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Alejandro Alemán

Alejandro Alemán

La filmografía del mexicano Jesús Magaña Vázquez (Abolición de la Propiedad, Alicia en el País de María) -otrora obseso en contar historias de rompimiento y desamor- finalmente se permite un giro argumental con El Alien y yo (México, 2016), adaptación cuasi exacta del cuento original de Carlos Velázquez El Alien Agropecuario que forma parte de su libro La marrana negra de la literatura rosa.

En aquel cuento como en la película, se narra la historia de una banda punk que recluta, como ocurrencia genial, a un chico con Síndrome de Down que resulta ser un prodigio en los teclados. La irrupción de este elemento marginal termina por transformar a la banda para ir del punk a la anarcocumbia y de ser teloneros a codearse con productores como Meme (de Café Tacvba).

Si bien las cintas anteriores de Magaña resultan repetitivas, al menos se beneficiaban de la cámara del usualmente infalible de Alejandro Cantú para crear ciertas atmósferas estéticas. Aquí ni siquiera eso se consigue. Con un diseño de producción más bien pobre (¿producto de un bajo presupuesto o de una prisa por filmar?) y con una cámara apenas funcional, le toca al elenco sacar la casta para rescatar este barco: Juan Pablo Campa, Juan Ugarte, la muy solvente Inés Tavira (quien lleva a cuestas el peso de la cinta), y por supuesto, la estrella, el bailarín y actor Paco de la Fuente como el Alien.

Magaña le queda mucho a deber al texto original: es incapaz de plasmar el ritmo frenético, le baja a la acidez constante y a la sátira dura, el humor no conecta, relega a su estrella (de la Fuente) a una posición casi de ornato, abusa de la voz en off y del rompimiento de la cuarta pared, falla incluso en la musicalización (el score es muy pobre) en una película donde la música debería ser protagonista.

El mayor triunfo del filme no corresponde en todo caso a su director sino al escritor Carlos Velázquez: abordar al personaje con Síndrome de Down no desde el paternalismo ni la condescendencia sino del humor, que termina por ser más incluyente.

Es un cliché pero en este caso es verdad: el libro es tremendamente superior a la película.

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