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Jose Luis Camacho

El 30 de junio pasado, el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh) dio a conocer el documento titulado “Tlatlaya a un año: La orden fue abatir” (http://www.centroprodh.org.mx), el cual –tal y como lo reconoce la propia ONG– fue “construido” a partir de la información a su alcance. Primera señal.

Su portada es muy llamativa, ya que se percibe una pared de ladrillo blanco con un par de agujeros [que se intuye son de impactos de arma de fuego] y uno de ellos se encuentra ensangrentado. Segunda señal.

Una vez superada esta portada, el documento se encuentra constituido por 5 apartados, siendo cada uno de ellos más que un informe o una relatoría objetiva de hechos, un mini ensayo cuya libertad para entretejer y “construir” acontecimientos y declaraciones, es evidente. Tercera señal.

Llama la atención que en ninguno de ellos se dedica el mínimo espacio para dar cuenta de las difíciles condiciones que enfrenta el Ejército al momento de enfrentarse a grupos armados y para describir cómo los militares llegan a ser perseguidos y asesinados sin clemencia alguna por esos grupos. Cuarta señal de la falta de objetividad e imparcialidad del documento en cuestión.

En el apartado 3 se encuentra la aseveración que durante los recientes días ha sido destacada en los medios de comunicación, al señalar que en la Orden General de Operaciones de la Base de Operaciones “San Antonio del Rosario”, apartado VII, se señala que “Las tropas deberán operar en la noche en forma masiva y en el día reducir la actividad a fin de abatir delincuentes en horas de oscuridad, ya que el mayor número de delitos se comete en ese horario…”.

Es decir, se quiere hacer ver que la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) adiestra y educa a miles de mexicanas y mexicanos, provenientes de todo el país y algunos de los estratos más modestos, para privar de la vida, así de plano, a cualquier sospechoso de ser un criminal.

Esta aseveración, sin duda alguna, genera mucho ruido y busca hacer ver al Ejército como un grupo de asesinos al margen de la ley; percepción que vende.

Sin embargo, esa aseveración tan seria muestra deficiencias de origen que no pasa la prueba más sencilla de rigor científico y de objetividad periodística. Me explico.

Dicha orden supuestamente se encuentra incluida en el documento en comento, específicamente en la página 20, de cuyo análisis se desprende que no es una hoja escaneada sino una fotografía, ya que el texto se percibe poco claro, chueco, incompleto y con un fondo grisáceo.

Al llegar a la supuesta orden del “Alto Mando” (párrafo 8), el texto se percibe distinto, pues está perfectamente alienado, con fondo blanco, pero incompleto y con una incoherencia evidente, ya que se lee:

“Las tropas deberán operar de noche en forma masiva y en el día reducir la actividad… fin de abatir delincuentes en horas de oscuridad, ya que el mayor número de… comete en ese horario…”

Tratándose del documento “madre” con que busca sustentar toda su investigación, el Centro Prodh no debió haber escatimado en mostrarlo completo y en no dejar duda alguna, omisión que es evidente no obedece a escasos recursos, sino a una falta grave de apego a la realidad.

La razón por la que el párrafo 8 del texto se percibe distinto es que fue modificado de su versión original, que con base en lo dicho por el General Secretario Salvador Cienfuegos, a la letra dice:

“Las tropas deberán operar en la noche en forma masiva y en el día reducir la actividad a fin de abatir homicidios perpetrados por los delincuentes en horas de oscuridad, ya que el mayor número de delitos se comete en ese horario.”

Se trata de cuatro palabras cuya omisión ha buscado difamar al Ejército y desprestigiarlo, intención que obedece a intereses oscuros y completamente ajenos a los de la gran mayoría de los mexicanos.

Se trata de 5 evidencias claras de que el Centro Prodh miente y ha dado a conocer información falsa y calumniosa en contra de 50 mil mujeres y hombres que se encuentran desplegados en todo el territorio nacional, llevando a cabo misiones elementales de seguridad, que arriesgan su vida y que además de todo ello, deben soportar que personas desde la comodidad de escritorios y restaurantes, quieran darles lecciones de ética y profesionalismo y menospreciar su vida.

Pero la inmensa mayoría de los mexicanos reconocemos el esfuerzo que está haciendo nuestro Ejército, marcando la diferencia en comunidades enteras entre vivir en paz o ser presa del crimen. De ese tamaño es la trascendencia de la presencia militar en el país.

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