Irene Muñoz

El Presidente de México anunció hace unos días, en medio del crecimiento desbordado de infectados y muertes por Covid-19, la reactivación de sus giras. Iniciaría en Quintana Roo para después ir a Campeche, Tabasco y Veracruz.  Además, anunció que viajaría por auto y no por avión, ya que le dijeron que “es más seguro”. Ante esto, y parafraseando al doctor Hugo López-Gatell, quisiéramos saber ¿cuál es la evidencia científica para tal aseveración?

Este mensaje coloquial y ligero sigue alimentando la destrucción del sector turístico, como ha sido recurrente desde su llegada, apuntando directamente a la aviación, una industria muy lastimada y sin apoyos gubernamentales en México, demostrando una absoluta ignorancia de “los que le dijeron” tal aberración. La Organización Mundial de la Salud (OMS), ha reiterado por lo menos en tres comunicados publicados en este año, su rechazo a las restricciones para viajes ya que genera “efectos sociales y económicos negativos en los países afectados”, y no existe evidencia de que los aviones sean multiplicadores de casos de contagio. Incluso, el propio Gobierno de México se basó en ello para decidir no cerrar fronteras ni cancelar vuelos. 

En el espacio científico, el profesor Joseph Allen, profesor asistente de la Ciencia de Evaluación y Exposición del Departamento de Salud de la Escuela de Salud Pública de Harvard, señaló que “no te enfermas en los aviones más que en ningún otro lugar”, ya que los sistemas de las aeronaves requeridos hacen un muy buen trabajo al controlar las bacterias y los virus en el aire. Su comentario está basado, entre otros estudios, en una sala de aislamiento con aire recirculado de un hospital utiliza un filtro de aire HEPA que es el recomendado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CVC), y realiza 6 cambios de aire por hora para instalaciones existentes y 12 para nuevas instalaciones. Los aviones cuentan con el mismo filtro y realiza entre 10 y 12 cambios de aire por hora. Estos filtros capturan el 99.97 por ciento de las partículas en el aire. 

También, en el estudio realizado con un pasajero con tuberculosis en un avión que determinó el riesgo medio de infección para los otros 169 pasajeros era de 1 en 10 mil a 1 en un millón. Para ponerlo en contexto sería de una persona contagiada por el riesgo en 10 veces el aforo total del Auditorio Nacional. Sumado a ello, el uso recomendado de una mascarilla, como requieren ahora las aerolíneas, reduce la incidencia de infección 10 veces más. El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos también fijó su postura al respecto, y aseguró que por los sistemas de filtrado del aire y saneamiento de las aeronaves, es mucho más seguro viajar en avión que en carretera que te obligaría a realizar paradas para cargar gasolina, pago de peaje, consumo de alimentos e ir al baño.

 El Presidente recorrió 1,609.4 kilómetros en automóvil en dos etapas: viajó primero a Tabasco, cuya distancia es de 750.4 kilómetros, que corresponde a 8 horas 58 minutos sin parar, y un día después fue de ahí a Cancún en un recorrido de 857.7 kilómetros, que corresponden a 10 horas 46 minutos directos, acompañado por una gran caravana de camionetas que transportaban por lo menos a 4 pasajeros cada una; paso por los estados con mayor incidencia de Covid-19 y  por la naturaleza del viaje, tuvieron que detenerse por lo menos dos veces a recargar gasolina e ir al baño en establecimientos de esos estados. 

Seguramente, y conociendo lo que hace el Presidente públicamente, viajó sin mascarilla y habló con las personas que lo reconocieron siendo con ello objeto o sujeto de contagio.  

No imagino cómo pudieron pensar sus asesores, que un viaje con estas características era más seguro en auto. 

Hace unos días, México entró en un halo de incertidumbre y continuó con los dobles discursos. De forma irresponsable confundieron a las personas al retirar la Sana Distancia y crear los semáforos. Ahora siguen destruyendo al sector de la aviación al señalarlo como un foco de riesgo, cuando el riesgo real que tenemos, es al gobierno con sus ocurrencias y mensajes cruzados que tienen ahora a la gente expuesta, en la calle. 

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