Alejandro Alemán

No es usual que una película logre auténticamente capturar el espíritu de su época. En Mano de Obra, el director mexicano David Zonana lo hace, seguramente sin proponérselo. Tal vez por ello resulta tan eficaz en hacer eco a la inquietud reciente de muchos autores sobre las grandes desigualdades socioeconómicas que aquejan no sólo a México, sino al mundo entero.

Esto no quiere decir que Mano de Obra sea una película “de mensaje”, militante ni mucho menos panfletaria. Es una cinta que cuenta con la aún más extraña virtud de capturar la atención desde el primer minuto para no soltarte a lo largo de sus breves, pero intensos 82 minutos.

Francisco (estupendo Luis Alberti) es un albañil que, luego de que su hermano sufre un fatal accidente en la obra donde ambos trabajaban, lucha para que el dueño de la construcción (una casa de lujo en el Pedregal de San Ángel, CDMX) pague indemnización a la viuda quien, a la sazón, está embarazada.

A pesar de que el patrón se muestra atento a la justa petición, el mar burocrático y una maraña de corrupción impiden que se pague un solo quinto: un perito dictamina que el hermano de Francisco se encontraba bajo los efectos del alcohol, esto a pesar de que sus amigos y familiares sabían que era abstemio.

Lo que inicia como una revenge movie con toque social se torna en una dura crítica sobre las condiciones que impiden a los pobres abandonar esa condición, aunque para ello incluso le arrebate sus pertenencias al rico. La apropiación social (ciertos vasos comunicantes con Parasite) como alternativa siempre fallida a la pobreza.

Esta parábola sobre la falta de movilidad social en México se hace aún más poderosa gracias a las actuaciones de los albañiles, interpretados todos por verdaderos trabajadores de la construcción, en actuaciones sorprendentemente atinadas y convincentes. 

Filmada casi en su totalidad con tomas fijas en planos medios y generales, el director y su fotógrafa, Carolina Costa, muestran un gran manejo del espacio cinematográfico, encerrando casi todo el tiempo a sus personajes en las paredes de lo que se volverá su propia prisión.

Con indudables toques buñuelescos, Zonana se niega a entregar un filme aburrido o incluso solemne, y su crítica se convierte de mayor calado, cuando la utopía de poder y dinero de Francisco termina reproduciendo el mismo ambiente de injusticias y transas que antes sufría.

La conclusión no podría ser más dura: la pobreza -pareciera decir esta cinta- está en todas partes, no solamente en la cartera.

Mano de Obra llega este fin de semana a salas de cine de todo el país. 

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