Alejandro Alemán

Al final del primer episodio de la segunda temporada de Pan y Circo (serie creada por Diego Luna, exclusiva de Amazon Prime), el actor y director se muestra enfático: “Uno vota por un gobierno y espera de ese gobierno decisiones […] el problema es cuando la persona por la que votaste te desconoce. Es como cuando el perro se te queda viendo así y dices ¡Ay cabrón, si nos conocemos de toda la vida!”.

Y, como ahora sabemos, justo eso sucedió. Un medio oficialista acusó a Luna y a su compadre Gael de haber hecho transas (palabras más, palabras menos) con el dinero de Ambulante, la organización civil que opera el festival de cine del mismo nombre. Se trató de un periodicazo con obvia dedicatoria del inquilino de palacio, aquel por el que Luna votó de manera entusiasta en 2018 y que ahora lo desconoce.

Si bien el tono crítico hacia Obrador existía (breve y dosificado) en la primera temporada de esta serie, es notorio que para esta segunda tanda (al menos por lo que se ve en el primer episodio, único liberado al momento) la crítica al gobierno es el plato principal.

Para  hablar sobre salud pública, Luna hace gala de su poder de convocatoria y reúne en la mesa a Laura Flamand, politóloga; Ricardo Baruch, activista de derechos humanos; Julio Frenk, fundador del Seguro Popular y secretario de Salud en el gobierno de Vicente Fox. La cereza en el pastel es Zoé Robledo, actual director del IMSS.

Poner a Frenk y a Robledo en la misma mesa es, por decir lo menos, rudeza innecesaria. No pasa mucho tiempo para que las críticas a la política de salud del actual gobierno afloren. Que si la base derechohabiente ha disminuido, que si el plan del presidente es un retroceso, y la más obvia: ¿de qué sirve un sistema de salud que no tiene medicinas?

Como buen soldado del Presidente, Zoé Robledo intenta defender a su jefe mientras se atraganta con la birria (de hongos, sin carne, lo cual suena aberrante hasta para quienes no somos adeptos a ese platillo). Ninguna de sus intervenciones convence y si acaso lo más relevante que alcanza a esbozar es una muy desafortunada frase: “pensar que la salud son los hospitales es como pensar que la justicia son las cárceles”.

El principal enemigo de esta serie sigue siendo la edición: el debate se anula, las ideas se mutilan, y justo cuando parece que las cosas se pondrán buenas, la serie corta y a lo que sigue. Luna no quiere mostrar conflicto alguno.

Pan y Circo sigue siendo una serie que quiere entrar a la cocina, pero le da miedo el fuego. Lo que queda claro es que ya no habrá tersura con el gobierno. Se acabó el pan, sólo queda el circo.

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