Raúl García Araujo

Si algo no ha logrado frenar la pandemia del Covid-19 en México es la inseguridad y la violencia que se vive en casi todo el país. Los delincuentes ignoran la sana distancia y siguen haciendo de las suyas.

Hace unos días, en redes sociales, vimos un asalto en una unidad de transporte público del Estado de México, en la que los ladrones, pese a la emergencia, roban a los usuarios y al escapar se justifican diciendo: «La chamba es la chamba».

En este escenario, quienes están más expuestos a un contagio son los policías, quienes al igual que los médicos y el personal de salud, tienen que laborar afuera y no están preparados para desempeñarse ante esta nueva realidad.

La Ciudad de México, que ocupa el primer lugar en el número de contagios y muertes por este virus, ya registró el primer deceso de un policía por coronavirus. Se trata del agente Efraín Santillán Morales, quien pertenecía al sector Nápoles, en la alcaldía Benito Juárez, y, que se sintió mal después de que sus jefes lo mandaron a brindar seguridad en el «Vive Latino» que se celebró el 14 y 15 de marzo en el Foro Sol de la Ciudad de México, donde asistieron más de 115 mil personas. Ahora la jefa de Gobierno de la capital, Claudia Sheinbaum, dice que el policía se contagió después de este evento.

El lunes se informó que al menos otros nueve elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana dieron positivo al virus y que dos de ellos están hospitalizados. Otras 59 personas que tuvieron contacto con esos policías y presentan síntomas, están aislados.

Lo lamentable es que fue hasta que se supo del deceso del oficial Santillán Morales, que la Secretaría de Seguridad Ciudadana comenzó el reparto masivo de cubrebocas, guantes y alcohol en gel a sus policías, así como la sanitización de espacios y equipamiento.

Hasta el fin de semana pasado, varios policías, tanto de la Secretaría de Seguridad Ciudadana como de la Policía de Investigación de la Fiscalía de Justicia de la Ciudad de México, no habían recibido nada de sus mandos para hacer frente a esta emergencia.

En Corto habló con varios agentes, quienes coincidían al decir que, en esta emergencia, los mandaron literalmente «a la guerra sin fusil». Algunos incluso reconocían que no harían detenciones por una sencilla razón: no contagiarse.

Un caso exhibió estas carencias. El 26 de marzo, agentes de la Fiscalía de Justicia detuvieron a un hombre en un estacionamiento de la colonia Morelos, alcaldía Cuauhtémoc. Lo acusaron de tener un auto con reporte de robo y posesión de droga. Cuando lo trasladaban hacia la agencia del Ministerio Público se dieron cuenta que tosía constantemente.

En la agencia dijo que desde hacía un par de días tenía síntomas de coronavirus y que uno de sus familiares había dado positivo a la prueba. A partir de ese momento no supieron qué hacer con él. El personal que pudo se salió, los que no, mantuvieron su sana distancia.

Después de aislarlo en una galera, lo presentaron ante un juez, quien le dictó prisión preventiva oficiosa, pero debido a sus síntomas lo mandó a su casa con vigilancia policial.

Los agentes que lo vigilaban, con temor a contagiarse, esperaban en su patrulla y cada dos horas le marcaban al imputado para pedirle que se asomara por la ventana para cerciorarse que ahí seguía. Pero los vecinos se enteraron y los obligaron a dejar ese inmueble.

Se fueron entonces a un estacionamiento en la alcaldía Álvaro Obregón, donde lo tenían en un cuarto. Ahí, los policías que lo vigilaban contaron su temor por ser contagiados.

De su bolsa pagaron los cubrebocas, el alcohol en gel y los guantes que usaban. Pero estaban ante una disyuntiva: si el sospechoso trataba de huir, ¿irían por él y lo someterían con riesgo de contagio? o ¿lo dejarían ir con el riesgo de pagar las consecuencias?

El imputado finalmente fue ingresado al Reclusorio Norte y los agentes regresaron a sus actividades. Pero la amenaza continúa, los agentes están preocupados porque el riesgo es alto y más si tomamos en cuenta que, según el INEGI, ocho de cada 10 policías en México tienen algún grado de obesidad, lo que en algunos casos ha desembocado en diabetes e hipertensión, los factores de mayor riesgo para que el nuevo coronavirus sea mortal.

Compartir