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Elizabeth Hernández

Aunque los signos de alerta estaban presentes desde finales de octubre, la Ciudad de México esperó y ahora es posible el colapso.

Ni los mensajes masivos de texto, ni la advertencia de riesgo y mucho menos las continuas súplicas de la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, bastaron para frenar el crecimiento acelerado de la pandemia por Covid-19 en la capital.

El crecimiento de los contagios en la capital es hoy, en palabras del subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, un camión de carga imposible de frenar, que sólo podrá reducir los casos positivos hasta la primera semana de 2021 si, y sólo si, las medidas impuestas desde mañana se cumplen de manera estricta.

Desde finales de octubre, el personal médico y las cifras oficiales advertían sobre un crecimiento importante en los contagios en la capital; sin embargo, la jefa de gobierno y sus asesores optaron por no regresar al máximo nivel de alerta, y en su lugar utilizaron un escalón intermedio, el “naranja con alerta”, que ya había sido implementado durante septiembre.

Al crecimiento, cada vez más acelerado, en contagios y defunciones en la Ciudad de México le siguieron una serie de semáforos naranjas con diferentes tipos de alertas que encendieron las burlas dentro de las redes sociales, al tiempo que exigían la activación del rojo en la capital.

La semana pasada, en el marco de las festividades de la Virgen de Guadalupe, Sheinbaum se negó a posicionar el semáforo de riesgo en algún color y dijo que la entidad se encontraba en alerta y emergencia por Covid-19, un nuevo nivel que, ante las críticas, fue respaldado por parte de su equipo en redes sociales.

Mañana, después de 24 semanas, la capital del país regresará, finalmente, al semáforo rojo, aunque eso no sea suficiente para frenar, según estimaciones del propio gobierno local, ni los casos, ni las muertes proyectadas en los siguientes días.

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