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Jose Luis Camacho

No existe institución pública mexicana que en los recientes años haya mostrado mayor capacidad de transformación que las Fuerzas Armadas, conglomerado de mujeres y hombres que al interior y exterior de sus filas ha sido objeto de cambios profundos que la han hecho evolucionar y adaptarse a las nuevas circunstancias nacionales. Sin embargo, hay algunos sectores que persiguiendo objetivos particulares, han pasado por alto dicha transformación y han querido mostrar una cara que no existe en el Ejército y Marina-Armada, como lo es la de una institución que viola sistemáticamente los derechos humanos y que le quiere hacer mal a la población, imagen que no sólo es ajena a la realidad sino que además nos afecta en mucho a todos los mexicanos.

Como académico y como hombre interesado en la cosa pública, sé que no es el estilo del Ejército ni de la Marina responder a cuanto ataque injustificado y mal intencionado son objeto, pero también sé que quienes conocemos más de cerca a esa institución verde olivo podemos y tenemos la obligación de ofrecer una visión más amplia de lo que realmente es y el trabajo que realiza a diario, sin que estén presentes los reflectores de la prensa, por defender la soberanía nacional en toda la extensión de la palabra.

A diferencia de otras naciones, en donde sus fuerzas armadas son elitistas y se constituyen exclusivamente con base en el linaje y la herencia, en México tenemos el orgullo de contar con un ejército popular, formado por mujeres y hombres provenientes de los extractos más modestos, pero también de los hogares de clases medias y altas que reconocen que la vida del militar es la de mexicanos entregados en cuerpo y alma al servicio público y que encuentran justamente en esa misión su mayor honra y dicha.

En el Ejército y la Marina tiene lugar un entreveramiento de clases, generaciones y capacidades en favor de la Nación.

En los colegios, institutos y universidades militares ubicamos miles de historias de éxito, en las que hombres y mujeres han logrado superar difíciles circunstancias y han encontrado en la disciplina militar un modo de vida exitoso que les ha permitido no sólo superarse profesionalmente, sino también formar familias y ofrecer mejores y nuevas oportunidades a sus hijos, los cuales crecen inmersos en esta cultura que los aleja de adicciones y siembra en ellos la semilla del fervor patrio.

Padres y madres que no sólo pregonan el amor a su país, sino que lo demuestran día a día en cuanta labor social realizan en el campo, ciudad, sierra, costa y desierto, pues el Ejército y Marina se encuentran desplegados por todo el territorio nacional y su presencia es factor de tranquilidad y unidad entre los pobladores.

Justamente, el trabajo que las mujeres y hombres militares realizan a lo largo del país les permite ostentar el honroso título de formar parte de la institución mejor valorada por los mexicanos, lo cual ha permitido que las campañas de desprestigio de las que son adeptos personajes claramente identificables no surtan efecto.

Decir que un militar abusó sexualmente de una mujer de la tercera edad o que un batallón es cómplice de grupos criminales para desparecer los restos de 43 estudiantes, es producto no de una investigación periodística seria y respetable, sino de ocurrencias e irresponsabilidades de quien busca llamar la atención y legitimarse con base en mentiras y diatribas, dañando a una institución que en mucho contribuye a la paz y al régimen democrático que hoy vivimos los mexicanos.

Durante los reciente años, para algunos se ha vuelto deporte favorito golpear el Ejército y crear toda una mitología a su alrededor, sin preocuparse si quiera en acercarse a un colegio y conocer verdaderamente el conocimiento y preparación que se fomenta en los jóvenes y la férrea disciplina de la que carecemos la mayoría de los civiles pero que vuelve a los militares mujeres y hombres de excelencia.

Disciplina que no sólo es la base de su actuar ante cualquier acontecimiento, sino también un impedimento para reaccionar ante ataques injustificados.

No nos es ajeno que los grupos que en algunas ciudades se han manifestado en contra de la presencia de militares no son una expresión genuina de los poblados, sino que se trata de mujeres en su mayoría que son pagadas por intereses delincuenciales para servirles de tapadera y evitar que el Ejército llegue para poner orden y acabar con sumodus vivendi que envenena a nuestros hijos y pervierte nuestras comunidades.

Digámoslo claramente: El Ejército mexicano no es un violador de derechos humanos ni mucho menos un conglomerado de mujeres y hombres organizados para hacer el mal a la nación, sino un cuerpo adiestrado para atender las necesidades sociales más urgentes y encontrarse presto para acudir al llamado de auxilio de cuanto mexicano se encuentre en peligro. Ésa es la verdad que algunos no quieren asumir, porque ello significaría acabar con la mina de oro que representa estar insultando y menoscabando la imagen del militar.

Ante ello, en las calles de diversas ciudades han surgido expresiones verdaderamente genuinas de mujeres y hombres que reconocen el valor y el trabajo del Ejército Mexicano y que han exigido que se cese con la campaña de desprestigio orquestada en su contra. Se trata de movimientos sociales que apelan por el reconocimiento pleno de la labor militar y que buscan fomentar entre la población el consumo de información fidedigna y genuina.

Sin chistar, las Fuerzas Armadas han acatado la orden de su jefe supremo y adaptado sus mecanismos de operación para hacer frente a la amenaza a la seguridad nacional, la cual, a diferencia de lo acontecido en el siglo XIX y XX no proviene del exterior, en el cual sí encuentra su principal motor de crecimiento, sino que se localiza en el propio territorio nacional con malos mexicanos que ofrecen en nuestras calles drogas a los jóvenes o los invitan a formar parte de sus grupos delincuenciales.

Sin miedo a equivocarme puedo afirmar que nuestras Fuerzas Armadas son la institución que mayor y mejor capacidad de adaptación y transformación ha tenido durante los recientes años, pues actualmente persona alguna puede negar que la observancia irrestricta del estado de derecho, equidad de género, transparencia, rendición de cuentas, responsabilidad social y respeto de los derechos humanos sean cánones que forman parte fundamental del actuar de los militares en las calles del país.

Ni duda cabe que el Ejército y la Marina son la institución que mejores cuentas rinde a los mexicanos; ya sea en la lucha contra el crimen, atención a la sociedad civil víctima de un desastre natural o defensa del proyecto de país que los mexicanos hemos definido a través de nuestro voto libre y secreto, los militares siempre han estado ahí con una visión de largo plazo y una actuación institucional inquebrantable.

Si bien nuestro Ejército se ha actualizado a las nuevas tecnologías y prioridades, su espíritu sigue siendo el mismo: amar y servir a la Patria.

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