Alejandro Alemán

El gran mérito de Lost Girls —primera ficción de la afamada documentalista Liz Garbus (nominación al Oscar por What Happened, Miss Simone?, 2015)—  no recae únicamente en el terreno de la técnica ni tampoco en el de las actuaciones (que son extraordinarias), lo que desmarca esta cinta de otras con una temática similar es que humaniza a sus víctimas: un grupo de jovencitas que fueron encontradas muertas a finales del año 2010 en el área de Long Island, en Nueva York, todas ellas trabajadoras sexuales.

Basada en el libro homónimo escrito por Robert Kolker, la película narra el caso de Mary Gilbert (una imponente Amy Ryan), madre soltera de cuatro hijas: la mayor, Shannan, ya no vive con ellas, pero ha prometido visitarlas el fin de semana. Shannan nunca llega a la cita, pero una misteriosa llamada telefónica confirma lo peor: su hija ha sido secuestrada.

Lo que sigue es un doloroso y frustrante proceso en el cual Mary, desesperada pero sin perder el ímpetu y el enojo, pide a la policía que se investigue el asesinato de su hija. Las autoridades se muestran apáticas: “¿desde cuándo perdemos tanto tiempo en la muerte de una prostituta?”.

Mary luchará para que la policía, los medios y nosotros mismos, los espectadores, entendamos de que no se trata de una prostituta muerta, sino “de madres, de hijas, de hermanas”. De seres humanos, pues.

El género de la cinta resulta por momentos ambiguo. Al principio parece que estamos ante un clásico who dunnit? (¿quién es el asesino?) pero después, poco a poco, el filme vira hacia un interesante estudio de personaje: la obstinada determinación de una Mary Gilbert que se transforma de la madre dispuesta a todo, a aquella que reconoce sus deficiencias en el cuidado y educación de sus hijas: “era yo una niña”, dice refiriéndose a esa maternidad prematura que la obligó, como pudo, a madurar. 

Gilbert no se arrepiente de las decisiones tomadas y tampoco cede ante la apatía del gobierno, la rudeza de los medios, la poca solidaridad de la sociedad y el reclamo (de sus hijas, de la policía) de quienes la señalan como culpable y mala madre.

Podría parecer menor, pero Liz Garbus logra armar una cinta que lo mismo se mantiene respetuosa, intrigante, melancólica e inevitablemente dolorosa; siempre firme en su afán por mostrar a las víctimas como seres humanos y no como entes desechables –y condenables– por sus decisiones, sus errores, sus conflictos o su género.

Lost Girls puede verse en Netflix. 

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