Alejandro Alemán

En no pocas ocasiones le hemos reclamado al cine mexicano actual su aversión al riesgo. Sin ir más lejos, hoy día pareciera que la incipiente industria fílmica del país sólo está dispuesta a producir comedias románticas, toda vez su probada eficacia en taquilla.  

Dos veces tú, el segundo largometraje del director mexicano Salomón Askenazi, va justo en dirección contraria, no sólo no es una comedia romántica, sino que desafía toda etiqueta: es un thriller, una historia de amor, un relato sobrenatural. Es de esas cintas que le exigen al espectador, que lo retan mediante su constante giro dramático, su inusual trama y en lo seductor de sus protagonistas. Es cine que arriesga.

La trama, por ende, es difícil de contar. Daniela y Tania (Melissa Barrera y Anahí Dávila) son primas, pero además mejores amigas. Acompañadas de sus respectivas parejas, los cuatro acuden a la boda de algún amigo en común. Aburridas y algo pasadas de tragos, deciden intercambiar parejas. Así, a Daniela le toca bailar con el machito de Benny (Daniel Adissi), mientras que Daniela hace lo propio con el agradable Rodrigo (Mariano Palacios). Luego de la fiesta, el juego de parejas continúa en los autos de cada uno. Aún intoxicados, se retan a unas carreritas por las calles de la Ciudad de México en madrugada. ¿Qué podría salir mal?

Hasta aquí lo que tenemos es una historia intrigante, un pulcro diseño visual (cámara de Alberto Casillas) y un par de protagonistas que asaltan nuestra atención. Pero en menos de un segundo, el también guionista Askenazi comienza a jugar con los tiempos y las posibilidades narrativas tomando toda una serie de riesgos que convierten a esta película en dos cintas que corren a veces en paralelo y a veces contrapuestas. 

La gran edición de Jorge García nos lleva por la historia de estas amigas que tendrán que lidiar con el dolor, la pérdida, y la melancolía. La narrativa no es lineal, queda en el espectador la tarea de armar las piezas mientras que el guion sigue revelando secretos sobre el pasado de estas dos mujeres que, no importando lo que pase, no piensan abandonarse nunca.

Indudablemente no todos los giros que Askenazi decide para su cinta funcionan: por momentos no es fácil seguir la lógica de las acciones, no es sencillo unir todas las piezas, pero el riesgo está presente, la osadía se agradece, las caras nuevas son bienvenidas. Vamos, a esto nos referíamos cuando reclamamos al cine mexicano ser más audaz y tomar más riesgos. 

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