Alejandro Alemán

Hasta un reloj descompuesto atina dos veces a dar la hora. Eso mismo pasa con la cinematografía de Ron Howard, cineasta que regularmente entrega cintas mediocres, cursis y melosas, pero que de repente sorprende con garbanzos de a libra como Frost/Nixon (2008) o Rush (2013).

La mala noticia es que esta vez, para su más reciente estreno en Netflix, toca de nueva cuenta otro de sus clásicos filmes empalagosos, vacuos y que, para no variar, está basado en un hecho real.  

Hillbilly Elegy es la historia de J.D. Vance (Gabriel Basso), un joven estudiante de leyes, proveniente de una familia humilde de Ohio, que a duras penas puede pagar las colegiaturas de la prestigiosa Yale y que está en busca de un puesto en un importante bufete de abogados.

En esas estamos cuando Vance recibe una llamada de su natal Middletown: resulta que su madre está en el hospital (otra vez) por una sobredosis de heroína. Así, Vance tendrá que manejar 10 horas para ayudar a su madre y regresar en menos de tres días para acudir a una importante entrevista de trabajo.

Basado en las memorias escritas por el propio J.D. Vance, Ron Howard parte la historia en dos, mostrando mediante flashbacks cómo es que el pequeño J.D. Vance (Owen Asztalos) vivía en esta familia disfuncional donde su madre (Amy Adams) es una incorregible drogadicta, mientras que su no menos perturbada abuela (Glenn Close) tratará de salvar a su nieto para que no acabe como su hija.

El personaje de Amy Adams es, claro, la madre del año: no sólo golpea a su hijo sino que además cambia de novio como de calcetines, pierde trabajos por sus actitudes infantiles o se casa con cualquiera dispuesto a mantenerla.

Mucho se ha hablado de las posibilidades de esta cinta (original de Netflix) para obtener nominaciones al Oscar. Lo cierto es que Amy Adams se entrega con particular entusiasmo al papel, rozando siempre la sobreactuación, mientras que Glenn Close sabe armar mejores duelos verbales, ya sea con su descarriada hija, ya sea con su también obnubilado nieto que, cansado de su madre, ya también le anda entrando a la marihuana.

En lo particular, me entusiasma más el trabajo de los dos actores que interpretan a Vance (Asztalos y Basso), quienes no solo cargan sobre sus hombros la película, sino que además salen avante en los lances frente a Close y Adams.

Pero más allá de ello no hay mucho. Estamos frente a un clásico dramón telenovelero, bien armado, cursi y cuidadosamente despojado de la veta política que el libro original si tenía. Un filme que pone a la filmografía del veterano Ron Howard al nivel de un episodio promedio de La Rosa de Guadalupe. 

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