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Norma Montiel y Elizabeth Hernández

El anuncio que se repite cada quince minutos en un supermercado al norte de la Ciudad de México es muy distinto al que se escucha en otros lugares similares. En lugar de recordar las medidas de seguridad e higiene que deben seguirse, aquí se hace énfasis en que no se discrimina a ningún comprador por haber sufrido Covid-19, o bien, tener familiares cercanos enfermos.

Parece una recomendación inusual, pero Ana Gutiérrez, supervisora del supermercado narra que tuvieron que poner el anuncio debido a varios incidentes que se dieron en semanas previas, porque algunos vecinos pedían que no dejaran entrar a los habitantes de cierta calle en donde se habían reportado varios brotes del nuevo coronavirus.

Puede pensarse que en una colonia pequeña estas cosas sucedan debido a que todos se conocen, pero en realidad, este anuncio se ha tenido que repetir en todas las sucursales de esta cadena de supermercados, porque los ataques o señalamientos hacia personas que tuvieron este padecimiento, o bien, tienen familiares enfermos, se han multiplicado con el paso del tiempo.

Las agresiones que el personal médico sufrió al principio de la pandemia, ahora se han extendido a pacientes y familiares de estos que, debido a estas acciones, deciden ocultar el diagnostico por miedo a ser señalados o excluidos, aún después de superar al nuevo coronavirus, e incluso, de forma irresponsable, algunos han elegido callar a pesar de estar enfermos por miedo a perder su trabajo.

3.5 por ciento recomienda el FMI a México que destine en sus estímulos para mejorar la atención médica y economía en los hogares.

Una historia similar al VIH

Rebeca era secretaria en una empresa de construcción con más de 150 trabajadores en su nómina, a mediados de junio sintió ardor en la garganta y dolor de cabeza, pero no fue hasta horas después que la fiebre leve le obligó a buscar ayudar médica. Una prueba confirmó que era portadora del nuevo coronavirus, por lo que el médico le indicó que, a pesar de tener síntomas leves, debía aislarse y avisar a todas las personas con las que había tenido contacto.

Pero ella decidió no avisarle a nadie. Tenía miedo de poder perder su trabajo, o bien, ser señalada y no poder regresar sin recibir burlas o actitudes discriminatorias. Este temor no era en infundado, semanas atrás, uno de los trabajadores hizo público su resultado positivo, en lugar de recibir apoyo, fue liquidado bajo la excusa de que la construcción no podía frenarse y que él no estaría preparado para seguir con sus labores.

El brote en la empresa en la que trabajaba Rebeca cobró la vida de tres personas y alcanzó a más de 50 trabajadores que requirieron diferentes niveles de atención médica, y aunque no se tiene certeza sobre quién inició el contagio, si las personas con síntomas hubieran reportado su situación a tiempo, este podría haber sido mucho menor.

Berenice López, sociología experta en comportamiento comunitario, explica en entrevista a ejecentral que este tipo de situaciones son comunes ante enfermedades contagiosas o infecciosas nuevas, especialmente por el desconocimiento y miedo que generan este tipo de brotes desconocidos para la mayoría.

La experta remarca las similitudes que tienen estas conductas con aquellas que se dispararon al inicio de la pandemia por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y la expansión del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) a través del mundo, y recuerda que muchas de estas actitudes no han sido erradicas a pesar del amplio conocimiento que ya se tiene sobre esta enfermedad.

Por tanto, es normal que las personas muestren conductas de rechazo ante pacientes de una enfermedad que es desconocida y que causa tanta incertidumbre como lo hace el nuevo coronavirus; sin embargo, la especialista remarca que estas actitudes deben ser erradicadas a través de campañas de concientización en donde se involucren todos los sectores de la sociedad.

Estigma. Los miedos por la Covid-19 pueden hacer que algunas personas culpen y avergüencen a otros.

El estigma sigue después de la muerte

Fili, como le dice su familia, miraba desde el interior de su casa a través de la ventana cuando notó que una de sus vecinas, quien no usaba cubrebocas, cruzó del otro lado al tiempo que le dedicaba una mirada breve y cubría su nariz con la mano destapada, como protegiéndose de algo.

El hombre del estado de Hidalgo, además de enfrentar la muerte de su hijo menor, un joven de 22 años que perdió la batalla contra el nuevo coronavirus, ahora debe recuperarse de la enfermedad de la que también fue víctima junto a su esposa, y salir para intentar retomar su vida cotidiana, enfrentando las críticas y señalamientos de la gente.

“Cuando salga sé que va a ser difícil, todos se enteraron que mi hijo murió por Covid y que nosotros también nos enfermamos, allá afuera hay muchos como la señora que andan por la calle sin cubrebocas, pero que cerca de la casa se tapan o alejan, como si los fuéramos a contagiar con sólo verlos. Afortunadamente tengo muchos amigos, pero será difícil volver a la normalidad.”, reconoce Fili en entrevista para ejecentral.

El 18 de septiembre Aldair, quien a pesar de su corta edad se encontraba dentro de los grupos vulnerables al nuevo coronavirus por el sobrepeso que tenía, ingresó al hospital, después de un par de días de presentar síntomas como fiebre, cansancio y dificultades para respirar. Para ese punto, Filimón y Esther, sus padres, también se habían contagiado. El calvario comenzó.

La pareja que vive cerca del municipio de Tlahuelilpan, ahí donde la tragedia llegó hace casi tres años con la explosión en un oleoducto, y que los colocó por primera vez cerca de la muerte, logró recuperarse ya que sus síntomas fueron leves, por lo que se aislaron en casa y sólo Fili necesitó un tanque de oxigeno, que sus familiares tuvieron que obtener desde Pachuca.

A pesar de los malestares propios de esta enfermedad, Fili y Esther lograban comunicarse con su hijo hospitalizado a través de videollamadas, en las que le pedían que le echará ganas y resistiera, pero esto no ocurrió, su cuerpo debilitado no soportó la enfermedad y falleció seis días después. 

El hombre relata a ejecentral que él, como muchos otros, no creía en la enfermedad al inicio, y que no fue hasta que gente cercana comenzó a enfermarse cuando empezó a dudar.  Cuenta que hay personas que no usan el cubrebocas, ni siguen las medidas sanitarias que recomiendan las autoridades de salud, e incluso cree que así fue como su hijo se contagió, ya que en el trabajo una de sus compañeras al parecer estaba enferma e inconscientemente no se aisló y provocó un foco de contagio que le valió la vida a Aldair.

Sin poder despedirse de su hijo ni asistir a su entierro, la pareja permanece en casa, después de casi un mes de haberse enfermado, sólo salen para realizar compras esenciales, evitan acercarse a la gente que los ve con desdén. Saben que muchos hablan de su caso y que será difícil sobrellevar este episodio en su vida, pero lograron ganarle la batalla a un virus que primero creían que no existía. 

La etiqueta imborrable 

El gobierno de México reconoció a través de un documento publicado en el portal de información sobre el nuevo coronavirus que la crisis por Covid-19 no sólo había detonado un problema de salud, sino también algunos sociales como el miedo, la intolerancia y la discriminación, e incluso listaba los principales motivos para sufrir este tipo de ataques.

Poco después, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) publicó una guía para el manejo de las relaciones sociales y laborales durante la pandemia, e hizo especial énfasis en evitar conductas que pudieran causar rechazo a personas que fueron diagnosticas con Covid-19, así como a familiares y amigos de estos pacientes.

Conapred señaló que los grupos más vulnerables a sufrir discriminación a causa de la contingencia sanitaria son los mismos que enfrentan prejuicios y señalamientos desde antes de la pandemia, y que ésta sólo empeoró su situación, aunque reconoce que a estos sectores se debe sumar también a los pacientes diagnosticados, así como a sus familiares y amigos.

Sin embargo, a pesar de las recomendaciones y guías al respecto, pronto términos como covidoso —que se asemeja a la forma despectiva para tratar a los pacientes de SIDA—, coronoso o covipositivos, comenzaron a usarse con más frecuencia entre la población que sin pensarlo, publicaban información, a modo de advertencia, en las redes sociales sobre las personas que resultaban positivas dentro de ciertas colonias.

El miedo ante el rechazo, e incluso, las acciones que algunos vecinos emprendieron como tirar cloro frente a la casa de los pacientes confirmados, o agredir a quienes vivían allí si salían a comprar comida, incluso después de haber superado la enfermedad, llevó a Marcelo a ocultar la condición de su hijo mayor, quien se contagió en una pequeña reunión con amigos.

Los mensajes en el grupo de la colonia en que vive Marcelo y su familia eran cada vez más agresivos, aunque no habían llegado a la violencia física. La situación empeoró cuando esta localidad de la alcaldía Gustavo A. Madero entró a la lista de ubicaciones prioritarias por Covid-19 en la Ciudad de México a mediados de septiembre, lo que disparó una cacería de brujas hacia los pacientes confirmados y sus familiares.

Marcelo narra a ejecentral que sintió miedo y vergüenza ante la posibilidad de encontrar su casa clausurada simbólicamente o llena de mensajes, como había sucedido días antes con otro vecino, quien a pesar de demostrar que tuvo que ser trasladado de emergencia en ambulancia por un padecimiento renal, no evitó los señalamientos cuando finalmente pudo regresar a su hogar.

Una situación similar llevó a Francisca Vargas, médica de la Ciudad de México, a idear una especie de base de datos anónima en la que los pacientes recuperados de Covid-19 pudieran generar, tras una revisión clínica profunda, un código QR que permitiera demostrar que han superado la enfermedad y que no pueden contagiar a otros.

Su idea partió del trato diario con pacientes recuperados de Covid-19 quienes le contaban lo complicado que era para ellos regresar a la normalidad después de superar la enfermedad, ya que eran discriminados o tratados como focos de contagio, a pesar del tiempo que había pasado entre el padecimiento y el regreso a sus actividades cotidianas.

Para Berenice López esta idea, aunque es buena de inicio, contribuye a la estigmatización de las personas enfermas que tendrían que mostrar una especie de certificado de limpieza que podría vulnerar derechos de quienes no tengan acceso a esa tecnología o, simplemente, no estén dispuestos a compartir su estatus médico de forma tan pública.

De cualquier forma, la experta recomienda que para evitar situaciones de discriminación hacia personas enfermas de Covid-19, así como de otros padecimientos infecciosos, se debe dar mayor peso a campañas de divulgación e información real sobre el virus y sus consecuencias, así como evitar lenguaje discriminatorio e hiriente como los calificativos peyorativos que se han puesto de moda.

Marcelo admite que nunca pensó que algo así pudiera suceder en su familia, pero que ahora entiende que hizo mal en promover mensajes intolerantes a través del grupo de la colonia, y pide más empatía cada vez que un nuevo caso es reportado entre los vecinos, con la esperanza que, de ser descubierto, pueden tener alguna consideración con él.

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