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Juan Pablo de Leo

Entre las miles de descripciones que se pueden encontrar sobre el carácter de Donald Trump, una constante en los diferentes textos de libros y artículos es el rencor. Trump no perdona. Trump no olvida.

Durante su carrera como empresario y ahora como político, Trump tiene un historial bien conocido de no soltar cuando de rivalidades se trata. De empresarios inmobiliarios en su tiempo a los empresarios de ahora que le representan un problema en su presidencia, Trump se ha caracterizado por llevar sus conflictos y rivalidades al límite.

La lista de pugnas que mantiene presente cada día es larga. Sobre todo cuando de temas nacionales se trata. Dentro del Partido Demócrata se ha enfrentado desde el primer día en una guerra política sin cuartel. Primero, los insultos a Chuck Schumer y Nancy Pelosi, hasta las ofensas públicas contra Rahm Emanuel, alcalde de Chicago, y otros miembros del Partido del Burro. Sin embargo, y a pesar de las confrontaciones, hay una rivalidad que Trump aún no supera: la elección contra Hillary Clinton y a la misma Hillary Clinton.

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Aquella elección de 2016 ha sido difícil de olvidar. Hasta hoy, tanto Donald Trump como Hillary Clinton siguen refiriéndose al resultado de la elección y las acciones que pudieron llevar o no al resultado final con la victoria del republicano. Es la elección que Estados Unidos simplemente no puede abandonar. Casi dos años después, gran parte del país continúa obsesionado con el tema Trump contra Clinton, empezando por el mismo presidente Trump. Esto no es normal. Usualmente las campañas tienen una fecha de vencimiento, un día o dos después de que las cadenas de televisión abandonan sus sets y los periódicos llenos de declaraciones electorales llegan a la papelera de reciclaje.

No en esta ocasión. Lo que en un principio fue una amistad interesada entre una de las familias más importantes del mundo de la política, como son los Clinton, y uno de los empresarios inmobiliarios más mediáticos y exitosos, Donald Trump. La fotografía de la boda entre Trump y Melania con Bill y Hillary abrazándose dio paso a una de las campañas políticas más sucias, agresivas y confrontativas que la historia de Estados Unidos haya vivido.

La elección dejó a Trump sensible a pesar de su victoria. Toda la discusión alrededor de su triunfo y la supuesta injerencia rusa han contaminado una conversación que afecta la estabilidad emocional del inquilino de la Casa Blanca. En más de una ocasión, Trump se ha despertado para publicar en su cuenta de Twitter dudas sobre por qué la justicia estadounidense decide no perseguir a una mujer y a una familia que, él dice, merece estar en la cárcel por el escándalo del servidor de correo electrónico, cuando ella era secretaria de Estado.

Más de 18 meses después de haber tomado posesión como presidente de Estados Unidos, Trump ni ha perdonado ni ha olvidado a los Clinton. En especial a Hillary, pues Trump considera que lo agresivo de su campaña contra el desarrollador inmobiliario, ocasionó un daño irreversible en su imagen y por ende en su administración. En ese sentido, algunos de los involucrados en la campaña de Hillary han seguido sufriendo la ira de Trump. John Podesta, el director de campaña de Hillary; Debbie Wasserman Schultz, presidenta del partido Demócrata, y otros miembros que la acompañaron en su intento por la presidencia, han recibido insultos y ataques de Trump hasta hace algunas semanas.

La campaña de Hillary Clinton, así como los integrantes que la acompañaron, son tema hoy en día por la reciente designación que hizo el virtual presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, al mandar a Marcelo Ebrard a la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE). Desde el inicio de su campaña, López Obrador afirmó que la política exterior comenzaba por la interior. Se entiende en ese sentido, una mayor claridad sobre la estrategia que está preparando el presidente electo en cuanto a política exterior y sus primeras acciones se han centrado exclusivamente sobre el gobierno de Estados Unidos.

Es un dato bien conocido el hecho de que Ebrard trabajó de cierta forma con la archirrival de Trump: Hillary Clinton. En 2016, Ebrard participó en el proceso electoral de Estados Unidos como impulsor del voto latino en favor de la demócrata Clinton. Ebrard participó activamente en Estados Unidos dentro de la organización de redes de votantes mexicano-estadounidenses, pues algunos de ellos tienen doble nacionalidad. No sólo eso, previamente, durante su paso por territorio estadounidense, trabajó con la organización Voto Latino, así como con otros grupos de inscripción y participación de votantes en California, Arizona, Florida, Chicago, entre otros lugares. Aunque Ebrard mantuvo una participación activa en la elección presidencial estadounidense, no estuvo directamente involucrado con la campaña de Clinton, sino con aquellas agrupaciones que colaboraron con la entonces candidata.

retos. Entre las tareas que Ebrard enfrentará en la Cancillería, figura la deportación de migrantes de México y América Latina, además del plan de Estados Unidos para construir un muro fronterizo.

No sólo participó como activista. También desde una especie de vocería para la comunidad hispana en la que dio varias entrevistas que quedaron sentadas y registradas como posiciones fuertes en contra de Trump. Como hace unos días lo recordó una nota del periódico El Financiero, Marcelo Ebrard se pronunció negativamente sobre Trump unos días antes de la elección. En una entrevista con The New Yorker dijo que de ganar Trump se tendría una sociedad creada por una opinión xenófoba, y eso también tendría un impacto, incluso en aquellos que son ciudadanos. Si su apellido es Martínez o porque hablen español, la vida cotidiana se volverá más difícil.

¿Trump conoce las actividades de Ebrard con Hillary Clinton? Es difícil saber. Lo que no es ningún secreto es la pretensión que tiene Trump de influenciar a sus enemigos, y no se equivoquen, pues sin duda Trump considera a México su enemigo. Lo que quiere encontrar es la manera en la cual influenciar dentro del gobierno a través de mentiras y decepciones, haciéndose pasar por amigo. Es parte del modus operandi; la forma de Trump es tratar a sus amigos como enemigos y a sus enemigos como amigos.

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