Alejandro Alemán

La democracia de Estados Unidos es la más longeva del planeta, y los achaques propios de la vejez son cada vez más notorios y peligrosos para el futuro no sólo de aquel país, sino del mundo entero.

Explicar las razones de porqué el sistema político estadounidense está en crisis (y por qué hoy, más que nunca, salir a votar es de vital importancia) es el objetivo de la serie documental En pocas palabras: el poder del voto.

Producida por Netflix y Vox, El poder del Voto, es una miniserie de tres episodios donde Leonardo Di Caprio, Selena Gómez y John Legend, explican detalladamente (mediante voz en off) las razones por las que la democracia norteamericana tiene severos fallos que urge corregir.

El voto —explica DiCaprio— históricamente ha sido un privilegio y no un derecho. Votar masivamente es lo que provoca cambios. Es por ello que ahora se trata de satanizar el voto masivo con el pretexto del “fraude” (Trump insiste que el voto por correo es la entrada del “mega fraude electoral”). 

Con cifras, el documental explica que las irregularidades en el voto ciudadano son históricamente mínimas. El fraude, dice Di Caprio, no está en los ciudadanos sino en los que se niegan a que el voto sea un derecho universal.

Por su parte, Selena Gómez explica el pantanoso tema del dinero en las campañas presidenciales en Estados Unidos, cuyo costo (6.5 billones de dólares la de 2016) es el mayor del mundo (con ese dinero, Reino Unido organiza catorce elecciones presidenciales). 

El gran problema es la falta de transparencia sobre el origen de estos recursos, lo cual provoca el peor escenario: quien más dinero tiene, es quien tiene mayor poder. No en balde casi todos los congresistas de los Estados Unidos son millonarios. 

Y por último, John Legend explica por qué el voto popular no gana elecciones y por qué en Estados Unidos hay votos que pesan más que otros.  Un muy enojado Arnold Schwarzenegger nos cuenta que el llamado colegio electoral y la forma en cómo los estados dividen —a contentillo— los distritos electorales son el causante de este desbalance. 

El panorama es sombrío (sorprendentemente, México podría enseñarles muchas cosas sobre democracia electoral), pero el cierre es esperanzador: la historia de Estados Unidos es de una lucha interminable de sus ciudadanos por el reconocimiento de sus derechos (el voto a las mujeres, a los afroamericanos, a los latinos, a los jóvenes), por lo tanto, la lucha por hacer más justa su propia democracia no es tarea sencilla, pero tampoco imposible. Todo inicia con ir y votar. 

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