerolínea fundada en 1934 se ha visto obligada a reducir de forma drástica sus frecuencias y ha tenido que cancelar rutas nacionales e internacionales. Incluso sus pilotos, acordaron reducir en un 50% su salario y renunciar de forma temporal a bonos, para apoyar a la aerolínea.

Aeroméxico anunció que, a través de Aeroméxico Cargo, empleará parte de su flota puesta en tierra por la contingencia sanitaria, para la transportación de carga de suministros como alimentos, animales vivos, equipos médicos, bienes de alto valor, tecnología y fármacos, tanto en México como en al extranjero.

Enviaron, por ejemplo, un Boeing 787-9 de la Ciudad de México a Fráncfort para transportar 15 toneladas de insumos, bajo la modalidad de “bajo demanda”. Asimismo, pusieron este servicio a disposición de 41 aeropuertos domésticos.

El gobierno mexicano no ha hecho nada por ellos ni por las otras aerolíneas que operan en el país. No han generado estímulos ni apoyos fiscales que permitan la continuidad de operaciones. Lo más delicado del tema en este momento es que, si no hacen algo rápido, están destinando a los aviones a parar y, con ello, a la inminente ruptura de las cadenas de abasto. Esto sí que es muy grave. 

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