Alejandro Alemán

En un momento cumbre de Cry Macho (E.U., 2021), Rafa —un jovencito caguengue (diría mi abuela)— le reclama con gran desilusión al personaje de Clint Eastwood: “Solías ser duro y ahora eres débil. Montabas caballos, eras fuerte. Macho”.

La respuesta de Mike (Eastwood) es demoledora: “Solía ser muchas cosas, pero ya no lo soy. Las cosas de macho están sobrevaloradas.” ¿A quién le habla Clint? ¿A ese niño enfadoso o a nosotros, el público que sabe de su leyenda como epítome del hombre rudo en el cine?

El gran problema con Cry Macho (o mi problema, pues) es que se trata de esas películas donde el peso de quien las hace importa más que la película misma. Estamos ante la más reciente cinta dirigida, producida y protagonizada por Clint Eastwood, quien en plena pandemia y con 91 años, decide seguir filmando.

La historia es mínima. Mike es un viejo vaquero de rodeo que tras un accidente lo perdió todo. Su antiguo jefe, aquel que lo ayudó a convertirse en una estrella, ahora le pide un favor: ir a la Ciudad de México (es finales de los años 70’s) para llevar de vuelta a Rafa, su hijo adolescente que anda en malos pasos.

Sin mucho problema, Mike encuentra a Rafa, quien se dedica a hacer peleas clandestinas de gallos. Así, con todo y su gallo (que a la sazón se llama “Macho”) emprenden el roadtrip de regreso a Texas, un viaje donde habrá persecuciones, romance (entrañable Natalia Traven) y varias pláticas sobre la hombría, la vida y la vejez. “Crees tener las respuestas, envejeces y te das cuenta que no”.

Son terrenos conocidos. Tal cual lo hizo con la que sin duda es su mejor película, Unforgiven (1992), Eastwood vuelve al ejercicio revisionista ya no del western sino de su propia persona. Clint deconstruye al hombre rudo que alguna vez fue para reconocer, sin empacho, que al final la hombría de aquellos días no sirve de nada y que —como decía Sabines— lo imprescindible de la vida es el pan y la mujer.

Es notable la fragilidad de esta cinta. El guion se tambalea a cada paso con situaciones que carecen de lógica o que de plano son inverosímiles: ¿cómo arrancaron aquel auto robado? ¿por qué se ve la Torre Reforma en el skyline de la ciudad de los 70’s?, ¿por qué Marta los ayuda sin siquiera conocerlos?

La película vive por nuestros recuerdos: nos emociona ver a Eastwood de nueva cuenta con sombrero de cowboy, montando a caballo (con ayuda de un doble), tirando un puñetazo o —así sea por un microsegundo— empuñando un arma con esa mirada que es incluso más letal.

Cry Macho no es lo mejor de su filmografía: el guion es torpe, el argumento endeble, abundan personajes caricaturescos y los diálogos dejan mucho que desear.  Pero Eastwood sigue siendo un tótem imponente. ¿Quién diablos soy yo para reclamarle absolutamente nada a una leyenda?

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