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Elizabeth Hernández

Pasar horas con insomnio, dormir una siesta a la mitad del día o permanecer despierto por largos periodos sin cansancio tiene más relación con la carga hereditaria de cada persona, que con los factores ambientales que le rodean. 

dormir y genes

Pero a pesar del fuerte impacto que ha tenido el avance tecnológico en los patrones de sueño humano, al exponernos a más luces durante la noche, gran parte de nuestro descanso también depende de la genética.

Esta relación fue uno de los descubrimientos más importantes de un macro estudio de la Universidad de Tokio, que además permitió identificar 16 tipos de patrones de sueño diferentes entre los seres humanos que podrían utilizarse para mejorar la salud mental y física de personas con problemas de estrés, ansiedad, depresión o cansancio crónico.

Hasta hace unos meses se consideraba imposible estudiar los patrones de descanso humano por grupos preestablecidos, pero este nuevo modelo matemático cambió radicalmente este hecho al crear el “paisaje del sueño del mundo real” con datos de más de 100 mil personas que fueron monitoreadas a lo largo de una semana.

Los investigadores fueron capaces de dividir el sueño humano en cinco grandes grupos que van desde el insomnio total, hasta personas que pueden dormir toda la noche sin que los factores ambientales de ningún tipo interrumpan este descanso; un análisis más detallado mostró condiciones genéticas similares entre los integrantes de cada una de estas secciones.

El mapa del sueño humano

Este mapa del descanso humano muestra cómo estos grandes grupos de soñadores se pueden continuar subdividiendo según factores matemáticos medibles como son el tiempo de cada periodo de vigilia y la calidad de cada lapso de reposo dependiendo de la tensión muscular registrada por unos dispositivos especiales que se utilizaron para almacenar un millar de datos de cada uno de los participantes.

Los investigadores siguieron esta ruta para crear fenotipos de sueños que pueden definirse y diversificarse tanto por factores ambientales como genéticos, lo que permite un estudio detallado de los patrones de descanso de estos individuos, así como las consecuencias más esperadas para cada grupo.

El modelo propuesto abarca un algoritmo que divide los periodos de actividad de las personas entre sueño o vigilia, y mide la calidad de cada uno de estos lapsos para establecer una relación cuantificable, lo que permitió producir patrones de conducta asociados a ciertos comportamientos sociales o prácticas productivas.

Por ejemplo, los datos de este análisis permitieron demostrar que aquellas personas con periodos de insomnio corto también tenían un funcionamiento neurocognitivo deteriorado, mientras que aquellos con vigilias más largas presentaban más casos de ansiedad rumiante con pensamientos intrusivos y peor estado de salud mental.

Estos fenotipos del sueño también incluyen patrones de comportamiento como el jet lag social, una práctica en donde las horas de descanso requeridas se desplazan para dar más espacios a los compromisos con amistades o compañeros de trabajo, lo que tiene un fuerte impacto en la calidad de vida de estas personas.

A nivel general, la mayoría de los participantes fueron catalogadas dentro del grupo 4 y la subcategoría B, lo que quiere decir que tiene periodos de vigilia y sueño equilibrados con pocos trastornos del sueño generales, aunque estos no están descartados por factores ambientales o emocionales que pueden ser pasajeros.

El dato. Quienes tienen vigilias más largas presentan más casos de ansiedad rumiante con pensamientos intrusivos y peor estado de salud mental.

Retos en la salud del sueño

Esta nueva clasificación del descanso permitió identificar siete subcategorías con fenotipos muy similares al insomnio clínico, que a diferencia de estos patrones se trata como un trastorno médico que debe atenderse por su grave impacto en la salud de las personas que lo padecen, lo que podría permitir que se encuentren rutas de acción más efectiva para estos casos mal diagnosticados.

Los autores reconocen que existe una relación compleja entre trastornos del sueño y aquellos con origen psiquiátrico, pero aseguran que “estos análisis imparciales y completos de estos fenotipos en humanos no solo contribuirán al avance de la investigación biomédica sobre los factores genéticos y ambientales que subyacen en estos patrones, sino que también permitirán el desarrollo de mejores biomarcadores digitales para detectar enfermedades mentales”.

Pero las enfermedades mentales no son las únicas responsables de estos cambios abruptos en los patrones de sueño, esta investigación también demostró que las personas que trabajan por turnos son especialmente vulnerables a este tipo de trastornos hasta alterar por completo sus ciclos circadianos.

Los autores sostienen que una mejor comprensión de los ciclos de vigilia y sueño de estos trabajadores permitirían establecer condiciones laborales que no tengan un impacto tan negativo en su salud o estilo de vida, lo que reduciría la carga económica de este tipo de padecimientos.

Datos del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) revelan que casi un tercio de los adultos de este país tiene problemas para dormir por más de siete horas al día, lo que impacta en 411 mil millones de dólares en la productividad de estas personas, una cifra cercana al 2.28% del Producto Interno Bruto (PIB) de esta nación.

Y estas cifras no son exclusivas de Estados Unidos, a nivel mundial se estima que entre el 10 y 30% de la población se encuentra en alguno de los grupos fenotípicos de insomnio, lo que puede acelerar ciertos padecimientos como las enfermedades cardiovasculares, diabetes u obesidad. El descubrimiento de estos fenotipos podría representar una nueva forma de abordar uno de los principales problemas de salud pública global, así como crear mejores tratamientos que impacten en la calidad de vida de millones de personas en el mundo, quienes podrían estar a solo un paso de descansar sin preocupaciones. 

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